CUADRANTE POLITICO—————POR FERNANDO ACUÑA PIÑEIRO——–———-SHEINBAUM Y EL DERRUMBE DE LA PARTIDOCRACIA—
*.–COMO UN CIUDADANO MÁS, AVA SE BOLEA EN LA PLAZA-
La reforma electoral de la Presidenta Claudia Sheinbaum, a presentarse este miércoles cuatro de marzo, (en el 97 cumpleaños del PRI), es un golpe seco y definitivo a la partidocracia mexicana que había gobernado a base de privilegios, hasta 2018.
Ya desde ahora se anuncia que la esencia de la reforma Sheinbaum, no hace ninguna concesión en la desaparición de plurinominales y disminución del financiamiento a partidos políticos e institución electoral. Estos dos puntos estratégicos, nos dicen, se mantienen como prácticamente innegociables.
Otros aspectos considerados como pilares de esta reforma, llamada a ser histórica, son la eliminación del PREP, sustituyéndolo por un sistema de computo directo, activado en automático, al cierre de las casillas.
El otro punto de carácter medular, es la prohibición del uso de bots, y por primera vez la regulación de la Inteligencia artificial en la lucha electoral.
¿A que se debe entonces que la citada reforma se haya diferido por dos días, enviando mensajes de cierto titubeo por parte de la titular del Ejecutivo federal?
Se trata, lo explicó la Presidenta en la mañanera de este tres de marzo, de la detección de artículos adicionales que no aportaban nada en lo electoral, por lo cual se ha solicitado su eliminación, para evitar dudas o contradicciones.
¿Quiénes serán los principales perdedores con este cambio de carácter estructural, en los escenarios de la lucha por el poder político? Indudablemente que las organizaciones partidistas que durante décadas se la pasaron succionando el presupuesto, regalando y regalándose la gran vida, como dueños de partidos y camarillas, alternándose en las cúpulas del senado y de la cámara de diputados.
De sexenio en sexenio y brincando de cámara en cámara, así se vivió la cultura de la partidocracia en nuestro país. Una actividad que no tenía nada que ver con las aspiraciones de las y los ciudadanos, sino con intereses particulares, negocios y la perniciosa herencia de cargos políticos y plurinominales, de padres a hijos. Entre hermanos y demás familiares.
Nos parece que la reforma de Claudia tiene razón, pues reivindica el empoderamiento del pueblo, por encima de ambiciones y maniobras facciosas.
Ciertamente se corre el riesgo de desembocar en un partido de Estado, acotando el juego político de las minorías. Pero eso ya se vería más adelante, porque en lo inmediato el clamor social de acabar con el libertinaje discrecional de las plurinominales, era una tarea prácticamente impostergable.
En este balance, son más los puntos a favor, que en contra:
Por ejemplo, este cambio profundo promoverá la verdadera y real competencia político-electoral, por dos factores primordiales.
El primero es que se impulsará una competencia más real por los cargos de elección popular, y esto traerá consigo el surgimiento de verdaderos liderazgos en el campo opositor. Liderazgos territoriales, forjados en el fragor ciudadano, mismos que desplazarán a los actuales pluris de rococó, que no se ensucian ni las uñas.
Los favoritismos, nepotismos y demás vicios de está índole, serán suprimidos por completo.
Y punto número dos: los nuevos escenarios derivados de la reforma, seguramente acabarán con el número de partidos de familia. Y muchas de estas siglas, podrían desaparecer del mapa político-electoral, ante la ausencia de representatividad ciudadana.
——-COMO UN CIUDADANO MÁS, EL GOBERNADOR SE BOLEA EN LA PLAZA-
Este martes, se difundió un video en el cual el doctor Américo Villarreal Anaya se está boleando en la plaza del 15 y 16 Juárez. Como cualquier otro ciudadano, AVA recurrió a los servicios de un lustrador de zapatos. Esto, desde luego generó buenos comentarios en las redes sociales, todo ello después de que en el pasado sexenio azul, la aristocracia política texana, no se dignaba siquiera a tener el más mínimo gesto de cercanía con el pueblo.
Lo anterior, no solo implica el contraste entre dos estilos personales de gobernar, sino todo un cambio en el ejercicio del máximo cargo sexenal, despojando al poder de una imagen oropelesca y monárquica para fundirlo con el pueblo trabajador en la plaza pública.
