Por La Libre.
Cuando la libertad no se proclama, se ejerce.
Por Edelmira Cerecedo García
En tiempos donde la palabra suele incomodar y la crítica se confunde con ataque, Tamaulipas transita por una ruta poco común: la del respeto genuino a la libertad de prensa.
No es un discurso para la ocasión, es una práctica que se palpa, se vive y se confirma en espacios donde periodistas y poder coinciden sin temor, sin mordazas y sin simulaciones.
Hoy, bajo el liderazgo del gobernador Américo Villarreal Anaya, la comunicación pública se sostiene sobre un principio elemental pero poderoso: la verdad como eje, la libertad como derecho y el respeto como norma.
En Tamaulipas no se persigue la opinión, no se censura la crítica ni se castiga la pregunta incómoda. Y eso, en un país donde el periodismo ha pagado altos costos, no es menor.
Este ejercicio democrático tiene un rostro visible y un operador eficaz: Francisco Cuéllar Cardona, jefe de prensa del Gobierno del Estado. Su trabajo no se limita a posicionar una agenda; ha sabido construir puentes donde antes había muros, entendiendo que la comunicación social no es propaganda, sino diálogo permanente con la sociedad.
Poner al gobernador a la vista de los tamaulipecos y del país, no como figura distante, sino como un mandatario con sensibilidad y sentido humano, es una tarea que exige oficio, temple y convicción democrática.
La celebración del Día del Periodista en Ciudad Victoria no fue solo un acto protocolario. Fue un mensaje político claro: en Tamaulipas, el periodismo importa. Importa como contrapeso, como memoria y como conciencia social.
Y ahí, en la mesa 12, la tropa mantense dio muestra de que el periodismo regional también construye historia. Gaston Espinoza, Juan Antonio Lerma, Sergio Ramírez, Patricia Pérez, Juan Puga, Ramón Escalante y esta servidora, somos parte de un engranaje que informa desde lo local con responsabilidad, cercanía y compromiso. No llegamos tarde a la noticia ni maquillamos la realidad; llegamos con contexto, con nombre y apellido.
El encuentro con Gerardo Illoldi fue más que una charla casual. Fue un viaje a la memoria política de El Mante, evocando la figura de Rubén Illoldi Garay, operador político en aquella campaña aguerrida que llevó a Fernando Pedraza a la presidencia municipal en 2002.
Porque el periodismo también es eso: recordar de dónde venimos para entender hacia dónde vamos.
Las palabras del gobernador Américo Villarreal al comparar el periodismo con la cirugía no fueron fortuitas. La precisión, la ética y la responsabilidad son esenciales cuando se trabaja con la verdad. Y ejercer el periodismo “dando la cara”, sin anonimatos cobardes, es una postura que dignifica la profesión y eleva el debate público.
Hoy, Tamaulipas crece no solo en infraestructura o indicadores económicos, sino en algo más profundo: en libertades. Y cuando un gobierno entiende que sin periodistas no hay democracia, el futuro se escribe con mayor claridad.
En un estado donde la información fluye sin cercos y la crítica no se castiga, el periodismo no solo sobrevive: se fortalece. Y eso, sin duda, también es hacer historia.
