“Del Rey del cash” a “Ni Venganza Ni Perdón”

Eduardo Pacheco
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EN PERSPECTIVA

“Del Rey del cash” a “Ni Venganza Ni Perdón”

Por: Omar Orlando Guajardo López

En la política mexicana el libro dejó de ser solo memoria o testimonio: se volvió instrumento. Cuando la disputa no alcanza en tribunales ni en elecciones, se traslada al papel. No es nuevo. Ya ocurrió con El Rey del cash y ahora se repite con Ni venganza, ni perdón. Cambian los autores; la lógica es la misma: impacto mediático primero, verificación después —si es que llega.

El patrón es reconocible. Narrativas construidas desde cercanías rotas, relatos de pasillo elevados a categoría de revelación y juicios personales presentados como si fueran prueba documental. El género no es la investigación judicial: es el ajuste de cuentas editorial.

Julio Scherer Ibarra —abogado y exconsejero jurídico de la Presidencia— junto con Jorge Fernández Menéndez, dispara una batería de descalificaciones contra figuras clave del sexenio anterior. El blanco principal es Jesús Ramírez Cuevas, pero la lista se extiende: Olga Sánchez Cordero, Rocío Nahle, Luisa María Alcalde, Adán Augusto López, Hugo López-Gatell, María Elena Álvarez-Buylla, entre otros. El tono es categórico; la evidencia verificable, ausente. Y eso, viniendo de un jurista, no es detalle menor.

Conviene separar dos planos: el derecho a publicar y el valor probatorio de lo publicado. Lo primero es incuestionable. Lo segundo, discutible. Porque una acusación sin documentos, sin procesos abiertos derivados de ella y sin sustento técnico, pertenece más al terreno de la opinión que al de los hechos. Mucho adjetivo, poca carpeta.

También hay que leer el momento. Cada vez que el obradorismo entra en fase de reacomodo interno o de transición de liderazgo, reaparecen textos que buscan tiznar a todo el bloque completo. No se trata de señalar errores —que los hubo y deben revisarse— sino de instalar la idea de descomposición total. Estrategia de mancha amplia: si no cae uno, que se ensucien todos.

El método no es jurídico: es político. Se erosiona reputación, se siembra sospecha, se obliga a la defensa pública. Aunque nada se pruebe, algo queda. La oposición mediática entiende bien esa mecánica: el desgaste también suma.

Pero hay un riesgo en abusar de esta táctica. Cuando todo se acusa y nada se demuestra, la denuncia pierde filo. El lector deja de ver revelaciones y empieza a ver rencores. Y un libro que promete verdad termina pareciendo vendetta. De El Rey del cash a Ni venganza, ni perdón la fórmula se repite: cercanía convertida en munición. Falta ver si esta vez alcanza para algo más que titulares de temporada.

Porque en política, como en derecho, no todo lo que se afirma se prueba —y no todo lo que vende, convence.

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