EN PERSPECTIVA
POR: OMAR ORLANDO GUAJARDO LÓPEZ
MORENA: LA OPORTUNIDAD DE ORO PARA DISCIPLINAR A PROPIOS Y EXTRAÑOS
– Rocha Moya y Maru Campos: mensaje político para el nuevo orden interno de Morena
– Maru Campos a Cabeza de Vaca: “No me ayudes compadre”.
Pocas frases populares describen mejor el momento que vive hoy María Eugenia Campos Galván. Apenas recibió el citatorio de la FGR y comenzaron los respaldos que, más que ayudarla, parecen confirmar el tamaño del problema. El más llamativo fue el de Francisco Javier García Cabeza de Vaca, quien rápidamente salió a declarar que lo de Maru “es la misma persecución” que él sufrió.
Y ahí apareció la ironía.
Porque el exgobernador tamaulipeco intenta dar consejos desde el mismo lugar donde terminó perdiéndolo todo: el estado, el control político, la narrativa pública, los amparos permanentes y hasta la posibilidad de operar con normalidad en México. Cabeza de Vaca convirtió durante años el litigio en estrategia política. Resistió. Aplazó. Sobrevivió jurídicamente por momentos. Pero mientras ganaba tiempo, perdió el poder real.
Hoy pretende advertirle a Maru Campos cómo enfrentar la tormenta. El problema es que su propia historia terminó convirtiéndose más en advertencia que en ejemplo.
Y mientras él hablaba, las imágenes desde Chihuahua decían mucho más que cualquier comunicado. La gobernadora intentaba convertir el momento en una escena política controlada, rodeada de discursos sobre persecución y ataques de Morena. Pero junto a ella, Roberto Gil Zuarth palidecía frente a una escena atípica incluso para operadores acostumbrados al litigio constitucional y las crisis mediáticas.
Porque esta vez el procedimiento cambió.
Con Cabeza de Vaca primero vino el desafuero, luego la batalla legislativa y después la disputa judicial. Con Maru Campos el mensaje llegó directamente desde la Fiscalía General de la República. Sin escalas políticas previas. Sin anestesia legislativa. Como si alguien hubiera decidido adelantar el reloj.
Y eso explica el verdadero tamaño de la coyuntura.
El PAN cree que está viviendo otra vez Tamaulipas. Los mismos operadores, los mismos abogados, el mismo discurso de persecución política, los mismos amparos, la misma narrativa del gobernador opositor acorralado por el centro. Pero Morena ya no está viviendo el 2021.
Ahí está la clave.
Porque mientras la oposición intenta repetir el libreto del calderonismo, Morena parece haber entendido que necesita otra cosa rumbo al 2027: disciplina interna y una oposición debilitada.
Por eso el caso de Rubén Rocha Moya resulta igual de importante que el de Maru Campos. Ambos terminaron citados. Ambos bajo presión por asuntos relacionados con Estados Unidos. Ambos convertidos en símbolo político nacional. La diferencia es que uno pertenece a Morena y la otra al PAN.
Y justamente ahí está la oportunidad de oro para el oficialismo.
Porque si Morena logra exhibir que también presiona, llama y disciplina a los propios, desmonta uno de los argumentos más útiles de la oposición: la idea de que la ley sólo persigue adversarios. Rocha Moya terminó pidiendo licencia bajo presión política. Maru Campos hoy enfrenta un expediente que ya dejó de ser únicamente mediático. Y mientras eso ocurre, el mensaje interno comienza a quedar claro:
Ni Rocha.
Ni Maru.
Ni Sergio Mayer.
Ni el Travieso Arce.
Ni los grupos regionales.
Ni los viejos pactos territoriales.
Nadie por encima del nuevo orden político que intenta construir el centro.
Y ese nuevo centro ya tiene nombres y apellidos: Claudia Sheinbaum Pardo desde el poder ejecutivo; Omar García Harfuch desde la estrategia de seguridad; Ernestina Godoy Ramos desde la arquitectura jurídica; y Ariadna Montiel Reyes como una de las principales operadoras políticas de la nueva etapa del obradorismo.
Porque Morena entendió algo después del 2024: para llegar al poder necesitó abrirle la puerta a demasiados perfiles incómodos, demasiados grupos contradictorios y demasiados liderazgos heredados del viejo régimen. Pero mantenerse en el poder exige otra etapa: depuración, control y disciplina.
Y ahí es donde la oposición parece no haber entendido el cambio de época.
El calderonismo todavía cree que los litigios pueden sustituir al poder político. Cree que el modelo Tamaulipas todavía funciona. Cree que el discurso de persecución conserva la misma eficacia de hace cinco años. Pero el problema es que mientras ellos intentan repetir el pasado, Morena ya comenzó a reorganizar el futuro.
Por eso la escena termina siendo profundamente simbólica: Cabeza de Vaca intentando aconsejar a Maru Campos mientras el sistema político que lo protegió durante años comienza a desaparecer.
En política también existe el “no me ayudes compadre”. Y pocas veces había quedado tan claro como ahora.
