
A cien años del Día del Periodista
-Incómodos del poder, en todas las épocas
-Unos pagaron con cárcel otros con la muerte
-El Nigromante, Magón, Belisario, Spota, Denegri…
Tiempo de opinar
Raúl Hernández Moreno
La historia personal de Manuel Caballero, en cuyo honor se instituyó el 4 de enero de 1926 se instituyó el Día del Periodista, no es de las que más me emocione, en el ámbito periodístico.
A lo largo de la historia nacional, han destacado periodistas en todas las épocas. Joaquín Fernández de Lizardi y Carlos María de Bustamante, en plena guerra de independencia; durante la reforma, Ignacio Ramírez, Manuel Ignacio Altamirano; en el porfirismo, Filomeno Mata, Ricardo Flores Magón; después del maderismo, sin ser periodista, Belisario Domínguez; en los sesentas, Manuel Marcué Pardiñas, Gustavo Alatriste, Renato Menéndez; en los ochentas Julio Scherer y Manuel Buendía.
Desde las páginas del Pensador Mexicano, La Avispa de Chilpancingo, Diario del Hogar, Regeneración, las revistas Sucesos, Política, Por qué, Proceso, estos periodistas incomodaron al poder.
Hay periodistas que, sin ser incisivos con el poder, se forjaron un nombre en la historia, desde un Paulino Martínez apoyando primero a Francisco I. Madero y luego a Emiliano Zapata; Querido Moheno, respaldando al porfirismo; Luis Spota y Carlos Denegri, en los cuarenta; Regino Díaz Redondo, en los ochentas, hasta un Jacobo Zabludovsky.
Se podrá estar o no de acuerdo con ellos, pero no cabe duda que destacaron en su actividad.
El 25 de junio de 1811, el virrey Francisco Xavier Venegas expidió la orden de desaforar a los eclesiásticos que participaban junto a los insurgentes o simpatizaban con ellos. Desde el periódico El Pensador Mexicano, Fernández de Lizardi abogó a favor del clero -más de 400 curas, todos del bajo clero, pobres, pues, participaron directamente en la revuelta y alrededor de 100 fueron ejecutados- y en un artículo del 3 de diciembre de 1811 pidió la anulación del tribunal militar para enjuiciar a los curas.
Dos días después, Venegas suprimió la libertad de prensa y ordenó la aprehensión de Fernández que en principio eludió a sus captores, pero fue apresado el 12 de diciembre. Desde la cárcel siguió publicando su periódico y denunciando las injusticias.
En julio de 1813 obtuvo su libertad al ser designado el general Félix María Calleja como jefe Político Superior de la Nueva España. Al siguiente año, dejó de publicarse El Pensador Mexicano, pero Fernández de Lizardi continuó su labor con otros periódicos, además de que incursionó en la literatura con su clásico “El Periquillo Sarniento”.
En 1812, Carlos María de Bustamante editaba el periódico El Juguetillo, desde donde ejercía la libertad de expresión, cuestionando al gobierno virreinal por la forma en que enfrentaba la insurrección. Poco le duró el gusto porque en diciembre de ese año, el virrey anuló la libertad de expresión y Bustamante decidió integrarse al ejército insurgente, al lado del cura José María Morelos y este lo designó editor del periódico Correo Americano del Sur, en donde se difundían las proclamas y batallas de los insurgentes.
En 1813 fue nombrado diputado al Congreso de Chilpancingo y participó en la redacción del Acta Solemne de la Declaración de la Independencia de América Septentrional de ese mismo año.
Con la muerte de Morelos, en 1815, fue perseguido por los españoles hasta que en 1817 se acogió al indulto ofrecido por el virrey Juan Ruiz de Apodaca a los últimos insurgentes, lo que no lo salvó de estar un año en la prisión en San Juan de Ulúa.
Después de conseguida la independencia, siguió colaborando en periódicos y en la década de los años cuarenta del siglo XIX escribió su Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, en seis volúmenes, que es la versión liberal de la guerra de independencia, a diferencia de la versión conservadora de Lucas Alamán, que es mucho más imparcial y apegada a la verdad, pues a Bustamante en su afán de magnificar a Hidalgo y Morelos le da por fantasear.
En la guerra de la reforma, destacó Ignacio Ramírez El Nigromante quien colaboró en periódicos como El Siglo Diez y Nueve, El Monitor Republicano, El Demócrata, El Correo de México, El Federalista, La Chinaca, Themis y Deucalión, y El Clamor Progresista.
Desde esas páginas confrontó al gobierno, incluyendo a don Benito Juárez, a quien le reprochó su enamoramiento del poder que lo mantuvo 14 años en la presidencia de la república y sólo muerto la dejó.
El Nigromante participó en el constituyente de 1857 y aunque los liberales eran minoría, lograron imponerse porque eran expertos en el debate, con muchos datos duros.
El Nigromante, junto con Ignacio Manuel Altamirano, colaboraron en el gobierno de Porfirio Díaz que de liberal se transformó en conservador y durante su dictadura dejó a la iglesia católica en paz y le permitió operar hospitales, escuelas, conventos, etc.
En 1888, el chiapaneco Ángel Pola realizó entrevistas a personajes destacados de la guerra de reforma, tanto liberales como conservadores, naciendo así el género del periodismo histórico.
Celebres, y fuente de primera mano, para conocer los últimos días de vida de Melchor Ocampo y Leandro Valle, así como la de Maximiliano de Habsburgo, son estas entrevistas con personajes que vivieron esos acontecimientos de primera mano.
También entrevistó al general Leonardo Márquez a quien recibió en 1895 a su llegada a al puerto de Veracruz, procedente de La Habana, lo acompañó en tren primero a la Ciudad de México y luego a Puebla,
Otro de sus entrevistados fue el general Mariano Escobedo ante quien se rindió el emperador Maximiliano de Habsburgo, quien rescató del olvido a Miguel Hidalgo, pues el mérito de padre de la patria, se lo ganó medio siglo después de muerto.
Las entrevistas de Pola se publicaron en el Diario del Hogar, del periodista potosino Filomeno Mata, fundado en 1881 y desde donde criticaba a don Porfirio Díaz, pero antes de eso tuvo El Ahuizote donde criticaba al gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada.
Mata varias veces fue detenido y encarcelado por instrucciones de don Porfirio Diaz, pero él nunca bajó la guardia y en 1910 apoyó a Francisco I. Madero.
Otro que apoyó al maderismo fue Paulino Martínez que desde finales de los años ochenta del siglo XIX se dedicó a criticar las reelecciones de Porfirio Díaz.
En 1889, Díaz ordenó la confiscación de la imprenta desde donde Martínez publicaba panfletos en contra de su gobierno y ordenó su aprehensión. Este alcanzó a huir rumbo a Laredo, Texas, desde donde siguió publicando panfletos en contra de Díaz, que eran distribuidos en el lado mexicano.
Cuando surgió la campaña presidencial de Madero, en 1909, lo apoyó y Madero le correspondió dándole dinero para imprimir periódicos, pero luego se decepcionó de Madero y se integró a las filas de Emiliano Zapata.
En 1914, Zapata y Pancho Villa lo propusieron como secretario de gobernación. En diciembre, un grupo de hombres lo sacó de su casa con engaños, y Paulino Martínez nunca regresó.
Un año antes, el senador chiapaneco Belisario Domínguez, fue asesinado el 7 de octubre de 1913, por esbirros de Victoriano Huerta que lo llevaron al cementerio de Xoco, en Coyoacán, lo torturaron y lo mataron a balazos.
Belisario, que no era periodista, cometió el error de que un mes antes, en dos discursos que pretendió leer ante el Senado, del 23 y 29 de septiembre, llamó asesino a Huerta y lo culpó de los crímenes de Francisco I. Madero y Pino Suárez.
El del 23 no lo dejaron leerlo y él optó por imprimirlo y repartirlo entre amigos y conocidos. El del 29, aparentemente sí lo leyó, pero no se incluyó en el diario de los debates, es decir, oficialmente no existió. También lo imprimió y lo hizo circular.
Luego de muerto don Belisario surgió la leyenda de que antes de matarlo sus asesinos le cortaron la lengua y se la llevaron a Huerta, lo que no es verdad.
En las primeras décadas del siglo XX, el anarquista Ricardo Flores Magón ganó fama por la publicación, en 1900, de Regeneración, desde donde se dedicó a criticar a don Porfirio y su feroz dictadura.
En respuesta el gobierno lo persiguió, le destruyó sus imprentas y ordenó su detención. Convencido de que publicar la verdad no era suficiente, decidió crear el Partido Liberal y decidió lanzarse a la lucha armada, pero no tuvo éxito.
También apoyó la causa de Francisco I. Madero que a cambio le dio dinero para que pudiera publicar periódicos y panfletos, pero luego se desencantó de él y lo atacó ferozmente.
Magón terminó encarcelado en los Estados Unidos, donde murió en noviembre de 1922.
En los años cuarenta del siglo XX, Luis Spota competía con Carlos Denegri para ser catalogado como el mejor reportero, ambos desde las páginas de Excélsior.
Spota tiene el récord de haber publicado la nota de ocho columnas durante 43 días seguidos y un día diez de sus notas se publicaron en la portada de Excelsior.
Por lo que respecta a Carlos Denegri, Julio Scherer escribió que “era el mejor y más vil de los reporteros”. En 1970 murió de un balazo que le dio “accidentalmente” en la nuca su esposa Linda Denegri, a la que le gustaba utilizar de sparring cada vez que el alcohol lo endemoniaba.
Denegri era brillante. Hablaba varios idiomas, inglés, francés, alemán, italiano, español. Era cruel y despiadado en sus críticas y solía escribir dos textos sobre un mismo tema: en uno hacía pedazos al mencionado y en otro lo alababa. El aludido decidía si pagaba por el texto llenó de elogios o se quedaba con la crítica feroz.
La entrevista que no se dio
El 25 de septiembre de 1939, una vez que Alemania invadió Polonia, el periodista mexicano José Pages Llergo, a nombre de la revista Hoy, se encontró cara a cara con Adolfo Hitler en el aeropuerto de Varsovia, se le acercó, lo abordó, le hizo varias preguntas, pero El Fürhrer lo ignoró, no respondió ninguna interrogante.
Pages Llergo de todos modos escribió una narración de su encuentro con el dictador alemán a quien por esos días muchos mexicanos admiraban, entre ellos el filósofo José Vasconcelos, que recibió dinero de los nazis para publicar en México la revista Timón. El maestro fue timado.
En 1952, Pagés autorizó, en su calidad de director general, la publicación de una fotografía en el semanario Hoy, de Beatriz Alemán, hija del entonces presidente Miguel Alemán Valdés, en compañía de su yerno Carlos Girón contemplando la bailarina Simone Clarins semidesnuda en el cabaret Carrols de París. Pagés fue obligado a renunciar a su cargo y al año siguiente fundó el semanario Siempre!, en donde permitió una crítica abierta contra los gobiernos en turno, línea que se mantiene en la actualidad, aunque no con la intensidad de décadas atrás.
En 1966, la revista Sucesos, que dirigía el cineasta Gustavo Alatriste, casado con la actriz Silvia Pinal, publicó un reportaje del frustrado asalto al cuartel militar de Madera, Chihuahua, en el que 12 jóvenes -eran 13, pero uno se quedó en un camión, esperando a sus compañeros para huir del lugar- se enfrentaron a 125 soldados. Ocho de los jóvenes fueron masacrados, aunque ellos también hirieron mortalmente a varios militares.
De ese frustrado asalto surgieron luego 29 grupos guerrilleros que le declararon la guerra al gobierno y originaron la guerra sucia de 1966 a 1981.
En esos años, también surgió la revista Política, de Manuel Marcué Pardiñas, desde donde se dio voz a los disidentes, en una época en la que el gobierno no toleraba la disidencia y no vacilaba en recurrir a la violencia institucional para aplastarlos.
También apareció la revista Por qué, de Renato Meléndez, que se convirtió en portavoz de los grupos guerrilleros y publicó una entrevista exclusiva con el guerrillero rural Genaro Vázquez. En 1974, el gobierno ordenó destruir la imprenta que editaba la revista y detuvo a sus directivos.
En 1976, apareció la revista Proceso que a casi 50 años de fundada se mantiene fiel a su línea crítica del gobierno en turno, lo que le ha merecido ataques virulentos de todos los gobiernos, desde priistas, panistas y morenistas.
En los ochentas del siglo XX, el periodista más destacado en el ámbito nacional era Manuel Buendía. Publicaba la columna “Red Privada”, en la portada del periódico Excélsior, dirigido por Regino Díaz Redondo, que sustituyó a Julio Scherer.
Buendía era crítico del poder, desde el gobierno, las cúpulas empresariales, los sindicatos y el narcotráfico, que creció exponencialmente con la incorporación de viejos comandantes policiacos de la policía judicial federal, la Dirección Federal de Seguridad o la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia, del Distrito Federal, como jefes del narco.
Buendía empezó a publicar de los nexos de policías con el narco y aparentemente se disponía a dar nombres y apellidos de los involucrados cuando fue asesinado en mayo de 1985, presuntamente por agentes de la DFS.
Excélsior era dirigido por Regino Díaz Redondo que llegó a la dirección, impulsado por el presidente Luis Echeverria Álvarez. Por esos días, junto con El Universal, eran los dos periódicos con mayor presencia en todo el territorio nacional y los que más se vendían.
Díaz Redondo utilizó su cercanía con el presidente de la república para conseguir entrevistas con presidentes y primeros ministros de Latinoamérica y Europa, que publicó todos los días, en la portada y pase a interiores, con una página completa o más.
En 1986 fue galardonado con el premio nacional de periodismo, que le otorgó un jurado en el que participó Elena Poniatowska. En el 2000, luego de 24 años de dirigir el diario, fue desconocido y expulsado por los cooperativistas.
