MORENA Y SUS ALIANZAS CON LOS PEDÓFILOS

Eduardo Pacheco
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MORENA Y SUS ALIANZAS CON LOS PEDÓFILOS

Por: Luis Enrique Arreola Vidal

Estimado lector:

Hay momentos en la política donde ya no hacen falta investigaciones, filtraciones o grabaciones ocultas.

Basta una frase.
Una declaración pública.
Una confesión voluntaria.

El 6 de abril de 2026, en entrevista nacional con Azucena Uresti, el legislador Israel Zamora Guzmán, integrante de Morena y exsenador de la República, felicitó públicamente a “mi iglesia, La Luz del Mundo” por su centenario.

No hubo matices.
No hubo distancia.
No hubo condena.

Hubo orgullo.

Y eso, por sí solo, es profundamente perturbador.

Porque no estamos hablando de una organización religiosa cualquiera.

Estamos hablando de una organización cuyo líder, Naasón Joaquín García, se declaró culpable en 2022 ante una corte de California por abusos sexuales graves contra menores, incluyendo cópula oral forzada y actos lascivos contra niñas y adolescentes.

No es una acusación.
No es una sospecha.
No es una narrativa política.

Es una declaración de culpabilidad judicial.

Casos documentados.
Casos investigados.
Casos juzgados.

¡¡¡Niñas!!!
¡¡¡Adolescentes!!!
¡¡¡Víctimas reales!!!

Y sin embargo, un legislador del partido en el poder decide felicitar públicamente a esa organización, sin una sola palabra de distancia.

Aquí es donde la política deja de ser política… y se convierte en algo más grave.

Durante años, la política mexicana ha pactado con muchos intereses, con grupos de poder, con estructuras incómodas y con alianzas pragmáticas.
Pero cruzar la línea moral de organizaciones vinculadas a abusos contra menores marca un punto de quiebre.

Porque ahí ya no hablamos de pragmatismo político.
Hablamos de degradación moral.

Durante años, muchos han supuesto que Morena ha construido alianzas con estructuras cuestionables, con liderazgos polémicos, con grupos de poder opacos.

Pero cuando un legislador dice públicamente “mi iglesia”, cuando esa iglesia tiene a su líder condenado por abusos sexuales contra menores, entonces ya no hablamos de suposiciones.

Hablamos de exposición.

Hablamos de una cercanía política que duele.
Que indigna.
Que ofende.

Porque esto no es un debate ideológico.

Es un tema moral.

Suponga usted, estimado lector, que esas víctimas hubieran sido sus hijas.
Sus hijos.
Sus sobrinos.
Sus nietos.

Suponga que esas niñas abusadas hubieran sido parte de su familia.

¿Podría usted aceptar que un político del partido en el poder felicite públicamente a esa organización?

Eso es lo que está ocurriendo.

Y eso explica por qué esta declaración no es menor.

Israel Zamora no es un simpatizante casual.

Su relación con La Luz del Mundo es conocida desde hace años.
En 2019, siendo senador, estuvo vinculado con el polémico evento en el Palacio de Bellas Artes que terminó convertido en un homenaje al propio Naasón Joaquín García.

Los vínculos no son nuevos.
No son ocultos.
No son accidentales.

Son prolongados.

Y hoy, en 2026, con una condena judicial firme y acusaciones adicionales en tribunales estadounidenses, la cercanía no solo se mantiene… se presume.

Eso no es libertad religiosa.

Eso es una señal política.

Una señal que alimenta la percepción —cada vez más extendida— de que la política mexicana ha normalizado alianzas con lo más oscuro, lo más cuestionado y lo más doloroso para la sociedad.

No se trata de perseguir creencias.

Se trata de entender que cuando hay víctimas menores de edad, delitos sexuales comprobados y condenas judiciales, la neutralidad deja de ser prudencia… y se convierte en complicidad moral.

Porque la democracia no solo se mide por elecciones.

También se mide por los límites éticos de quienes gobiernan.

Y cuando esos límites se diluyen, cuando el poder se acerca sin reservas a estructuras marcadas por abusos contra menores, entonces la política deja de representar a la sociedad… y comienza a distanciarse peligrosamente de ella.

El 6 de abril no fue una simple felicitación.
Fue una confesión política.

La confesión de hasta dónde estuvo dispuesto a llegar Morena para conquistar el poder.

Porque cuando la política normaliza cercanías con estructuras marcadas por abusos, cuando se cruzan los límites morales más profundos, la pregunta deja de ser incómoda… y se vuelve inevitable:

¿Hasta dónde estuvo dispuesto a llegar Morena para llegar al poder?

Y la respuesta resulta aún más inquietante.

Porque cuando se pacta con lo más oscuro, el poder deja de ser esperanza.
Deja de ser transformación.
Deja de ser democracia.

Cuando se pacta con el crimen para llegar al poder…
el poder termina convirtiéndose en el crimen mismo.

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