Por: René Martínez Bravo
Hay personajes que pasan por la política.
Y hay otros que dejan una huella tan profunda que, aun después de su partida, su presencia continúa influyendo en la vida pública de una región.
Carlos Enrique Cantú Rosas pertenece a esa segunda categoría.
Hablar de él es hablar de Nuevo Laredo, pero también de una época en la que el poder político parecía tener dueño permanente y donde hacer oposición no era precisamente un camino sencillo.
Nacido en Nuevo Laredo el 12 de noviembre de 1940, abogado, agente aduanal y político por vocación, Cantú Rosas construyó una trayectoria que terminó rebasando las fronteras de su ciudad y de Tamaulipas.
Su llegada a la Cámara de Diputados en 1973, como representante del entonces Distrito I, fue apenas el comienzo, y vaya que lo hizo de manera contundente, derrotó en las urnas a Carlos Jonguitud Barrios, enviado desde el centro por el PRI, de donde fue un distinguido miembro, para la contienda frente a Cantú Rosas.
En 1975 ocurrió lo que entonces parecía poco probable: un candidato de oposición ganó la presidencia municipal de Nuevo Laredo.
Cantú Rosas gobernó de 1975 a 1977.
Y aquella elección tuvo un significado mucho mayor que el de un triunfo electoral.
Demostró que el poder podía ser disputado, y vaya que lo demostró con creces, posterior a su gestión en el ayuntamiento de Nuevo Laredo, participó y ganó por tres ocasiones más la diputación federal de su distrito, llegando a ser el Coordinador de la fracción parlamentaria del PARM, distiguiéndose por el papel tan importante que jugó.
«Justicia para gobernar, y honradez para administrar»: esta fue una frase que lo acompañó a lo largo de su vida pública, y puesta en práctica en cada posición que ocupó.
Demostró que el voto podía abrir una puerta.
Y que una sociedad organizada podía modificar, mediante las urnas, lo que durante décadas parecía inamovible.
Su administración dejó obras, escuelas, bibliotecas y el Centro Cívico que posteriormente llevaría su nombre.
Pero su mayor obra no fue de concreto.
Fue política.
Fue haber dejado sembrada en una generación la idea de que la alternancia era posible.
A partir de ahí, la corriente opositora tomó fuerza en el norte de Tamaulipas.
En Matamoros con Jorge Cárdenas, y en Reynosa con Ernesto Gómez Lira y Ramón Pérez García, y otras regiones comenzaron a vivir una transformación política que, con el paso de los años, terminaría formando parte de la transición democrática del estado y del país.
En 1983, Cantú Rosas llegó a la dirigencia nacional del PARM.
Ya no era solamente el líder de Nuevo Laredo.
Su mirada estaba puesta en el país.
Y cuando Cuauhtémoc Cárdenas rompió con el PRI, Cantú Rosas entendió el momento histórico y abrió las puertas del PARM para que Cárdenas fuera postulado como candidato presidencial en 1988, quien se afilió y registró como miembro de ese Instituto Político.
El PARM, bajo el liderazgo del carismático Carlos Cantú Rosas, había llegado a su máxima expresión.
Luego, muy cerca del día de la elección, se unieron tres partidos más, formando el Frente Democrático Nacional.
Aquella decisión colocó a Cantú Rosas en una página fundamental de la historia política mexicana.
https://www.facebook.com/share/p/18KYpvwjoT/
