Despensas con sello de exportación

Eduardo Pacheco
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El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
Despensas con sello de exportación
 
En el sexenio del expresidente Enrique Peña Nieto, específicamente durante el año 2015, se ordenó la entrega de aproximadamente 10 millones de televisores digitales.
Fue un negociazo redondo para unos cuantos, por supuesto que lo fue, pero el programa resultó bien recibido por los ciudadanos que al final obtuvieron un beneficio directo. La distribución de las pantallas se realizó a través del programa “Mover a México”, bajo la responsabilidad de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
Los aparatos eran gratuitos, destinados como apoyo a las familias de escasos recursos para que pudieran acceder a la señal digital ante la llegada del apagón analógico. En Tamaulipas se repartieron cientos de miles de estos televisores en distintos municipios. Sin embargo, la picaresca mexicana no tardó en aparecer: casi inmediatamente después de la entrega, los aparatos comenzaron a ofertarse en las redes sociales.
Los beneficiarios prefirieron embolsarse hasta dos mil pesos en efectivo; al tratarse de equipos con tecnología reciente, los remataban al 50 por ciento de su valor en el mercado. Lo que la gente hiciera con esos televisores ya no fue culpa de Enrique Peña Nieto ni de las instituciones federales; fue la acción voluntaria de quien prefirió el dinero rápido. Determinar de quién fue la culpa del origen de este mercado negro es materia de análisis, pero lo cierto es que algunas de esas pantallas todavía encienden en los hogares tamaulipecos.
Traemos a colación esta historia porque hace unas horas, un mexicano residente en Alemania denunció que compró un paquete de productos básicos que ostentaba los logotipos oficiales del DIF Tamaulipas, acompañado de la clásica leyenda: “Prohibida su venta”.
El denunciante explicó que simplemente ordenó harina de maíz mexicano por internet y, para su sorpresa, le llegó por paquetería una despensa con los emblemas de la institución asistencial tamaulipeca.
Anualmente, el Gobierno del Estado distribuye más de un millón de despensas en los 43 municipios de Tamaulipas, evidentemente, la directiva del DIF no puede vigilar el destino final de cada bolsa.
Todo apunta a que uno de los beneficiarios decidió comercializarla, logrando acomodarla en una cadena de distribución internacional que multiplicó su costo real, considerando la compleja logística que implica enviar un producto económico desde México hasta Europa. Al final de cuentas, una despensa de este tipo no sobrepasa un costo de producción de 200 pesos.
Un negocio tan minúsculo no le interesa a ningún funcionario de alto nivel del gobierno estatal; más bien exhibe una alarmante falla en la logística o una fuga descarada en la cadena de distribución local.
Además, concedámosles el beneficio de la duda: si alguien dentro del sistema se hubiera robado 10 mil o 50 mil despensas para lucrar con ellas, no pecaría de tanta torpeza como para exportarlas en las cajas y empaques originales del DIF Tamaulipas.
La realidad detrás de esta trama que inició en Alemania es muy distinta al escándalo que se pretende armar en redes sociales. El verdadero foco de corrupción apunta a otras latitudes, donde todavía sigue pendiente la oscura historia del médico metido a empresario quien llora por un jugoso negocio de 540 millones de pesos debido a brutales irregularidades en su contrato. Ese sí es un tiro de precisión.
Una despensa perdida en el Viejo Continente no es un negocio millonario para nadie; es simplemente la anécdota de un paisano en Alemania que añoraba el sabor nacional de una tortilla, pidió su Maseca y terminó recibiendo una bolsa con el sello del DIF Tamaulipas, destapando con ello muchas historias de descuido institucional por contar.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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EL PATINADERO
LIC. JUAN ANTONIO MONTOYA BAEZ
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