Comen santos y vomitan diablos

Eduardo Pacheco
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El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
Comen santos y vomitan diablos
El Salmo 91 es, quizás, el texto bíblico más manoseado en los últimos días. A raíz de la detención y muerte de NEMESIO OSEGUERA CERVANTES, “El Mencho”, el mundo descubrió que el criminal más poderoso del planeta buscaba refugio en la divinidad.
En su mesita de noche, en aquel refugio exclusivo del Tapalpa Country Club en Jalisco, reposaba la promesa de que “ninguna plaga tocaría su morada”.
Es la ironía absoluta: un hombre responsable de carnicerías humanas entregado a la protección del Altísimo, rodeado de altares a San Judas Tadeo y la Virgen de Guadalupe.
Este Salmo es conocido como el salmo de protección o la oración de la noche, misma que promete refugio, seguridad y amparo de Dios ante peligros, pestes y temores, asegurando que sus ángeles guardarán a quien confía ante el Altisimo bajo su sombra.
“El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.”
Pero “El Mencho” no es el único que confunde la fe con la impunidad. En Tamaulipas, la religión suele ser el último refugio de los cínicos.
Recientemente, aprovechando el Miércoles de Ceniza, vimos desfilar a políticos que corrieron a marcarse la frente para simular una devoción que sus actos contradicen.
Ahí estaba FRANCISCO JAVIER GARCÍA CABEZA DE VACA, el exgobernador panista que arrastra acusaciones por peculado de miles de millones de pesos, delincuencia organizada y lavado de dinero.
El mismo personaje sombrío señalado por torcer expedientes y cuyos vínculos juveniles con el crimen terminaron en ráfagas de fuego. Para él, la ceniza no es señal de arrepentimiento, sino un cosmético para ocultar las órdenes de aprehensión que aún le quitan el sueño.
Otro que no perdió la oportunidad de exhibir su “religiosidad” fue el Secretario del Trabajo, LUIS GERARDO ILLOLDI REYES. Aunque la Fiscalía Anticorrupción mantenga su expediente en el congelador, sobre él pesa la mancha de la venta de plazas y un enriquecimiento ilícito que clama al cielo.
Es un secreto a voces: los afectados por las tramas de Illoldi han sido amedrentados para retirar sus denuncias. Solo una mujer tiene el valor de no retractarse, enfrenta sola a un sistema que la ignora mientras protege al funcionario.
La fe de estos personajes es una puesta en escena; usan la cruz en la frente como un amuleto contra la justicia, esperan que Dios ignore lo que la ley, por complicidad u omisión, no quiere ver.
La realidad es tajante: no se puede servir a Dios y al crimen simultáneamente. Ni el Salmo 91 ni la ceniza de un miércoles tienen el poder de borrar el robo, la traición o la sangre. La mentira no se perdona con rezos cuando no hay respeto a la legalidad ni a la vida.
Como bien decía el padre de Pepe Villarreal: “Es difícil ser honesto”, y para estos personajes, parece ser una misión imposible. Entre salmos y crucifijos, lo único que queda claro es que, por más que recen, sus pecados siguen gritando en lo público y en lo privado.
Como dicen por ahí, comen santos y vomitan demonios.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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EL PATINADERO
LIC. JUAN ANTONIO MONTOYA BAEZ
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