Por José Gregorio Aguilar
Domingo 2 de noviembre 2026
El silencio domina la mayor parte del año los viejos pasillos del Panteón del Cero Morelos. Sin embargo, conforme se acerca el Día de Muertos, el histórico camposanto recupera parte de la vida que alguna vez lo rodeó. Cubetas con agua, flores de cempasúchil, veladoras y familias enteras comienzan a ocupar los espacios donde descansan
generaciones de victorenses.
Entre lápidas restauradas y monumentos que muestran las huellas del tiempo, también sobreviven tumbas cuya historia se remonta a siglos atrás. Algunas permanecen olvidadas, otras resisten entre grietas y maleza, pero todas conservan fragmentos de la memoria colectiva de Ciudad Victoria.
Recorrer este cementerio es realizar un viaje por distintas etapas de la historia tamaulipeca. Aquí descansaron gobernadores, revolucionarios, maestros, políticos, comerciantes, religiosos y personajes que dejaron huella no solo en la capital del estado, sino también en el país e incluso fuera de sus fronteras.
De acuerdo con referencias históricas citadas por el cronista de la ciudad, Francisco Ramos Aguirre, uno de los registros más antiguos corresponde a Don Gregorio Pizaña, fallecido el 13 de marzo de 1752. Aunque no existe certeza sobre el lugar exacto donde fue sepultado, se presume que sus restos fueron depositados en el sector oriente del panteón.
La antigüedad del inmueble lo convierte en uno de los sitios históricos más importantes de la capital. Aunque no existe una fecha exacta sobre su fundación, diversas investigaciones sitúan su origen alrededor de 1830, cuando comenzó a funcionar como el principal cementerio de la entonces naciente población victorense.
Con el paso de los años, el Panteón del Cero Morelos fue ampliándose para recibir a una ciudad en constante crecimiento. Para finales del siglo XIX ya aparecía en planos urbanos oficiales y se consolidaba como el principal espacio funerario de la región.
La última morada de personajes históricos
Entre los nombres que aún pueden encontrarse en antiguas lápidas destaca el de José Núñez de Cáceres y Albor, considerado una de las figuras fundamentales en la historia de la actual República Dominicana.
Escritor, político y promotor de la independencia dominicana, llegó a ciudad Victoria tras ser expulsado de su país. Durante años prestó servicios de asesoría jurídica a distintos gobiernos estatales antes de fallecer en esta ciudad el 11 de septiembre de 1846.
Aunque posteriormente sus restos fueron trasladados a Santo Domingo con honores oficiales, su paso por el antiguo
panteón forma parte de la historia compartida entre Tamaulipas y la nación caribeña.
También permanecen presentes los nombres de integrantes de la familia Escandón y Lavín, cuyos monumentos funerarios reflejan la arquitectura característica de finales del siglo XIX. Algunas de estas criptas muestran actualmente daños estructurales ocasionados por décadas de exposición al clima y la falta de mantenimiento.
Otro personaje recordado es Juan B. Tijerina, destacado político, maestro y escritor tamaulipeco que enfrentó las adversidades del Porfiriato y cuya figura continúa siendo referente en la vida cultural e intelectual de la entidad.
El cementerio que fue escenario de la Revolución
Pocas personas saben que los terrenos del Cero Morelos también fueron escenario de uno de los episodios más dramáticos de la Revolución Mexicana en Tamaulipas.
El 16 de febrero de 1917 fue fusilado en este lugar el profesor y general Alberto Carrera Torres, considerado uno de
los revolucionarios más importantes de la entidad.
Condenado por un consejo de guerra, Carrera Torres enfrentó la muerte frente al paredón del propio cementerio. Hoy una placa recuerda aquel acontecimiento que forma parte de los episodios más significativos de la historia regional.
Por esta y otras razones, el panteón es considerado un patrimonio histórico que resguarda la memoria de distintas generaciones de tamaulipecos.
Historias que aún descansan bajo el mármol
La presencia de antiguas familias victorenses también está marcada en grandes mausoleos distribuidos a lo largo del camposanto.
Una de las criptas más representativas pertenece a la familia Filizola. El primer integrante sepultado en ese sitio fue Francisco Filizola Gaftani, fallecido en 1897. La historia familiar está ligada al desarrollo económico y social de Ciudad Victoria, donde varias generaciones de descendientes de inmigrantes italianos echaron raíces desde el siglo XIX.
Muy cerca también reposan los recuerdos de Guadalupe Mainero, gobernador de Tamaulipas en 1896. Aunque sus restos fueron trasladados a la Rotonda de los Tamaulipecos Ilustres, su antigua sepultura permanece como testimonio de su paso por este cementerio.
En las soledades del camposanto, destaca una sepultura de un alto miembro de la jerarquía católica de principios de 1900, que causó polémica al negar la aparición de la Virgen y se pronunció en contra de la hipocresía de los curas, clérigos y sacerdotes, entre otras posturas nada ortodoxas, fue el maestro Eduardo Sánchez Camacho, segundo Obispo de Tamaulipas.
Su tumba es de las primeras al entrar hacia el lado derecho. Su historia parece ser sacada de una película que el Vaticano prohibiría su exhibición por la osadía de este religioso personaje que desafío a la Iglesia de esos años. Su controvertida actuación, en la que no solamente negó a la Virgen y a Juan Diego, le valió ser excomulgado pero en ese tiempo el Obispo escribió una obra titulada “Ecos de la Quinta el Olvido” donde se lanzó en contra del sistema político y social de la época y fustigó nuevamente la hipocresía que según dijo, habita entre importantes jerarcas de la Iglesia Católica. Fallece el 14 de diciembre de 1920 en esta ciudad.
Entre las tumbas más recientes que forman parte de la memoria colectiva destaca la de Enrique García Guevara, dirigente estudiantil cuyo movimiento contribuyó a la conquista de la autonomía universitaria.
Por ahí cerca, a la izquierda de la entrada al panteón municipal, descansa Ismael Garza Flores, mejor conocido como “el Quemador” de quien se cuenta fue guardaespaldas de ex gobernadores.
Fue policía judicial al que se le atribuyen múltiples asesinatos, entre ellos a dos de sus compañeros. Sus restos están desde mayo de 1979 e irónicamente muy cerca se encuentran las sepulturas de las personas que asesinara: Enrique Sámano Ruiz y Marcelino.
Y así, incontables nombres, sepulturas derruidas, modestas tumbas, muchas ya remodeladas otras son más recientes, pero el viaje al pasado no concluye. La historia que está grabada en epitafios y en esas lápidas que guardan frases con carácter divino conservan ese pasaje histórico que les tocó vivir a esos personajes que alguna vez habitaron el mundo de los vivos.
Un patrimonio que lucha contra el olvido
A pesar de su importancia histórica, numerosas sepulturas muestran evidentes signos de deterioro.
Lápidas fracturadas, esculturas dañadas y monumentos cubiertos por el paso del tiempo forman parte del paisaje cotidiano de algunas de las áreas más antiguas del panteón.
Para el cronista Francisco Ramos Aguirre resulta indispensable impulsar acciones de conservación que permitan rescatar estos espacios y preservar un legado que pertenece a todos los victorenses.
Cada lápida, cada monumento y cada epitafio representan una fuente de información sobre el desarrollo de la ciudad y sobre las personas que contribuyeron a forjar su identidad.
Donde la historia sigue viva
Actualmente el Panteón del Cero Morelos alberga alrededor de 12 mil tumbas y ya no cuenta con espacios disponibles para nuevas sepulturas, salvo en aquellos lotes con derechos previamente adquiridos por las familias.
Durante las celebraciones de Día de Muertos, miles de visitantes recorren sus pasillos para honrar a sus seres queridos. El bullicio de esos días contrasta con la tranquilidad que domina el resto del año.
Mientras unos reciben flores, veladoras y música, otros permanecen en el abandono, sin familiares que los visiten. Sin embargo, detrás de esas tumbas olvidadas permanecen historias que ayudaron a construir Ciudad Victoria.
Y es precisamente entre el silencio, las sombras de los viejos mausoleos y las huellas que el tiempo dejó sobre el mármol, donde el antiguo Panteón del Cero Morelos sigue resguardando una parte invaluable de la memoria de la capital tamaulipeca
