97 años del PRI
-Nació arrollador y en medio de una revuelta militar
-Setenta años retuvo la presidencia
-Dejó de ser la dictadura perfecta; ahora es Morena
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Raúl Hernández Moreno
El Partido Nacional Revolucionario -antecedente del actual PRI- se estrenó en las elecciones de 1929, hace 97 años, con un triunfo arrollador: un millón 947 mil 849 votos, contra apenas 110 mil 979, del filósofo José Vasconcelos, postulado por el Partido Nacional Antirreeleccionista, que ya anticipaba la derrota, pero le apostó a una revuelta armada que nunca se concretó.
En febrero de 1929, el general cristero Enrique Gorostieta, envió a dos personeros a entrevistarse con Vasconcelos, en Guadalajara, para invitarlo a unir fuerzas, pero el candidato les pidió esperar a las elecciones, convencido de que le harían fraude y entonces sí podrían unirse.
Ese momento nunca llegó, porque el 21 de junio formalmente se puso fin a la guerra cristera, en la que más de 50 mil hombres andaban en armas, contra 80 mil soldados.
Días después de la elección, el 17 de noviembre, desde San Antonio, Texas, Vasconcelos dio a conocer su Plan de Guaymas, donde previamente había estado, en el que incitó a sus seguidores a levantarse en armas. En su plan mencionó que él se retiraba al extranjero y regresaría tan pronto triunfará el levantamiento en armas. Su llamamiento no tuvo eco, la gente volteó a otro lado, hizo como que la Virgen le hablaba. Y de ese desprecio, Vasconcelos jamás se repuso.
La elección presidencial transcurrió mientras el país era gobernado por el tamaulipeco Emilio Portes Gil, elegido por el Congreso, en calidad de presidente interino, para suplir a Alvaro Obregón, asesinado por el fanático religioso José de León Toral, el 17 de julio de 1928.
Pero no fue Portes Gil el ideólogo detrás de la creación del PNR, sino Plutarco Elías Calles, que gobernó el país de manera formal de 1924 a 1928 y de manera informal de 1928 a 1936, período conocido como el Maximato.
A fines de 1928, Calles reunió a los principales generales y políticos del país para proponerles la creación de un partido que sustituyera a los caudillos y para terminar con las rebeliones y revueltas militares.
Sus dichos sonaban muy bien, pero chocaban con la realidad: él siguió actuando como caudillo, impuso presidentes, jefes de operaciones militares en los estados -que tenían igual o más poder que los gobernadores- y siguió manejando los recursos públicos para favorecer a familiares y amigos. A su hijo Rodolfo lo hizo gobernador de Sonora de 1931 a 1934 y Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, de 1934 a 1935.
El PNR fue el resultado de la fusión de más de 8 mil partidos diseminados por todo el territorio nacional. Muchos de ellos eran mero membrete, pues tenían un solo militante, que al mismo tiempo era el presidente. Otros tenían, 10, 50, 100 miembros activos.
Cosa curiosa, aunque el PNR tuvo su debut con Emilio Portes Gil, cuatro años después de la fundación del partido, el expresidente quiso ser gobernador de Tamaulipas por tercera ocasión -primero fue provisional, en 1920, luego lo fue de manera formal de 1925 a 1928, pero renunció para irse como presidente interino de la república- compitió en una elección interna para elegir al candidato y perdió ante el doctor Rafael Villarreal, electo para el período 1933-1935.
La derrota de Portes Gil fue sorprendente: Había sido diputado federal, gobernador, secretario de gobernación y presidente de la república, en tanto que Villarreal solo había sido diputado local.
Para colmo, Portes Gil era embajador en Francia, renunció para venirse a Tamaulipas como candidato y eso causó el disgusto de Calles, que no lo apoyo.
El desquite de Portes Gil, o al menos el disfrute, vino en 1935, cuando Villarreal fue obligado a renunciar por el presidente Lázaro Cárdenas, porque los dos años que estuvo al frente de Tamaulipas, fueron un desastre: lo desconocieron los ayuntamientos de Victoria y Tampico; Nuevo Laredo tenía dos alcaldes; en Gómez Farías hubo una matanza de campesinos.
El 1 de marzo de 1929 se reunieron en Querétaro alrededor de 900 representantes de lo que sería el Partido Nacional Revolucionario, en la que se nombraría al candidato a la presidencia de la república, para suplir al asesinado Álvaro Obregón.
Antes de arrancar la asamblea, el aspirante más fuerte era el obregonista y neolonés Aaron Sáenz, pero no todos estaban de acuerdo, entre ellos el expresidente Plutarco Calles y el propio presidente interino, el tamaulipeco Emilio Portes Gil que veía en Sáenz un riesgo que podría revivir el conflicto cristero, por ser protestante.
Tampoco estaban de acuerdo con él los generales Joaquín Amaro, Juan Andreu Almazán, Lázaro Cárdenas y Saturnino Cedillo. Con todo en contra, Sáenz decidió abandonar la convención el día 2 y salió rumbo a Querétaro y sus partidarios también se retiraron. Ya sin oposición, Calles impuso a Pascual Ortiz Rubio, un hombre sin carácter, al que los ciudadanos lo llamaban el “nopalito”, por baboso. Durante su gestión se empezó a manejar la frase de que “El que vive en esta casa es el señor presidente, pero el señor que aquí manda, vive en la casa de enfrente”, porque delante del Castillo de Chapultepec, residencia presidencial, estaba la colonia Anzures, en donde Calles tenía su domicilio.
De la euforia por tener candidato, los asambleístas pasaron a la sorpresa, cuando el 3, el general Manuel Pérez Treviño anunció que acababa de recibir noticias sobre un levantamiento militar:
“Dos grupos de infidentes, uno en Veracruz, otro en Sonora, sin ninguna bandera, porque no hay bandera que tremolar frente al gobierno de la República, tratan de arrastrar tras de sí a las gentes sencillas, sin conciencia de la situación que prevalece; pero el pueblo campesino, los trabajadores, todos como un solo hombre, están en estos momentos procediendo patrióticamente”.
La revuelta militar fue encabezada por el general José Gonzalo Escobar, jefe de Operaciones Militares en Coahuila, que logró reunir a 35 mil de los 80 mil militares activos en el país.
La rebelión buscaba evitar que Calles impusiera a Ortiz Rubio como candidato presidencial -lo que se hizo el 4- y que Escobar sustituyera a Portes Gil. El mismo 3, Portes Gil nombró secretario de Guerra y Marina a Plutarco Elías Calles, en sustitución de Joaquín Amaro que acababa de tener un accidente jugando polo, ya que una pelota le pegó en la cara y perdió un ojo.
La rebelión fue un fracaso. El costo para el gobierno fue de unos 25 millones de pesos, entre armamento utilizado, daños en trenes y vías de ferrocarril, robo a bancos y dejó más de dos mil muertos.
Aunque el PNR nació en medio del caos, con el tiempo se fue consolidando. En 1938 cambió su nombre a Partido de la Revolución Mexicana y en 1946 adoptó el de Partido Revolucionario Institucional que se mantuvo invicto en las elecciones presidenciales desde 1929 a 2000, cuando perdió ante el PAN y de paso dejó de ser partido de estado.
En los setenta años que permaneció al frente de la presidencia de la república, el PRI se fue adecuando a los cambios.
En 1938, se eliminó del partido al sector militar; en 1962 creó las diputaciones de representación proporcional; en 1977 autorizó las prerrogativas a los partidos y legalizó al Partido Comunista; en 1989, permitió que la oposición ganara su primera gubernatura, Baja California; en 1990, creó el Instituto Federal Electoral; en 1997, autorizó las senadurías de minoría.
Todos estos cambios fueron autorizados cuando el PRI controlaba los tres poderes, era “la dictadura perfecta”, como lo llamó el escritor peruano Mario Vargas Llosa.
El desgaste del PRI vino al no permitir la democratización interna, lo que se tradujo en derrotas. Es el mismo mal que adolecen todos los partidos y es lo que los lleva a perder estados y ayuntamientos.
Hoy el PRI sólo gobierna dos estados: Durango y Coahuila, tiene 13 senadores y 37 diputados. Se acabó la dictadura perfecta; ahora la ejerce Morena.
