La democracia ausente

Eduardo Pacheco
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La democracia ausente

 

-Los partidos anuncian que se democratizan

-Lo han dicho siempre, pero pocos les creen

 

 

 

Tiempo de opinar

Raúl Hernández Moreno

 

Sócrates, junto con Platón y Aristóteles, son los tres filósofos más brillantes de la antigua Grecia. El primero fue maestro de Platón y esté lo fue de Aristóteles.

Sócrates no escribió ningún libro, pero su pensamiento lo conocemos a través de lo que escribieron Platón, Jenofonte, Aristófanes, entre otros. Gracias a ellos, sabemos que Sócrates no estaba de acuerdo con la democracia, porque ésta le daba el mismo valor a las opiniones de un hombre preparado y culto, que a las de un ciudadano analfabeto, dedicado a cultivar la tierra.  Sócrates creía que en el gobierno debían estar los más preparados. Ellos debían tomar las decisiones.

Quizá con Sócrates en su pensamiento, lo hayan conocido a través de otros autores, o no, en México los partidos no practican una democracia amplia y por eso vemos que los candidatos los decide la cúpula. De repente llega el más popular al máximo cargo electoral, como pasó en el 2012 con Enrique Peña Nieto o con Andrés Manuel López Obrador en el 2018. Sí, los más populares, al grado de que al primero las mujeres, jóvenes y mayores, bonitas y feas, en los mítines le gritaban: ¡Enrique, hazme un hijo!

A AMLO, la fanaticada izquierdista -esa que odia el capitalismo, pero lo vive y lo disfruta- lo convirtieron en un Mesías, en un tlatoani, en una deidad de ese mundo antiguo, poblado por miles de dioses, donde había tantos, que se atropellaban unos a otros.

Los más populares, pero no los más indicados.

En la década de los sesenta del siglo 20, Roberto Madrazo dirigió al PRI entre 1964 y 1965 y enarboló la bandera de un partido democrático en el que la militancia escogiera a los candidatos, mediante competencias internas, pero no consiguió el respaldo presidencial y tuvo que dejar el cargo. En 1969 murió en un accidente aéreo, lo que dio a lugar a teorías conspirativas de que la caída del avión fue provocada por el gobierno, molesto porque intentó utilizar el movimiento estudiantil de 1968 para sacar raja política.

Lo cierto es que, en sus primeros años de fundado, el PRI -entonces Partido Nacional Revolucionario- utilizó las competencias internas para escoger a los candidatos a cargos de elección. Pero eran competencias trucadas, en las que el partido otorgaba el apoyo y recursos al candidato favorito, para ayudarlo a ganar.

No eran competencias de verdad.

En 1933, Emilio Portes Gil, que había sido dos veces gobernador de Tamaulipas, secretario de Gobernación y presidente interino de México, se lanzó como aspirante a candidato a gobernador por el PNR, con el rechazo de Plutarco Elías Calles, molesto porque renunció como embajador en Francia. Desde el gobierno central se apoyó al doctor Rafael Villareal, que sólo había sido diputado local y le ganó a Portes Gil.

Hoy, casi todos los partidos, anuncian sistemas con los que dicen van a democratizar la selección de sus candidatos.

Morena reitera que sus candidatos los decidirá mediante encuestas, que jamás se muestran, para que los perdedores puedan practicar una revisión y quedar satisfechos.

El PAN dice que permitirá la participación de candidatos ciudadanos: el PRI señala que será la militancia la que decida a quién quiere de candidatos.

El PT seguramente está dispuesto a otorgar todas las candidaturas de mayoría al que se decida a participar, pero se va a reservar las plurinominales. Y es lo mismo que aplicarán todos los partidos: las pluris son para los dinosaurios o para el que esté dispuesto a pagar una suma generosa de varios millones de pesos, sin importar que provengan de actividades ilícitas.

La democracia interna en los partidos políticos seguirá siendo una vieja aspiración para el militante que tiene varias décadas o lustros participando en un partido, convencido de que algún día llegará la candidatura para algún compañero de esos que se dicen fundadores, de hueso colorado.

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