La comodidad de no hacer nada.

Eduardo Pacheco
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CONFIDENCIAL
ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.
La comodidad de no hacer nada.
Hay declaraciones que sorprenden.Y hay otras que, además de sorprender, provocan indignación.
La del coordinador estatal de Protección Civil, Luis Gerardo González de la Fuente, pertenece a esta segunda categoría.
A pocos días del inicio del periodo vacacional de Semana Santa, el funcionario recomendó a los turistas que visiten Tamaulipas que planeen bien su viaje… porque podrían encontrar largas filas en los retenes militares.
En otras palabras: que tengan paciencia.
La frase no sería tan grave si no revelara algo más profundo: una preocupante resignación institucional.
Porque cuando la autoridad se limita a pedir paciencia, lo que en realidad está admitiendo es que no tiene soluciones.
Y peor aún: que tampoco parece interesada en buscarlas.
Los retenes militares tienen, en teoría, una función legítima.
Su propósito es combatir el tráfico de armas, drogas y personas.
Sin embargo, en la práctica, su eficacia real siempre ha estado rodeada de dudas.
Durante años los ciudadanos han visto cómo esos puntos de revisión generan filas interminables, revisiones superficiales y retrasos que pueden durar horas.
Mientras tanto, el crimen organizado continúa operando con una capacidad logística que difícilmente podría ser detenida por revisiones improvisadas en carretera.
La percepción social es clara.
Para miles de automovilistas, los retenes terminan siendo más una molestia que una solución de seguridad.
No porque la gente se oponga a la vigilancia, sino porque pocas veces se explica cuál es su verdadero impacto.
¿Cuántas armas se decomisan realmente en esos retenes?
¿Cuántos delincuentes han sido detenidos gracias a esas revisiones?
Son preguntas legítimas que rara vez reciben respuesta.
Lo que sí es evidente es el efecto que producen en la vida cotidiana.
Kilómetros de automóviles detenidos bajo el sol.
Horas perdidas en filas interminables.
Y ahora, además, la recomendación oficial de asumirlo con paciencia.
Como si se tratara de un fenómeno natural.
Lo verdaderamente preocupante es que la autoridad civil parezca asumir que no puede hacer nada al respecto.
El propio funcionario admite que “escapa de sus posibilidades” pedir a la Secretaría de la Defensa Nacional que agilice las revisiones.
Si eso es así, entonces surge una pregunta inevitable.
¿Para qué existen las mesas de seguridad?
Esos espacios fueron creados precisamente para coordinar a las distintas instancias de gobierno.
Ahí deberían plantearse problemas como este.
Ahí debería discutirse cómo evitar que los operativos de seguridad se conviertan en enormes cuellos de botella carreteros.
Porque gobernar no consiste en advertir problemas.
Consiste en resolverlos.
O al menos en intentar hacerlo.
Pero cuando la autoridad opta por la comodidad del consejo en lugar del esfuerzo de la gestión, el mensaje que envía es devastador.
Significa que los ciudadanos tendrán que seguir soportando el problema.
Mientras el gobierno se limita, con toda tranquilidad, a pedir paciencia.
EL RESTO.
GATTÁS SE CONSOLIDA Y CALLA A SUS CRÍTICOS.
En política, los números no mienten. Y cuando provienen de la percepción ciudadana, tienen un peso que ninguna narrativa puede ignorar. La más reciente medición de México Elige coloca al alcalde de Victoria, Eduardo Gattás Báez, entre los mejor evaluados del país, en una posición que, sin estridencias, confirma un avance sostenido.
No es un dato menor. Con una aprobación de 55.5 por ciento y el lugar 18 entre 31 alcaldes de capitales, Gattás se instala en una zona de competitividad nacional que durante años fue ajena para Victoria.
El resultado adquiere mayor dimensión cuando se entiende su origen. Se trata de una encuesta aplicada a ciudadanos mayores de edad, es decir, a quienes viven diariamente la realidad de los servicios públicos, la obra y la atención gubernamental. No es una medición teórica; es una lectura directa del pulso social.
Ahí radica buena parte de la explicación. La administración municipal ha apostado por un modelo de cercanía, de presencia constante en territorio, de contacto directo con la gente. Caminar colonias, atender reportes y mantener una agenda activa fuera del escritorio ha dejado de ser discurso para convertirse en práctica cotidiana.
Y en el ámbito municipal, eso cuenta. Porque el ciudadano no evalúa promesas, evalúa resultados tangibles. Evalúa la funcionalidad de los servicios, la atención a sus demandas y la capacidad de respuesta de su gobierno. En ese terreno, Gattás ha logrado posicionarse como un alcalde activo, visible y en movimiento.
El ranking de México Elige no es un punto de llegada, pero sí un indicador claro. Hoy, Victoria aparece en el mapa nacional con un gobierno municipal que compite y que comienza a destacar en medio de un entorno exigente.
Mantenerse en la aprobación ciudadana ya es relevante. Pero avanzar y consolidarse lo es aún más. Y en ese proceso, Eduardo Gattás Báez no solo suma números: construye presencia, resultados y una legitimidad que empieza a reflejarse en la opinión pública.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.
roger_rogelio@hotmail.com
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