El negocio de los DHC

Eduardo Pacheco
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PALACIO

Por Mario Díaz

                    El negocio de los DHC

-Los pesos y centavos superan al mérito de una distinción honorífica

-La explotación del ego personal se ha convertido en un modus vivendi

-Urge que la autoridad regule a universidades y colegios “balines”

  1. Matamoros, Tamaulipas.-Ante la actividad lucrativa en que se está convirtiendo el otorgamiento indiscriminado de doctorados honoris causa es necesario que la autoridad competente regule, principalmente, a universidades, asociaciones y colegios “balines”, cuyos directivos han encontrado un productivo modus vivendi.

El uso de técnicas de mercadotecnia para la venta de “causas de honor” está confundiendo a la sociedad en el real significado y alcance de esa distinción honorífica que cada día genera más incautos con un alto índice de ego personal.

La confusión en torno al doctorado honoris causa es tal que hasta profesionistas universitarios prefieren identificarse como “doctor honoris causa” (Dr. H.C.), relegando a segundo término el título universitario obtenido en el aula escolar de alguna institución reconocida por la Secretaría de Educación Pública.

Al respecto, vale la pena subrayar que generalmente se considera una práctica inapropiada que un doctor honoris causa utilice el título formal de “Doctor”, independientemente de las circunstancias que motivaron el reconocimiento. En las comunicaciones escritas donde se otorga una distinción de esa naturaleza se pueden incluir las siglas “hc” después del título para indicar dicha condición.

En México, el grado de Doctor Honoris Causa es el título honorífico más alto que otorgan las universidades y claustros académicos para reconocer méritos excepcionales, contribuciones a la sociedad o una trayectoria de excelencia en las ciencias, artes, humanidades o labor altruista.

Pero… ¿cuál es la diferencia entre un doctorado académico (PhD) y un doctorado honorífico?

Veamos:

El Doctorado PhD surge de un proceso estructurado y basado en el mérito que implica años de estudio, cursos, investigación y la elaboración de una tesis. El Doctorado Honoris Causa no requiere de ningún trabajo académico y se otorga en función de los logros y la reputación, a veces sin el conocimiento previo del receptor.

Las características clave del DHC son:

-Eminencia y Mérito: Se concede a figuras públicas, investigadores, filántropos o activistas cuyo impacto ha trascendido fronteras.

-Prestigio Institucional: Refleja la autoridad moral y el reconocimiento de la Universidad que la otorga.

-Naturaleza Honorífica: No confiere el derecho a ejercer una profesión regulada (como la medicina o el derecho) ni equivale a un grado académico tradicional.

No obstante, el lucro envuelve a instituciones y organizaciones (particularmente en México y otros países de Latinoamérica) que ofrecen el doctorado honoris causa mediante cuotas de recuperación administrativas o a través de invitaciones directas. Aunque formalmente válido como reconocimiento honorífico, carece del rigor y valor académico de un doctorado obtenido por mérito propio.

Una investigación periodística de DANIEL FLORES, reportero de Reporte Índigo, puso al descubierto la actividad lucrativa que representa la venta de esos títulos honoríficos por parte de organizaciones inescrupulosas. Tras cubrir el pago de 35 mil pesos y enviar vía WhatsApp un breve resumen de su trayectoria profesional, en menos de 24 horas la Organización Mundial de Líderes (OMLID) aprobó su candidatura para obtener el doctorado honoris causa.

El Instituto Mexicano de Líderes de Excelencia es otra asociación civil que coloca en tela de duda la honorabilidad de tal distinción honorífica y abre la puerta a la natural pregunta ¿el doctorado honoris causa es un verdadero reconocimiento al mérito o se trata de un galardón que cualquiera puede obtener con dinero?

El Colegio Internacional de Doctores también se suma a la entrega indiscriminada y, en ocasiones, a ciudadanos sin el mérito necesario, pero con suficiente poder económico para satisfacer su ego personal. Recientemente, en la Antigua Guatemala, organizó la XV Ceremonia Internacional de Colegiación.

Un “colegio de periodistas de Tamaulipas” ofrece al mejor postor doctorados honoris causa nacionales e internacionales a personalidades que se dejan llevar “por el canto de las sirenas”. Tres funcionarios capitalinos de Derechos Humanos y una profesionista del norte de la entidad, figuran entre la lista de afectados moral y económicamente como consecuencia de ese deshonesto modus vivendi.

La Universidad del Sur, con sede en el estado de Chiapas, inició con éxito la distinción de selectos ciudadanos con ese título honorífico. Desafortunadamente, la rectoría de la citada institución universitaria dejó en manos deshonestas esa actividad afectando, por supuesto, la imagen de esa universidad del sureste del país con campus en el estado de Nuevo León.

Otra institución universitaria de rimbombantes siglas en inglés, pero de dudosa reputación está ofreciendo doctorados honoris causa a entregarse en ceremonia programada y reprogramada desde hace dos años en el World Trade Center de Nueva York. La última reprogramación de junio a agosto del año en curso ocasionó trastornos económicos y de logística a algunas personas que se sumaron y aún creen en ese proyecto a desarrollarse en la Gran Manzana.

Desafortunadamente, en México, la Secretaría de Educación Pública (SEP) otorga el Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (RVOE) a instituciones universitarias luego de que éstas presentan programas de estudios y plantel docente, entre otros requisitos, para formar nuevos profesionistas a través del sistema educativo a distancia. Sin embargo, cubiertas las formalidades para operar legalmente, las “universidades patito” se dedican a la venta de doctorados honoris causa sin que aporten a la sociedad ninguna generación de profesionistas.

¿Cómo la ve?

DESDE EL BALCÓN:

I.-Es verdaderamente lamentable que un grupo musical de antaño siga siendo el epicentro de reciente reunión “internacional” de comunicadores en el centro del país y no el eco de alguna ponencia, declaratoria o pronunciamiento.

Tal parece que la “conjunción de veinte países” no dejó ningún saldo favorable en beneficio de representantes y representados.

Ni hablar.

Y hasta la próxima.

mariodiaz27@prodigy.net.mx

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