¿El fin de la dictadura cubana?

Eduardo Pacheco
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¿El fin de la dictadura cubana?

 

-Pláticas con Estados Unidos para terminar bloqueo

-En 1962, el Che quería atacar a Estados Unidos

-Mayoría de Comapas, quebradas

 

 

Tiempo de opinar

Raúl Hernández Moreno

 

Durante casi siete décadas, la dictadura cubana explotó y promovió el mito de que había un bloqueo de Estados Unidos en su contra, mientras que al mismo tiempo mantenía relaciones comerciales con más de 60 países a los que vendía o compraba toda clase de productos.

En ese tiempo, la dictadura se declaró rabiosamente anti-estadounidense, pero permitió que los cubanos radicados en Estados Unidos, en especial en Miami, enviasen cientos de millones de dólares a sus familiares cautivos en la isla, lo que alivió el hambre de millones.

Hace unos pocos meses, el presidente Donald Trump puso en marcha un bloqueo contra la isla, no total, pero sí real, impidiendo, entre otras cosas, el envío de petróleo de Venezuela y México y la dictadura cedió y su presidente Miguel Díaz-Canel acaba de aceptar que está en pláticas con la administración Trump para terminar el bloqueo.

Distantes están aquellos 13 días de octubre de 1962, cuando los desquiciados Che Guevara y Fidel Castro exigieron a Rusia disparar misiles a Estados Unidos, sin importar el riesgo de desatar una guerra nuclear.

El dictador ruso Nikita Jrushov no hizo caso a las estridencias del par de locos y retiró el arsenal nuclear instalado en la isla cubana. Lo hizo por prudencia, pero también porque admitió que el arsenal de su rival era infinitamente mayor. No había forma de ganarle a los gringos.

El Che y Castro quedaron tan descontentos con el líder ruso que lo llamaron “Nikita, El Mariquita”.

La revolución cubana es un fracaso. Jamás dio libertad a los cubanos y menos solvencia económica. También fracasó en su frustrado plan de exportar la revolución a Argentina, a Perú, al Congo, a República Dominicana, a Bolivia. Fue una cadena de derrota tras derrota.

Hoy se ve una luz de esperanza de que las cosas puedan cambiar en Cuba, no para los militares, que gozan de lujos y privilegios, sino para el pueblo verdadero, para esos maestros que sobreviven con 20 dólares mensuales, para esas mujeres que se prostituyen con los turistas a cambio de comida en un restaurante o por 10 dólares.

Donald Trump ha dicho que quiere democracia para Cuba, a cambio de terminar el bloqueo.

En otro tema, es terca la señora Claudia Sheinbaum. Sus aliados batearon su reforma electoral y ya presentó el Plan B, que incluye modificaciones a cuatro artículos constitucionales y hay el riesgo de que el PT y el Verde, la vuelvan a batear.

Ojalá ese mismo entusiasmo lo usará para atender los grandes problemas nacionales: combatir la inseguridad pública, rescatar la educación pública, sacar de terapia intensiva al sistema de salud, destinar más recursos a obras de infraestructura, apoyar al campo, promover la inversión privada, respaldar al deporte, impulsar la democracia y la participación ciudadana, combatir en serio la corrupción.

Pero no, ella se empeña en concentrar el poder, en fortalecer su autoritarismo. Quiere más poder. No llena.

En la nueva propuesta, la presidenta ataca el federalismo, busca debilitar a estados y municipios, obligándolos a achicar el número de diputados y regidores y a gastar menos. Su gran propuesta, representa un ahorro de 4 mil millones de pesos, una baba de perico comparado con el casi billón -un millón de millones- que se destina al pago de las dádivas sociales y el 1.6 billones de pesos que se destina a la monstruosa deuda pública que arruina al país.

Cuatro mil millones de pesos, no es nada, frente a los 600 mil millones que genera el huachicol fiscal.

En fin, el gobierno controla al Poder Judicial y los nueve ministros con gusto legalizarán cualquier reforma a la ley, que les remita Morena. Ya no hay riesgo de que la Corte rechace cambios legales, como en su momento lo hizo la anterior, cuando declaró ilegal la reforma que transfería la operatividad y control administrativo de la guardia nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional.

En otro tema, fuertes declaraciones de Raúl Quiroga Álvarez, secretario de Recursos Hidráulicos, quien revela que la mayoría de las Comapas en Tamaulipas arrastran deudas desde hace varias décadas.

Dijo son pocas excepciones a la regla y aunque no citó nombres, suponemos que debe estar la de Nuevo Laredo, que históricamente casi siempre opera con números negros, aunque eso sí, sus ingresos son insuficientes para obras de gran calado, como el drenaje sanitario o la planta tratadora, donde le tiene que entrar el NadBank, el gobierno federal, el estatal y el municipal.

En los últimos días, el alcalde de Río Bravo, el panista Oscar Almaraz, ha exigido que el manejo de la Comapa se le ceda al municipio, y Raúl Quiroga reveló que el ayuntamiento tiene una deuda de tres millones de pesos.

En esas condiciones, suena sospechoso el interés de Almaraz en que se le entregue la Comapa, decisión que compete al Congreso del Estado y lo va a batear.

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