LA GUERRA SANTA CONTRA LA TORTILLA.El delegado que declaró la guerra a las bicicletas… y terminó desmentido por su propia PROFECO.
Por: Luis Enrique Arreola Vidal.
En México pasan cosas extraordinarias.
Mientras el crimen organizado controla territorios completos, los ductos de combustible siguen sangrando huachicol, la inflación devora salarios y los apagones castigan ciudades enteras… el aparato burocrático del Estado ha detectado al enemigo más peligroso de la República.
No es un narcotraficante.
No es un político corrupto.
No es un lavador de dinero.
Es el señor que vende tortillas en bicicleta.
Sí.
El hombre que pedalea tres cuadras con una hielera llena de tortillas calientes.
Ese.
Ese es el nuevo objetivo de la cruzada institucional.
EL SHERIFF DEL NIXTAMAL.
El anuncio vino desde Tampico.
Lo hizo Manuel Alberto Leal Villarreal, delegado regional de la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) en la zona Golfo Norte.
Con tono de autoridad, advirtió que la dependencia vigilaba la venta de tortillas transportadas en hieleras, motocicletas o bicicletas.
Y que las sanciones podrían alcanzar hasta cuatro millones de pesos.
Cuatro millones.
Por vender tortillas.
En una bicicleta.
Durante unas horas México entero imaginó la escena:
Patrullas persiguiendo a un señor de 60 años que pedalea con su canasta mientras un inspector grita:
—“¡Alto ahí! ¡PROFECO!
¡Está usted violando la NOM-187!”
El nuevo enemigo público número uno ya tenía perfil criminal:
•usa bicicleta
•carga tortillas calientes
•reparte en colonias
Un verdadero peligro para la estabilidad nacional.
EL DETALLE QUE EXPLICA EL SHOW.
Pero la historia se vuelve aún más interesante cuando aparece el contexto político.
Porque Manuel Alberto Leal Villarreal no es un funcionario cualquiera.
Es hijo de la alcaldesa de Tampico, Mónica Villarreal Anaya.
Sí.
La presidenta municipal morenista.
En otras palabras:
un apellido con poder político en la región.
En Tamaulipas el poder a veces no se transmite por concursos públicos.
Se transmite por línea familiar.
Mamá en la alcaldía.
El hijo en una delegación federal.
Y el Estado funcionando como una empresa familiar con presupuesto público.
EL PROBLEMA: NI SIQUIERA PODÍA HACERLO.
La historia habría quedado como una ocurrencia burocrática más…
Si no fuera porque la propia PROFECO nacional tuvo que salir a corregirlo públicamente.
La aclaración fue devastadora.
PROFECO no tiene facultades para sancionar por higiene o transporte de alimentos.
Eso corresponde a autoridades sanitarias como Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) o a servicios estatales de salud.
Es decir:
no pueden multar a alguien por vender tortillas en bicicleta.
Lo único que pueden revisar es:
•que el precio esté visible
•que el kilo esté completo
•que no exista engaño al consumidor
Nada más.
La gran guerra contra el Cártel de la Bicicleta terminó derrotada… por la propia ley.
EL RIDÍCULO PERFECTO.
El episodio tiene todos los ingredientes del manual clásico de la política mexicana:
1.Un funcionario con apellido poderoso.
2.Una declaración espectacular para los medios.
3.Amenazas de multas millonarias.
4.Una corrección posterior que lo deja en ridículo nacional.
Resultado inmediato:
Memes.
Videos.
Chistes.
Y un nuevo personaje involuntario en el folclor político digital.
El delegado que declaró la guerra a las tortillas… y perdió contra su propia dependencia.
CUANDO EL PODER PERSIGUE AL MÁS DÉBIL.
El problema real no es la anécdota.
El problema es lo que revela.
Porque mientras México enfrenta:
•violencia estructural
•corrupción sistémica
•redes criminales multimillonarias
•inflación alimentaria
la burocracia decide enfocar su energía en las tortillas en bicicleta.
Es el reflejo perfecto de un Estado que ha perdido el sentido de proporción:
cuando no puede enfrentar a los poderosos, persigue a los indefensos.
EL TORTILLERO.
Conviene recordar algo que muchos funcionarios parecen olvidar.
El vendedor de tortillas en bicicleta no es un criminal.
Es parte de la economía popular mexicana.
Es el hombre que recorre colonias donde muchas personas no pueden caminar hasta la tortillería.
Es quien lleva tortillas calientes a adultos mayores.
Es quien gana el día pedaleando bajo el sol.
No es un delincuente.
Es un trabajador.
Así que la próxima vez que escuche una bicicleta pasar por su calle cargando tortillas calientes…
no se asuste.
No es un fugitivo.
No es un capo.
No es un criminal.
Es simplemente un mexicano trabajando.
Aunque, visto lo visto, en este país a veces trabajar sin padrino político parece más peligroso que delinquir.
Porque en México, cuando el poder no puede contra el crimen…
termina declarando la guerra a las bicicletas.
