Historias de reporteros 6
Los agachados de Rius
-Eduardo del Río fue autodidacta
-Publicó más de 120 libros y cientos de revistas
-Díaz Ordaz lo mandó secuestrar
Tiempo de opinar
Raúl Hernández Moreno
Eduardo del Río, nacido en Zamora, Michoacán en 1934, mejor conocido como Rius, apenas terminó la secundaria en el Instituto Centro América, colegio de los Salesianos, en Huipulco, Tlalpan. Luego fue seminarista, pero fue expulsado a los 16 años, y terminó proclamándose ateo. Además, escribió varios libros en los que denuncia la opresión de la iglesia, el opio del pueblo. Criticó a todas las iglesias, a todas las sectas, a las que denominó: “El mercado de las sectas”.
A pesar de no tener estudios universitarios, se convirtió en autodidacta y llegó a publicar más de 120 libros, con toda clase de temas, desde biografías de Jesús, Mao, Lenin, Trotski, El Che, Hitler, sobre los dictadores latinoamericanos, sobre las sectas religiosas, la Biblia, del PRI y el PAN, de toros, el jazz, filosofía y muchos más.
Hasta 1968 se declaró militante del Partido Comunista, después decidió llamarse apartidista y explicó que un periodista, un monero, no debe militar en los partidos, para ser más objetivo y crítico.
Uno de los libros que le dio fama en los países comunistas fue el Manifiesto Comunista ilustrado, del que se publicaron muchas ediciones en diversos idiomas. Ser comunista lo llevó a visitar a los países comunistas, a invitación de los gobiernos de Rusia, China, Cuba, con gastos pagados, pero también con un programa de actividades previamente planificado para que viera lo que los comunistas querían.
Fruto de uno de esos viajes, en 1966 publicó su libro Cuba para principiantes, en el que glorificó a la dictadura cubana y a los dictadores Fidel Castro y Che Guevara. Fue un éxito de librería, con decenas de miles de ejemplares, y ediciones continuas.
Con el paso del tiempo y la madurez intelectual y emocional llegó el desencanto y en 1994 publicó el libro Lástimas de Cuba, en el que renegó de su comunismo y denunció la falta de libertades y la opresión a la que era sometido el pueblo cubano, mientras los militares se daban la gran vida.
A Rius se le dio la facilidad de explicar con sus monos y textos, los temas más complejos. Mientras que, para conocer bien a Adolfo Hitler, es necesario leer decenas de libros, en gruesos tomos de más de 1 200 páginas, él, en un librito de 72 páginas, que se lee en menos de 25 minutos, pinta un cuadro básico de Hitler y el Tercer Reich. Ese es su secreto: explicar en pocas palabras los temas más complejos.
De Rius, el gran Carlos Monsiváis escribió que ha sido el mejor secretario de Educación que ha tenido México porque con sus revistas Los Supermachos y Los Agachados, editados en las décadas de los años sesenta y setenta del siglo 20, puso a leer a los mexicanos y la mayoría de sus libros alcanzaron tirajes de varias decenas de miles de ejemplares y varias ediciones.
Rius se inició en el periodismo en 1954, con dibujos humorísticos que se publicaban en la revista de humor Ja Já. Después lo hizo en diversas revistas y periódicos, de donde invariablemente fue despedido, por sus monos criticando a las autoridades en turno.
En 1965, apareció la revista Los Supermachos, de publicación semanal. Durante los primeros 101 números, Rius se encargó de redactar el texto y dibujar las 24 páginas de la revista, además de que previamente investigaba el tema a tratar, en cuatro o cinco libros especializados, lo que era un trabajo titánico, absorbente, agotador.
Cuando dejó Los Supermachos, por cansancio, se encontró con que el editor siguió publicando la revista, con el mismo estilo de dibujos y se apropió del nombre, lo que molestó al monero. A los pocos meses, en septiembre, salió la nueva revista Los Agachados, donde Rius siguió con los mismos temas, pero agregando a sus dibujos, fotos, caricaturas de otros moneros, grabados, etc., para hacerla diferente a la anterior y fue un éxito. Llegó a 191 números hechos directamente por él y la revista continuó saliendo, después de que él la dejó.
En 1959 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de caricatura, lo que no fue obstáculo para que Manuel Buendía, director del periódico La Prensa, lo despidiera por publicar sus caricaturas en La Prensa y en la revista Política y le dio un ultimátum: debía elegir una de las dos. Rius siguió publicando en los dos medios, porque ambas empresas le pagaban poco. No podía darse el lujo de dedicarse en exclusiva a una sola. Tenía que comer y siguió publicando en las dos empresas, por lo que el editor de La Prensa lo cesó y lo hizo sin cubrir las formas, de manera tosca, arbitraria, como un matón de segunda.
Buendía lo mandó llamar a su oficina, le anunció que estaba despedido y que pasará a la caja a recoger su liquidación. Rius pidió una explicación, Buendía abrió un cajón de su escritorio, extrajo una pistola y la colocó encima y al monero se le hizo un nudo a la garganta, entendió el mensaje y se fue a cobrar su indemnización.
Peor le fue en 1969, cuando fue secuestrado por agentes de la Dirección Federal de Seguridad, mientras esperaba su pesero, en las calles de la Ciudad de México. Lo llevaron a las faldas del nevado de Toluca, le dijeron que lo iban a matar, para que ya no criticara al presidente Gustavo Díaz Ordaz, simularon que lo fusilaban, lo retuvieron varias horas y de pronto, ordenaron que subiera al vehículo, lo regresaron a la Ciudad de México y lo dejaron libre, no sin antes pedirle un autógrafo y entre atemorizado y agradecido de estar con vida, tuvo que acceder a la petición de los que horas antes amenazaron con matarlo.
Rius fue liberado porque el expresidente Lázaro Cárdenas abogó por él ante el presidente Díaz Ordaz, porque semanas antes lo habían querido asaltar, su editor estaba enterado y a ver que no aparecía, imagino lo peor, le habló a Cárdenas y le pidió su intervención. El monero nunca pudo agradecerle el gesto al exmandatario, porque murió al poco tiempo.
Las revistas Los Supermachos, los primeros 101 números, y los 191 de Los Agachados, escritos por Rius, fueron republicados en tomos con cuatro o seis números, en formato pequeño y grande y se vendieron bastante bien.
En 1974, el cineasta Alfonso Arau realizó la película “Calzonzin inspector”, basada en los personajes de Los Agachados, cuyas aventuras tienen lugar en el imaginado pueblo de San Garabato.
Pero el mayor éxito de Rius lo alcanzó con sus libros, desde Cuba para principiantes, el citado Manifiesto Comunista, sus libros desmitificando a la Virgen de Guadalupe, varios dedicados al Jesús humano e histórico, sobre los Papas, ateísmo, sobre vegetarianismo, etc.
A lo largo de su fructífera carrera, varias universidades de prestigio le ofrecieron doctorados Honoris Causa, pero él no aceptó y dijo que aceptarlo sería como ser canonizado.
Como se declaraba comunista, fue invitado a Cuba, con pasaje y hospedaje incluido, y relató haber saludado a Fidel Castro en 17 ocasiones, aunque nunca le pidió una entrevista.
En cambio, la primera vez que vio al Che Guevara, éste llegó al salón donde daría una conferencia de prensa, preguntando quien era Rius, él se levantó cohibido, se identificó y el guerrillero le dijo que tenía muchas ganas de conocerlo, porque conocía su trabajo.
De defender a Cuba, varios lustros más adelante confesó que se arrepentía de haber escrito el libro sobre la isla, pues el gobierno llevó a los periodistas a conocer el lado bonito del comunismo, pero no el real.
Blanco, alto, flaco, de ojos de color, Rius confesaba sentirse discriminado por su aspecto físico y comentaba que cuando iba a un tianguis, acompañado de su mujer, con rasgos indígenas, a él le querían vender todo muy caro y a su pareja, todo barato.
Y si se trataba de ir a un restaurante fifí, a él lo atendían bien y a su mujer la discriminaban.
