CITLALLI HERNÁNDEZ VUELVE AL RUEDO ELECTORAL.

Eduardo Pacheco
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EN PERSPECTIVA

CITLALLI HERNÁNDEZ VUELVE AL RUEDO ELECTORAL.

Por Omar Orlando Guajardo López

Hay momentos en la política en los que el problema deja de ser conquistar el poder y pasa a ser algo más complejo: conservar su conducción. En ese punto se encuentra hoy Morena y es en ese escenario donde regresa Citlalli Hernández.

Asume la presidencia de la Comisión Nacional de Elecciones y Alianzas tras dejar la Secretaría de las Mujeres. Pasa del gobierno a la operación política del partido rumbo a 2027.

No es la primera vez que está ahí. En 2024 tuvo un papel central en la construcción de los acuerdos que sostienen la coalición con el Partido Verde y el Partido del Trabajo. Fue parte del andamiaje que permitió la mayoría que hoy gobierna.

Regresa a un terreno que conoce, pero en condiciones distintas. Lo que antes fue construcción, hoy es administración bajo presión.

La coalición —Morena, Verde y PT— ya no enfrenta el desafío de crecer, sino de ordenar lo que ya creció. Y ese cambio empieza a notarse en los territorios.

El caso de San Luis Potosí lo ilustra con claridad. Ahí gobierna Ricardo Gallardo Cardona, figura del Partido Verde, y se perfila la continuidad de su grupo político con la senadora Ruth González Silva. En la elección pasada, el Verde obtuvo alrededor de 380 mil votos y Morena cerca de 370 mil. Hay equilibrio.

Ese dato modifica la lógica de la alianza. Cuando los aliados pueden ganar por separado, la coalición deja de ser automática y se convierte en negociación: quién encabeza, bajo qué reglas y con qué condiciones.

San Luis Potosí muestra el punto de llegada: un aliado que deja de acompañar y pasa a encabezar.

Pero no es un caso aislado.

En Tamaulipas comienza a perfilarse un escenario en otra fase. Morena gobierna y conserva el control institucional, pero en territorio ya se observa una reconfiguración más sutil: estructuras que crecieron dentro de la coalición empiezan a moverse con mayor margen propio.

No es ruptura abierta.

Es deslizamiento.

El Partido Verde no compite aún con autonomía plena, pero tampoco se limita a acompañar. Se posiciona, mide fuerza y construye condiciones.

Eso cambia la lectura.

Porque el riesgo no es sólo perder una elección, sino perder la centralidad del poder dentro de la propia coalición. Un eventual triunfo bajo otra sigla, aun dentro del mismo bloque, implica un desplazamiento político.

Y también simbólico.

Para Morena, ceder la conducción —aunque el gobierno permanezca en la alianza— significa diluir identidad, narrativa y control del proceso.

Ahí está el punto de tensión.

Lo que en San Luis Potosí ya es una realidad, en Tamaulipas comienza a configurarse como posibilidad: no una ruptura frontal, sino un corrimiento gradual del eje político.

En ese escenario, la unidad deja de ser un hecho y se convierte en una tarea.

¿Con qué herramientas?

Reglas, estatutos y encuestas. Ese es el método para definir candidaturas y procesar la competencia interna.

El problema es que ese mismo método fortaleció a quienes hoy tienen margen para disputar.

La herramienta que ordenó el crecimiento ahora enfrenta sus límites.

No basta con aplicarla.

Hay que ver si alcanza.

Porque hay momentos en los que el desafío deja de estar afuera.

Y empieza a moverse, silenciosamente, desde dentro.

Ahí es donde recae la responsabilidad de Citlalli Hernández.

Lo que hoy enfrenta no es la construcción de una coalición, sino su conducción en condiciones distintas: con aliados que ya no acompañan, sino que negocian; con estructuras que han ganado poder propio; con territorios donde Morena no logró consolidar una hegemonía plena.

A eso ella misma lo ha llamado “problemas felices”.

Pero el término encierra una ironía.

Porque más allá del encuadre optimista frente a la narrativa pública, se trata de problemas reales: de control, de conducción y de definición del poder dentro de la coalición.

No son problemas de crecimiento.

Son problemas de gobierno político.

Y resolverlos no dependerá sólo del método, sino de la capacidad para negociar con quienes ya no dependen del centro, sino que hoy disputan desde el territorio.

Ese es el punto.

Porque al final, más que administrar una alianza, Citlalli Hernández tendrá que definir si Morena sigue siendo el eje del poder… o si comienza, poco a poco, a dejar de serlo en algunas partes del país, en ciertos estados o en territorios donde la coalición ya no responde a una sola dirección.

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