CUANDO LA PRESIDENTA TE CORRIGE EN PÚBLICO, TE ESTÁ DICIENDO QUE LAS SILLAS LAS PONE ELLA. (Nadie más).

Eduardo Pacheco
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CUANDO LA PRESIDENTA TE CORRIGE EN PÚBLICO, TE ESTÁ DICIENDO QUE LAS SILLAS LAS PONE ELLA. (Nadie más).

Por: Luis Enrique Arreola Vidal

El problema de Tamaulipas no es que falten operadores.

Es que sobran improvisados con complejo de virrey.

Los que rodean al gobernador Américo Villarreal no saben de formas, no saben de Estado y no saben de límites.

Confunden gobierno con capricho.
Y autoridad con humillación.

Creen que el poder es sentar a los alcaldes “donde se merecen”.

Como si fueran empleados.
Como si el municipio fuera un trámite.

Como si el territorio se administrara desde una oficina con aire acondicionado.

Y entonces hicieron lo de siempre:
bajaron al alcalde que no les gusta.

Al presidente municipal de Reynosa, Carlos Peña Ortiz, lo mandaron abajo, al montón, como si fuera un extra.

Como si Reynosa no fuera el epicentro de la frontera.

Como si ahí no se jugara seguridad, comercio, migración y elecciones.

Pero esta vez se toparon con el único poder que no se negocia:

la Presidencia.

Y Claudia Sheinbaum les dio una lección que dolió más que un regaño:
los corrigió sin hablarles.

Lo subió al presidium.
Lo sentó cerca.
Lo integró al primer cuadro.
Lo reconoció como parte del proyecto.

Y con eso exhibió una verdad brutal:

en Tamaulipas el problema no es el alcalde… es el Gobierno del Estado.

Porque cuando tu propia Presidenta tiene que intervenir para que respeten a un alcalde, significa que el estado está gobernado por gente que no entiende el país que pisa.

El mensaje fue un misil:

“No me van a operar Tamaulipas con mezquindades.”

“No me van a construir 2027 humillando municipios.”

“No me van a dividir el territorio con soberbia de rancho.”

Y mientras eso pasaba, Américo —como ya es costumbre— sigue peleado con todos: con los suyos, con aliados, con grupos internos, con los que deberían estar alineados.

Porque cuando un gobernador se dedica a pelear, no construye sucesión.
Construye ruina.

Y aquí viene lo que verdaderamente los pone a temblar:

cuando la Presidenta se mete al primer cuadro en un estado, no es por protocolo.
Es por control.

No es cortesía.
Es mando.

No es un gesto.
Es una advertencia.

Por eso vuelve la frase que Tamaulipas conoce demasiado bien:

Gobernador no pone gobernador… Presidenta pone gobernador.

Y después de este fin de semana, ya nadie puede fingir que no la escuchó.

Porque cuando el poder federal te cambia el presidium…

no te está corrigiendo el evento.

te está corrigiendo la sucesión.

Y en política, cuando te corrigen la sucesión…

es porque ya empezaron a escribir tu salida.

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