-Ganó cinco elecciones en 20 años

Eduardo Pacheco
21 Min Read

Horacio Garza

 

-El bulevar Colosio y Puente 3, sus obras insignias

-En el 2007 sufrió un atentado criminal

-Para muchos, el mejor alcalde en la historia

 

 

 

Tiempo de opinar

Raúl Hernández Moreno

 

En sus dos periodos como alcalde, Horacio Garza Garza dejó una huella profunda en Nuevo Laredo: en su primera gestión se terminó el bulevar Luis Donaldo Colosio y en la segunda, el puente internacional número 3, construido en un tiempo récord de cuatro meses.

En un período de menos de 20 años, Horacio fue dos veces presidente municipal, dos diputado federal y una diputado local. Fue el primer político en ser dos veces alcalde de esta ciudad.

Para muchos, es el mejor alcalde que ha tenido Nuevo Laredo en su historia.

Originario de Guadalupe, Nuevo León, donde nació el 5 de agosto de 1941, Horacio Garza estuvo al frente de la Oficina Fiscal de Nuevo Laredo, a mediados de la década de los años setenta, del siglo 20.

En el sexenio de Américo Villarreal Guerra, de 1987 a 1993, se desempeñó como subtesorero de Egresos y en 1989, el mandatario lo invitó a ser candidato a la presidencia municipal de Nuevo Laredo, pero no aceptó porque el secretario general de la CTM, Pedro Pérez Ibarra, que tenía el control político de la ciudad, condicionó su aceptación a cambio de imponer el cabildo.

Para integrarse al equipo de Américo, Horacio renunció a la regiduría en su natal Guadalupe.

Para 1991, Horacio regresó a Nuevo Laredo, en calidad de comisionado del Comité Directivo Estatal del PRI, siendo presidente del mismo, Alfredo Briseño González.

Era un cargo simbólico y que, sin embargo, fue la plataforma para ser designado candidato a diputado federal. Eran tiempos en que Horacio era malo para hablar en público y tartamudeaba, pero lo que podía verse como un defecto se convirtió en virtud, pues a los ciudadanos les cayó bien la forma en que hablaba, porque era directo, decía lo que sentía, sin importar si incomodaba a su partido o al gobierno y lo arroparon, con el paso de los meses.

Cuando realizó su arranque de campaña para la diputación federal, en una colonia del poniente, Horacio llegó al punto de reunión acompañado de los reporteros Josefina Cabrera y Raúl Hernández, del fotógrafo Elpidio Segura y su chofer.

En el domicilio donde se realizaría el mitin, se instaló un equipo de sonido en la banqueta, a través del cual sonaba música de la época, pero no había una sola persona.

Horacio se acercó al domicilio, alguien salió y le informó que la señora de la casa, la anfitriona, se estaba bañando. Horacio lucía desanimado: era su primer acto y no había nadie. El fotógrafo Segura le propuso caminar y tocar las puertas para invitar a los vecinos a acompañarlo. Los reporteros se ofrecieron a apoyarlo.

Bastaron unos 20 minutos de recorrido y señoras y niños, principalmente, se unieron, y al regresar al punto de reunión ya había más personas, que, con las recién llegadas, hicieron un grupo de 40, 50 o más.

El rival de Horacio en la elección fue el exalcalde, exdiputado federal y presidente nacional del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, Carlos Cantú Rosas, que años más tarde se convirtió en su consuegro.

El profesor Pedro Pérez Ibarra, secretario general de la CTM, tenía el control de su sector, de la CNC, de una área de la CNOP y de la mayor parte de la estructura territorial y en el pasado había apoyado a Cantú Rosas para ganar la alcaldía, en 1974.

Ante el riesgo de un boicot cetemista, con la ayuda de Lamberto Rocha Gómez, secretario general de la CNOP, se decidió integrar una estructura encargada de cuidar el voto en cada una de las casillas, con un pago de por medio, práctica que entonces no se utilizaba.

Horacio Garza ganó en las urnas, con 27 mil 804 votos y 22 mil 999 de Carlos Cantú Rosas. Esa fue la primera fase de su triunfo. La segunda se dio, en los tribunales. Cantú Rosas impugnó los resultados y la dirigencia nacional del PRI se dijo dispuesta a negociar la derrota, pero Horacio no lo permitió, se defendió y logró la validación de su victoria.

Cantú Rosas encabezaba la lista de candidatos plurinominales y también llegó a la Cámara de Diputados, pero él quería hacerlo por la vía de mayoría, como lo hizo en 1985.

Un año después, ya con Pérez Ibarra en el exilio, y con el respaldo de Américo Villarreal, Horacio fue candidato a la presidencia municipal, ganó con 40 mil 549 votos y el PARM obtuvo 8 mil 891.

En el trienio anterior, el alcalde Arturo Cortés Villada inició el proyecto de construcción del bulevar Luis Donaldo Colosio, vía de 12 kilómetros y medio de largo, con dos cuerpos, cada uno de dos carriles.

Cortés Villada convenció a decenas de familias que vivían en terrenos irregulares, a unos pocos metros del puente 2, dedicados a recolectar cartón, para que accedieran a desalojar, para lo cual tuvo que construirle casas en la colonia Solidaridad, que les entregaron de manera gratuita.

También se tuvo que expropiar terrenos de particulares, entre ellos al Club Campestre. La mayoría de los dueños accedieron, pero hubo unos pocos, como el empresario Nicolás Ferrara Mattei que exigió una millonada por un predio pegado a la carretera nacional y que finalmente fue expropiado al precio marcado por catastro.

A Horacio le tocó terminar el bulevar, para lo cual se recurrió a un crédito bancario que se liquidó varios años después.

El bulevar permitió sacar de la ciudad a cientos de tráileres que circulaban por la avenida Degollado y formaban filas que llegaban hasta la colonia Madero, provocando un sinfín de molestias entre los automovilistas.

No sólo construyó una obra que, tres décadas después sigue siendo útil. Invirtió en escuelas, calles, plazas e innovó la forma de gobernar.

Todos los días daba audiencia. En las primeras horas del día eran privadas, y alrededor de la una de la tarde, eran públicas, para todo el que quisiera tratar un asunto público, en su oficina de la presidencia.

En las colonias, solía participar en comilonas que le ofrecían los vecinos y nunca les decía que no, a ningún platillo. No sólo comía, además, casi siempre repetía y él mismo se levantaba de su lugar, para servirse más y elogiar la sazón de la cocinera. Eso le encantaba a la gente y por eso se hizo muy querido. Las vecinas peleaban por invitarlo a sus casas.

En sus visitas a las colonias, la gente se le acercaba para saludarlo, plantearle cualquier asunto, desde ayuda para que su hijo fuese aceptado en una escuela, para llamarle la atención a un joven mal portado, para pedirle una recomendación laboral, solicitarle alguna gestión.

No era raro, que se le acercaran vecinos para pedirle -en esos tiempos- 100, 200 pesos, para pagar el recibo de la luz y él, de la manera más discreta, se metía la mano en el bolsillo y les daba un poco más.

Muchos protestaban. “Yo solo necesito 100 pesos”, le decían y él replicaba, “tome el resto, para que compre leche o cereal”. Y se iban agradecidos de aquel alcalde que sacaba dinero de su bolsillo para ayudarlos.

A la gente de las colonias, Horacio siempre la trataba con respeto y aprecio. Saludaba de beso a las señoras, de mano a los hombres, en cambio, con los empresarios era duro. En su segundo período como alcalde, a los agentes aduanales y transportistas les canceló el contrato de construcción del puente 3, al ver que iban lentos, y no le importó que aquellos pusieran el grito en el cielo.

La misma dureza, casi diríase que era tiranía, utilizaba con sus funcionarios.

Todos los días, sostenía una reunión con secretarios y directores, para evaluar sus actividades, y no era raro que les llamará la atención, alzándoles la voz y hasta con groserías de por medio.

Horacio era explosivo. Tanto que uno de sus directores de comunicación social, el periodista Manuel Antonio Ulloa, le regaló una fuente de agua portátil, con el propósito de relajarlo. El aparato funcionó unos días, pero el mal genio se apoderó de Horacio y Ulloa terminó opinando: “¡Más que una fuente, necesita las cataratas del Niágara!”.

Así como era explosivo, aceptaba sus errores. Cierta vez, el catedrático y luchador social Heriberto Galván Franco, lo criticó ante los micrófonos de Stereo 91. Horacio lo escuchó y se lanzó en su camioneta a buscarlo. Lo encontró saliendo de la estación, lo encaró, lo retó y terminó dándole un golpe que lo trastabilló y cayó y en eso Antonio Ulloa llegó para separarlos.

Horas después, arrepentido de su arrebato, mandó buscar a Heriberto para ofrecerle una disculpa. Este exigió que se la diese en persona, Horacio lo hizo y terminaron en una carne asada, con cervecitas de por medio.

El periodista Edmundo Lozano Calzado también fue encarado por Horacio Garza por sus críticas mal fundamentadas.

Para su segunda elección como alcalde, en 1998, Horacio Garza arrasó en las urnas, con 52 mil 323 votos y 12 mil 502 del candidato del PAN, Aníbal Canales, que, cosa rara en esos tiempos, aceptó su derrota, felicitó a Horacio y le deseo el mejor de los éxitos.

Esa victoria apabullante fue la confirmación de que la mayor parte de los ciudadanos estaba de acuerdo con su primer gobierno.

En el inicio del segundo período, el equipo contable de Horacio -él es contador auditor- detectó irregularidades en el ejercicio de la administración que la antecedió, presidida por Marcos Alejandro García y presentó una denuncia formal ante el Ministerio Público.

La denuncia de un priista contra otro priista, era inusual y marchaba bien hasta que el gobernador Tomás Yarrington Ruvalcaba, intervino y ordenó cancelar la averiguación, con el argumento de que la ropa sucia se lava en casa.

Para el segundo período, a Horacio lo acompañó un cabildo plural, con 14 regidores del PRI, 4 del PAN, 2 del PRD y 1 del PARM.

Fue tan plural, que Horacio permitió que los ediles del PAN presentaran ante el cabildo el proyecto de Reservas Territoriales, para el cual el ayuntamiento compró 343 hectáreas ejidales para dotar de tierras al Municipio y ahí se han construido miles de casas. Es un proyecto que sigue vivo, después de más de 25 años.

Las sesiones de cabildo eran de intenso debate, con grandes opositores como Jorge Ramírez Rubio, Ernesto Ferrara, José Ángel Valdez Reyna y Víctor Martell, que peleaban con argumentos sus ideas.

En dos ocasiones, la votación se dividió, porque los opositores sumaron a varios priistas. En una ocasión, la oposición y priistas como Alejandro Montemayor, Andrés Almanza Aboytes y Armando Torres, votaron en contra de una propuesta de Horacio para desalojar a comerciantes foráneos instalados en la Plaza Primero de Mayo, previo permiso municipal.

En otra, los priistas, consiguieron que no fuese removido como jefe de la policía preventiva, Moctezuma Rodríguez, con una votación de 12 a 11.

La obra que inmortalizó el segundo trienio de Horacio, fue el puente 3, que el gobierno federal concesionó al sector privado, para lo cual agentes aduanales y transportistas se encargarían de la construcción.

Como la obra no avanzaba, Horacio les canceló la concesión y comisionó al secretario de Obras Públicas, José Luis Palos Morales, para que se encargará de la obra, la que se terminó en cuatro meses, trabajando las 24 horas del día. Se hizo con recursos propios y un crédito con Banobras.

Horacio obtuvo de la federación la concesión para operar el puente, que este se pagará con el cobro del peaje y que los recursos obtenidos se reinviertan en obras de la aduana o en vialidades, con la condición de que una vez liquidado el crédito, el puente pasará a la federación.

El puente se pudo pagar hace algunos años, pero no se hace, para no perderlo.

En ese segundo periodo, Horacio, con la ayuda de otros alcaldes de la frontera norte, entre ellos el de Ciudad Juárez, consiguieron que el peaje que la federación regresa a los municipios aumentará de un 10 a un 25 por ciento, aunque de manera abusiva, el estado se apropió de la mitad de esos recursos.

En el 2001, con Vicente Fox Quesada como presidente de la república, se realizaron las elecciones locales.

El transportista José Manuel Suárez compitió y ganó unas elecciones internas del PRI para decidir al candidato. El PAN le apostó a Heriberto Cantú Deándar, hijo de la editora de El Mañana, Ninfa Deándar, que había apoyado a Vicente Fox en el 2000.

Como candidatos a las diputaciones locales, el PRI postuló a Horacio Garza y al ganadero y agente aduanal, Manuel Canales. El PRI tenía tres candidatos con mucha presencia y ganó de manera aplastante:  Pepe Suárez obtuvo 52 mil 178 votos y Heriberto Cantú, 32 mil 369. Horacio y don Manuel le aportaron votos a Pepe Suárez.

En el Congreso, Horacio propuso que los integrantes de los cabildos, desde alcalde, síndicos y regidores, fueran electos de manera individual, para que estuvieran más comprometidos con la ciudadanía, pero no obtuvo eco.

En el 2003, el locutor José Manuel Abdala de Fuente, fue postulado candidato a diputado federal por el PRI. En el arranque de su campaña, esta no despegaba. Por alguna razón, no conectaba con la gente y entonces Horacio Garza decidió sumarse a su campaña y ayudó a que ganara la elección. Abdala había sido presidente de al Comisión de Educación con Horacio y el aprecio era mutuo.

En el 2006, Horacio fue invitado a ser candidato a diputado federal. Con todo y sus cuatro victorias anteriores, Horacio hizo una campaña desde cero, como si nadie lo conociera, de mucho contacto con la ciudadanía, lo que le permitió ganar con 61 mil 535 votos, en tanto que el PAN se quedó con 48 mil 399.

La del 2006 fue una elección muy difícil para el priismo en Tamaulipas. En los ocho distritos el PAN obtuvo 505 mil 725 y el PRI, 317 mil 808. El PAN ganó cinco distritos, Reynosa, Río Bravo, Matamoros, Ciudad Madero y Tampico. El PRI, Nuevo Laredo, Victoria y El Mante,

La popularidad y carisma de Horacio hizo posible su triunfo en Nuevo Laredo, donde el candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón logró 61 mil 156 votos, el PRI, 40 mil 091 y Horacio les ganó con 61 mil 535.

El 19 de febrero de 2007, Horacio Garza sufrió un atentado criminal, cuando se dirigía al aeropuerto, a tomar el vuelo comercial a la Ciudad de México, en una camioneta suburban, con su chofer Héctor Morales Juárez.

Cientos de metros antes del aeropuerto, un grupo de sicarios atacó la camioneta. Su chofer fue muerto en ese momento y Horacio recibió tres impactos de bala calibre 9 milímetros, en el tórax, pierna y cuello. La bala del cuello se le quedó alojada. Se dijo entonces que un sicario disparó diez tiros y otros más se limitaron a cuidar la escena.

Horacio quedó mal herido, y los sicarios huyeron, convencidos de que estaba muerto. Un particular se acercó a auxiliarlo, lo levantó, lo colocó en su vehículo y lo llevó al Hospital de Especialidades.

Delicado de salud, esa noche, era lunes, fue trasladado en un avión privado a un hospital de la Ciudad de México y el doctor Rafael Benavides, su amigo, lo acompañó.

El atentado se habría producido luego de que días antes, Horacio fue entrevistado por el locutor Roberto Gálvez, en Stereo 91 y ahí denunció que había un grupo delictivo, que cometía toda clase de delitos y era necesario que el gobierno federal lo combatiera.

Horacio es valiente, temerario. En julio de 2003, en su calidad de diputado local, había acudido con el fiscal federal Juan Manuel Muñoz Morales, para denunciar la presencia de grupos criminales que cometían secuestros y extorsiones y pidió investigarlos.

Semanas después, el 31 de julio hubo un enfrentamiento entre policías y criminales, en el cruce de Paseo Colón y Reforma, donde se utilizó una bazuca para repeler y como resultado del incidente, el fiscal Muñoz Morales fue acusado por la PGR de proteger a grupos delictivos.

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