ExpedienteAzahel Jaramillo H.
Niños Fovissste, infiltrado en Palacio
¿Cómo están? Les comparto que me inicié en esto del periodismo, cuando a la mitad de mi carrera de Ciencias de la Comunicación en el diario Tribuna de Monterrey, en el mes de enero de 1981. Ya llovió y relampagueo. Yo creo que una buena parte del periodismo de lo que se trata es de investigar, pues nunca –sin llegar tampoco al delirio– me ha gustado pregonar, andar diciendo que soy reportero. Así que no me gusta, evidenciar que soy reportero, ni colocar en mi carro placas de “periodista”, de medio de comunicación.
Y, además, desde la discreción me he enterado de situaciones noticiosas, lo mismo en el elevador de Palacio de Gobierno del 15 Juárez, como saboreando unas ricas gorditas de carne deshebrada en los locales de venta de comida aledaños a la antigua Estación del Ferrocarril, donde luego había extensas mesas donde lo mismo se sentaban “maistros” albañiles, que choferes de encumbrados funcionarios públicos. Y es que las personas del poder, o cercanas al poder, al sentirse en confianza entre ellos empiezan a platicar y platican de sus jefes o jefas de la administración pública.
Y estás personas, en el elevador o en la mesa compartida de los locales anexos a la Estación del Tren, pues obvio se callan sus comentarios al ver que la gente cercana es un periodista.
Recuerdo que a fines de los años 80tas, rentando yo una casa frente a la Plaza Primero de Mayo, y estando de visita mi señora madre Rosario, un buen día la dueña de miscelánea de la esquina, me dice: “Ah, con que usted trabaja de reportero, ¡ya me dijo su mamá!”
Tras esto le dije a ella: “Ya no ande diciendo que soy reportero, porque el día que me anden buscando para reclamarme algo, pues…¡me van a encontrar bien fácil”
Les platicó esto porque en febrero de 1986 –uff, hace ya 40 años– estando yo reporteando información política en Palacio de Gobierno, pude confundirme, colarme, integrarme en un grupo de indignados manifestantes que fueron recibidos en audiencia privada por el entonces Gobernador Dr. Emilio Martínez Manautou.
Resulta que en la última semana de enero del 86, dos niños que se dedicaban a la venta de periódicos habían aparecido asesinados y violados, ultrajados en las aguas de un sucio canal ubicado a un lado del fraccionamiento Fovissste.
Sus nombres: Jaime Orozco Posada y José Luis Acosta Guzmán.
Eran los últimos meses del sexenio del Dr. Emilio Martínez Manautou. Yo había sido contratado por El Diario como editor y reportero de cultura. En esos días ocurrió que uno de los reporteros de información política se ausentó del trabajo y entonces me ordenaron ir a “cubrir” la información del Palacio estatal.
Con pocos meses de haber llegado yo de Nuevo Laredo, nadie en Palacio me conocía, ni los guardias de la Oficina del Gobernador, ni los choferes, ni gente de Comunicación Social, ni colegas reporteros.
En razón de que ya había pasado una semana del hallazgo de los niños asesinados y violados, y la entonces Policía Judicial no esclarecía el doble crimen, fue que la mañana del lunes 3 de febrero un contingente de unas 80 personas, encabezadas por los padres de los niños Luis y Jaime se manifestaron frente a Palacio exigiendo que encontrasen a los asesinos.
Los manifestantes llegaron a la Plaza Juárez, cargaban un par de féretros, ataúdes, con los nombres de Luis y Jaime, reclamando justicia a las autoridades estatales.
Este reportero estaba ubicado en la Plaza. Alcancé a ver como el Dr. Emilio se asomó junto a las cortinas de uno de los ventanales de su oficina.
En un momento dado un funcionario –Licenciado Lázaro Perales, Subdirector de Gobierno– bajó a la plaza, dirigiéndose a quien se veía que lideraba la manifestación que en ese momento el Gobernador Emilio iba a recibir a un comisión de 15 personas en su despacho.
Escuché eso. Y cuando vi que el funcionario Perales se retiraba un poco abordé al líder, me identifiqué como reportero, pidiéndole me incluyera en esa comisión de 15 personas, y diciéndole claramente que no les mencionara que era reportero yo.
Quedando consignado en la edición del martes 4, mi narración: “Momentos antes los ayudantes del Gobernador habían desalojado de la entrada al despacho del doctor Martínez Manautou a los reporteros de los periódicos locales, logrando este representante de El Diario confundirse entre los integrantes de la comisión que subió al tercer piso a demandar justicia y emplazar al gobierno estatal para que en 72 horas capture “vivos o muertos a los asesinos de Luis y Jaime”.
“Los ayudantes del Gobernador pidieron a los 15 integrantes de la Comisión que permaneciéramos de píe frente al escritorio de Martínez Manautou. Segundos después entró este y tras pedir disculpas “porque ustedes tengan que permanecer de pie”, dijo: “Señores hace rato estaba escuchando lo que ustedes desde la plaza estaban pidiendo, pero los escuchó, díganme lo que quieran”.
“No, señor Gobernador le respondió Orozco, hermano de uno de los niños victimados, lo que queremos es justicia, que se aclaren estos crimines que nos han llenado de indignación; queremos que los policías cuiden a nuestras familias”.
“Quiero que sepan—dijo Martínez Manautou– que al igual que ustedes yo también estoy indignado por los asesinatos cometidos contra los niños victorenses y por eso he ordenado que estos hechos queden totalmente esclarecidos”.
En un momento dado dijo el Gobernador: “Señores, crimenes como el que aquí ocurrió, suceden en toda la República, en todo el mundo. No nada más aquí. Tenemos la mejor policía que se puede. Yo quiero que esto se aclare. Pueden venir cuando quieran”.
En ese momento una lagrima corría por el rostro de la señora Martha Posada.
“Terminó la entrevista, y Martínez Manautou se despidió de mano de uno de los integrantes de la Comisión. El Gobernador salió por una puerta y la Comisión por otra”.
Ya afuera los manifestantes dijeron: “Dejaremos los dos ataúdes de Luis y Jaime en la puerta del Palacio de Gobierno. Esperemos que no los quiten de aquí”.
Y así fue la historia de cómo este reportero se infiltró en Comisión de manifestantes. NOS VEMOS.
