Aulas heredadas: cuando enseñar en México deja de ser mérito y se vuelve un privilegio

Eduardo Pacheco
7 Min Read

Aulas heredadas: cuando enseñar en México deja de ser mérito y se vuelve un privilegio

 

Dr. Fernando Arriaga Martínez

 

En nuestro país, uno de los problemas menos discutido -pero más dañino- del sistema educativo no está en los planes de estudio ni en los libros de texto, sino en quién está frente al grupo. El problema no es menor, no es cómodo aceptar que, en México, hay aulas de primaria y secundaria donde quien está al frente, no llegó por mérito, preparación o vocación, sino por herencia. Sí, herencia. Como si la educación pública fuera un patrimonio familiar y no un derecho de millones de niños.

 

El Sindicato, siempre el Sindicato.

Durante décadas, prácticas ligadas a estructuras sindicales —particularmente en torno al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación— permitieron que plazas y horas se transfirieran entre familiares. Aunque en el discurso oficial eso se ha combatido (sobre todo tras reformas impulsadas desde la Secretaría de Educación Pública), en la práctica aún persisten resabios en distintas regiones del país, ya sea porque la supervisión es débil o porque son lugares dónde los acuerdos informales pesan más que la ley.

En México existen 1 millón 453 mil maestros de educación básica de los cuales 155 mil 880 no cuentan con la licenciatura reconocida como tal. Desde 1984 se les brindó la oportunidad a los egresados antes de ese año la oportunidad de hacer la nivelación, y como suele suceder en nuestro país no existe un dato oficial del número de Maestros que obtuvieron el grado de Licenciatura, como en muchas cosas del área, no hay control.

Se podría considerar entonces que de los 71,559 Maestros de Educación Primaria no se tiene el registro de su grado de actualización, porque de los 52,291 Maestros de Secundaria se supone que ellos si debieran de ostentar el título de Licenciados. El problema es que no hay un número registrado de los Maestros de Secundaria que estén frente a grupo que su formación sea completa y por lo tanto puedan ofrecer a nuestros jóvenes una educación de calidad.

El único estado del país que investiga casos de docentes sin título y por lo tanto usurpan funciones es Durango, pero a nivel nacional no hay una cifra clara de cuantos se ajustan a esta situación específica.

Estas tramposas estructuras arraigadas dentro del sistema educativo, muchas veces vinculadas al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y toleradas en distintos momentos por la Secretaría de Educación Pública permitieron que plazas y horas se manejaran como si fueran bienes transferibles.

Estos vicios siguen existiendo, enriqueciendo a unos cuantos y contribuyendo a deteriorar el de por si empobrecido sistema educativo, sobre todo del nivel de secundarias. Tamaulipas, está entre los estados donde más descuidado está este rubro.

 

Resultado de esta irresponsabilidad.

¿Y cuál es el problema de fondo? No es sólo un tema legal o administrativo. Es ético y social. Porque mientras un profesionista se prepara años para poder enseñar —estudia pedagogía, didáctica, psicología del aprendizaje—, hay quienes entran al aula sin esas herramientas básicas. El resultado: estudiantes con vacíos formativos, clases improvisadas y, en el peor de los casos, generaciones completas que arrastran deficiencias.

 

No se trata de satanizar a todos los que están en esa situación. Algunos, incluso sin título, hacen esfuerzos genuinos por enseñar bien. Pero el sistema no puede depender de la buena voluntad.

Ser docente no es simplemente “pararse a explicar”. Implica conocer como aprenden nuestros niños y adolescentes, saber diseñar estrategias didácticas, identificar dificultades, evaluar procesos y adaptarse a contextos diversos. Pero para saber hacer todo esto, se estudia y se construye con formación y práctica. Cuál es el resultado de la carencia de todo esto en nuestros maestros, alumnos que avanzan con vacíos que se acumulan año tras año. La educación no es un experimento ni un acto de improvisación: requiere preparación formal, evaluación constante y compromiso profesional.

 

Además, esta práctica perpetúa la desigualdad. Mientras que en algunas escuelas privadas o en contextos más favorecidos se exige preparación y actualización, en sectores públicos más vulnerables se tolera lo contrario. Es decir, quienes más necesitan una educación sólida son, muchas veces, quienes reciben la más débil.

 

La herencia maldita

También hay un mensaje peligroso detrás: que el esfuerzo no importa, que el acceso se negocia o se hereda, que el mérito es secundario. Y eso contradice completamente lo que se supone que la escuela debe enseñar.

 

Si México quiere mejorar su sistema educativo, no basta con cambiar planes de estudio o repartir libros. Hay que ir al núcleo: ¿quién está frente al grupo? Profesionalizar de verdad, evaluar sin simulaciones y cerrar definitivamente la puerta a prácticas heredadas.

 

Porque al final, cada hora “regalada” no es sólo una irregularidad administrativa: es una oportunidad perdida para un niño. Y eso, en un país con tantos retos educativos, es un lujo que simplemente no se puede permitir.

Y sobre todo, hacer entender a las autoridades de los diferentes niveles educativos que no son áreas aisladas de la Secretaría de Educación, sino que son (como lo anotábamos en la colaboración anterior) un todo, en donde todos los niveles, son responsables de todo.

 

P.D. 1. La colaboración presente nos abre el camino para revisar en una futura entrega el número de maestros tan elevado, frente al número de alumnos.

 

P.D. 2. Habrá que ver si los aspirantes a dirigir la Sección 30, tienen entre sus planes el elevar el nivel educativo, de los Maestros de todos los niveles, o si todo es simplemente fomentar la famosa y fastidiosa “grilla”.

 

Muchas Gracias

 

farriaga349@gmail.com

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