Pedro Pérez Ibarra, icono de Nuevo Laredo
-Controló la ciudad durante 35 años
-Fue regidor, diputado local y federal
-Pero no logró ser alcalde.
Tiempo de opinar
Raúl Hernández Moreno
A las personas de menos de 30 años de edad, escuchar sobre el enorme poder que concentró el profesor Pedro Pérez Ibarra durante siete lustros, suena increíble y se antoja una historia inventada por alguien con una enorme imaginación.
Sin embargo, Pérez Ibarra fue de verdad y, como todo ser humano, es un personaje de claroscuros, al que en su momento se le odio o se le admiro y se le quiso. Todo es cuestión de cómo le haya a cada individuo en su relación con él.
Nació el 21 de junio de 1919 y en sus años mozos fue profesor de primaria.
Durante esos 35 años que estuvo al frente de la CTM, con miles de afiliados, propuso e impuso alcaldes, a otros los bloqueó y les impidió llegar, escogió regidores, diputados federales y locales, jefes policiacos municipales y estatales, fiscales, funcionarios estatales y federales.
Una tarjeta firmada por él, era suficiente para conseguir casi todo: un crédito del Infonavit, un empleo en un banco, en una agencia aduanal, entrar a un cuerpo policiaco, ingresar a una universidad. Era un nombre con mucho peso político.
Empresarios y políticos lo buscaban para conseguir acuerdos, para llevar la fiesta en paz. Y es que el poder de la CTM era tan inmenso que estallaban huelgas en locales que estaban en construcción, pero se sabía que iban a ser restaurantes, hoteles.
El 1 de mayo, Día del Trabajo, marchaban por las calles del centro, contingentes de entre 20 a 25 mil obreros, con mantas protestando por las altas tarifas de la luz, el mal servicio del Seguro Social, exigiendo mejores salarios. Ese día, el poder de la CTM se exhibía a la vista de todos.
Desde que se hizo del poder dentro de la CTM, en 1956, fue regidor, diputado local y federal.
Esos 35 años fueron de lucha permanente. Hubo alcaldes, como Ismael Villarreal Peña, en la década de los sesenta, que creó una CTM-bis, con la intención de fraccionar y debilitar a la CTM, pero no se concretó.
En los setenta, el gobernador Enrique Cárdenas González impuso como candidato a alcalde a Francisco Cortés Delgado y como no era del agrado de Pérez Ibarra, éste dejó en libertad de votar a los obreros y ganó el PARM.
En febrero de 1984, la CTM estalló simultáneamente más de 250 huelgas, incluido el transporte público y el servicio de limpieza y el gobernador Emilio Martínez Manautou aprovechó para infiltrar al movimiento con un grupo de porros que reventaron la huelga, atacaron e incendiaron las instalaciones del periódico Laredo Ahora, propiedad del líder sindical, y balearon la casa de su hijo Pedro Pérez Vázquez.
Paradójicamente, aunque intentó ser alcalde de Nuevo Laredo, el poder central no lo dejó. En 1989, estuvo a punto de conseguirlo, y no producto de un dedazo, sino por una consulta interna en la que participaron él y el agente aduanal Héctor Bolaños, compitiendo por el PRI.
Mientras se desarrollaba la contienda, algunos personajes de su equipo compacto, como Cosme Ordoñez, Matías Cuéllar y Elías Trad, le calentaron la cabeza y le fueron a decir que estaba perdiendo la votación y lo convencieron de reventar la elección mediante el robo de urnas.
Con el robo, se canceló la votación, las urnas después fueron abiertas y de unos 2000 mil votos, alrededor de 1600 eran para Pérez Ibarra y el resto para Bolaños.
El agente aduanal quiso presionar al gobernador Américo Villarreal para que le concediera la candidatura, pero el mandatario no lo recibió y a través de su secretario le hizo saber que fue derrotado en las urnas.
Durante años, Pérez Ibarra fue combatido por la prensa local, representada por El Diario y El Mañana, que lo calificaban de cacique. Fue tanta la presión, que a principios de los años ochenta del siglo 20, decidió instalar su propio periódico, Laredo Ahora, desde cuyas páginas respondió a los denuestos y adjetivos, con ataques más virulentos, groseros, difamatorios.
En el último trimestre de 1992, con la llegada de la policía fiscal, para atender los puentes internacionales, los ciudadanos de Nuevo Laredo fueron humillados. Cruzaban un veinticuatro de refrescos de marca genérica, que entonces costaba menos de cuatro dólares y hoy se vende en 21 dólares, y los decomisaban con el pretexto de que era contrabando.
Lo mismo pasaba si cruzaban una bolsa con 5 kilos de pierna y muslo de pollo. Para los polifiscales era contrabando, amenazaban a la gente con detenerlos y encarcelarlos, les quitaban dinero a cambio de dejarlos ir o les permitían retirarse sin quitarles dinero, pero haciendo creer que eran generosos al no encarcelarlos. Eran los grandes perdonavidas.
La sociedad protestó por los abusos. Se unieron agrupaciones empresariales, partidos políticos, clubes sociales y también lo hizo la CTM. Desde el sector privado se convocó a una marcha de protesta, la CTM se sumó, incluso con voces en contra, que le sugirieron a Pérez Ibarra que eso podía ser peligroso.
La marcha se programó para el domingo 29 de noviembre de 1992, desde la plaza Primero de Mayo hasta a un costado del Palacio Federal.
Participaron entre 15 y 20 mil personas. Al frente marchaban los líderes de los organismos empresariales, junto con Pérez Ibarra, dirigentes de los partidos políticos, de los sectores del PRI, como la CNOP que entonces era muy fuerte.
Pero la marcha fue infiltrada por provocadores del gobierno estatal, alentados por Manuel Cavazos Lerma, gobernador electo, y degeneró en una ola de violencia en la que varios cientos de personas corretearon a los polifiscales, saquearon las oficinas federales de ambos puentes internacionales, quemaron papelería de la aduana, migración, Registro Federal de Automóviles, Caminos y Puentes, entre otros.
La CTM operó un grupo de choque, con líderes sindicales como Domingo de la Cruz, Daniel Raygoza, Matías Cuéllar, Armando Hernández, Elías Trad, que intentó frenar a los provocadores y montó una valla humana en Guerrero y Dr. Mier, para que no fueran al puente 1, pero los agitadores, con líderes opositores, como Edmundo Patoni, Salomón González Posadas, Jorge Emilio Conde. la rompieron y encabezaron el ataque a las instalaciones gubernamentales.
Injustamente a Pérez Ibarra se le responsabilizó de ser el autor intelectual de la jornada violenta y se desató una persecución judicial en su contra. Pero viejo zorro, él anticipó lo que se venía y ese mismo día, cruzó a Laredo, Texas en la cajuela de un automóvil Grand Marquis conducido por Elías Trad.
Pérez Ibarra se exilió en Laredo, Texas y ahí vivió el dolor de la traición, porque muchos de los que se beneficiaron de su influencia, le dieron la espalda y se negaron a visitarlo.
La peor traición vino del secretario general de la CTM, Fidel Velázquez que en principio abogó por él, pero luego sentenció que si Pérez Ibarra había cometido un delito debía pagar por él. Don Fidel era compadre de Pérez Ibarra y padrino de Fidel Pérez Vázquez, hijo del profesor Pedro.
En los primeros días del exilio, un grupo de empresarios se entrevistó con Manuel Cavazos Lerma, gobernador electo, para abogar por Pérez Ibarra, pero este, en su gran soberbia, se sinceró: ¿Quién los entiende? Llevan años quejándose de que este señor no deja crecer a Nuevo Laredo y ahora que les hicimos el favor de deshacernos de él, se quejan.
Desde el exilio Pérez Ibarra intentó dejar en su lugar a Manuel García Urzúa, líder de la sección 2 del Sindicato de Alijadores, pero se armó un bloque en su contra que impuso al dirigente de los meseros, José María Morales Domínguez.
Pérez Ibarra regresó a Nuevo Laredo hasta los primeros años del siglo 21, pero ya no tenía poder.
Le dio por visitar un pequeño restaurante en el sector aduana, de Arturo de León, donde se reunía casi a diario con Carlos Cantú Rosas, Heberto Villarreal, Pedro Chapa, Arturo Cortés Villada, entre otros.
Murió el 30 de agosto de 2006 y para él no hubo festejos fúnebres de parte de la CTM, ni el PRI. Ya no se le reconocía ningún mérito. La miseria humana se hizo presente.
