Envejeces y dejas de ser vanidoso.

Eduardo Pacheco
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FAENA EN CANAL
Por: Evaristo Benitez Castro
Envejeces y dejas de ser vanidoso.
Hace unos días revisando y tratando de eliminar cosas viejas e inútiles en los sótanos de casa, encuentro unos zapatos (tipo botín, que me gustaban mucho en tiempos juveniles) marca Florsheim; su calidad es mundialmente reconocida como marca de prestigio desde hace 125 años.
Antes de intentar tirarlos al cesto de la basura los reviso: piel intacta, sin roturas y solo un pequeño desgaste del tacón izquierdo y con algunas telarañas……¿debo tirarlos?.
Tendría que ser muy pendejo si lo hago, concluí de inmediato.
En su momento me costaron no menos de tres cientos dólares y podía pagarlos con facilidad por eso hoy me pregunto…..¿En la vejez se vuelve uno mas “reflexivo” para gastar el dinero?.
Desde luego la vanidad va íntimamente ligada al contenido sanguíneo de hormonas: entre mas joven (hombre y mujer) mas testosterona y estrógenos; mayor el instinto para reproducirse y por tanto mas disposición para la coquetería con el sexo opuesto e incluso con compáñeros del mismo sexo.
Ropajes de calidad, fragancias exclusivas, habitaciones de lujo se hacen necesarios socialmente; fuese por un entorno laboral muy competitivo o fuese simplemente por vanidad.
Sin embargo si usted ha observado con detalle los anuncios comerciales en el último lustro habrá apreciado como resaltan la vanidad de los VIEJOS:
Sugar Daddy/s con mujeres jóvenes y super bellas abrazados “con amor”, autos de super lujo con la muñeca al lado, salones de baile en hoteles de excepción con la dama rendida a tus pies (antes de ir a la recámara), además de similares imágenes publicitarias que resaltan el poder del “hombre maduro”: le sobran billetes para “invertir en muñecas”.
Entonces……¿El viejo deja de ser vanidoso (como el ejemplo del de los botines Florsheim), por la baja condición hormonal inherente a su avanzada edad o simplemente se trata de viejos jodidos y de viejos ricos, sin mayores razonamientos mundanos o biológicos.
Será la Santa Misa pero por desgracia creo que se trata, al menos en la época que me está tocando vivir, de un asunto de vanidad ligado a los billetes y a las apariencias sociales evidentemente hipócritas.
Como el caso del señor maduro que todos los días anda claramente briago, casi alcohólico: si es rico se trata de un hombre que anda “alegre”; si es pobre se trata de un “pinche borracho”.
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