Carisma político en Nuevo Laredo
-Como Fox, ninguno
-Feria del empleo oferta mil 500 plazas
-Sergio Ojeda lidera el Congreso
Tiempo de opinar
Raúl Hernández Moreno
En mi carrera como reportero, dos veces he sido testigo del gran carisma que tenían dos políticos, uno texano y otro mexicano. Ambos, en su visita a Nuevo Laredo, más que políticos, parecían estrellas de la música. Los neolaredenses se les acercaron, les pedían foto, les tocaban el hombro, un brazo, los saludaban de mano. Las mujeres, además de abrazarlos, les plantaban un beso en la mejilla. Los asistentes se desvivían por estar cerca de ellos.
En 1985, Henry Cisneros, entonces el primer hispano en ser alcalde de una metrópoli estadounidense con más de un millón de habitantes, San Antonio, Texas, visitó Nuevo Laredo, invitado por el alcalde Ricardo de Hoyos Arizpe.
El evento público fue frente a la presidencia municipal. Eran unas pocas decenas de público, pero terminado el acto protocolario, funcionarios, regidores, ciudadanos se arremolinaron a su alrededor. Unos le pasaban alguna hoja en blanco para que les estampara la firma, otros lo saludaban, lo abrazaban. Se hizo una fila para tomarse a foto por parte de varios fotógrafos presentes.
Cisneros se dejó querer. Se tomó fotos con todos los que se lo pidieron, dio autógrafos. Pasado el tiempo, llegó a ser, siempre siendo el primer hispano en lograrlo, secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano con Bill Clinton.
En el 2000, el turno le tocó a Vicente Fox, estrenado como el primer presidente del PAN. Tuvo varios eventos en su gira. Uno de ellos fue en el patio de lo que eran las instalaciones del Instituto Nacional de Migración. Cientos de asistentes lo rodearon y se disputaban el honor de tocarle el brazo, la espalda, la nalga. Lo abrazaban, le pedían posar por la foto y él, con sus dos casi metros de altura, se dejó querer.
Su visita fue una locura.
Fuera de Henry Cisneros y Vicente Fox, no hemos vuelto a ver personajes con tanto carisma. Ni en Fidel Velázquez, ni en Luis Donaldo Colosio, Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador o en un intimidante Joaquín Hernández Galicia, que rodeado de decenas de petroleros, más que carisma imponía miedo.
En los tiempos del PRI, los gobernadores eran asediados por sus correligionarios. Tomás Yarrington y Eugenio Hernández tenían mucho arrastre -a Eugenio las señoras le gritaban “Hazme un hijo, Eugenio”- pero nada que ver con el entusiasmo de los dos personajes citados.
Durante 20 años, las visitas de Andrés Manuel López Obrador a Nuevo Laredo pasaron prácticamente desapercibidas. La primera vez, a fines del siglo XX, dio una conferencia de prensa en el restaurante del Motel El Río, con no más de 15 asistentes.
En las siguientes visitas, no más de mil personas iban a escucharlo y no fue sino hasta el 2018, cuando logró reunir entre tres y cuatro mil asistentes. Para entonces, muchos panistas y priistas dejaron sus partidos para tímidamente integrarse a Morena.
AMLO jamás logró el carisma que Fox consiguió en Nuevo Laredo, donde hasta un izquierdista como Jorge Valdez se retrató junto a Martha Sahagún y nadie lo acusó de traidor a sus ideales, porque había tolerancia política.
En otro tema, más de mil 500 empleos se ofertaron durante la Primera Feria del Empleo que organizó el gobierno municipal y que será la primera de varias durante el año.
Empresas y personas en busca de trabajo, pudieron interactuar para ponerse de acuerdo y llegar a un arreglo conveniente para ambas partes.
La alcaldesa Carmen Lilia Canturosas ha girado instrucciones para que la promoción del empleo sea permanente en Ferias y en visitas a plazas públicas y colonias.
Por otra parte, la designación de Sergio Ojeda Castillo como presidente de la mesa directiva del Congreso durante el 2026, lo fortalece en su carrera en la búsqueda de la candidatura a la presidencia municipal de Nuevo Laredo, donde la competencia es bastante amplia.
Si se convirtiera en presidente de la Junta de Gobierno del Congreso aumentaría sus posibilidades, pero esa posición la retiene el ex panista Humberto Prieto, ahora rabiosamente morenista. En fin, éxito.
