EL PRI EN TAMAULIPAS VA SOLO POR PLURINOMINALES

Eduardo Pacheco
14 Min Read

Hipódromo Político
Por Carlos G. Cortés García

El pasado viernes estuvo en la capital de Tamaulipas la dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, la Senadora Claudia Ruiz Massieu, con el argumento de tomar protesta a los nuevos dirigentes de su partido en los municipios tamaulipecos. Y digo con el argumento porque entre los escenarios de ese partido para la elección del próximo dos de junio, el escenario óptimo que tiene la dirigente estatal, que no líder, Yahleel Abdalá Carmona, es conseguir sólo dos o tres diputaciones plurinominales que garantizarían que ella, Yahleel, y dos priístas más, de esos que son “destacados“, sean miembros de la XLIV legislatura de Tamaulipas, la 64, porque parece que el proceso no les dará para más. Así, reitero, lo saben Yahleel y su padrino Egidio, a quienes no les importa nada más que hacerse del partido y sacarle al partido la mayor raja política y económica que se pueda.

Y es que no se como piensen que van a lograr más: el último gobierno estatal del PRI fue terrible, lo mismo que el último gobierno federal, sus resultados dejaron mucho que desear y a Tamaulipas le fue bastante mal en ambas administraciones. Entre otras cosas, Egidio, siempre dijo que en el estado no pasaba nada, y si pasó y mucho. Además, ofreció quitar la tenencia vehicular, en varias ocasiones, y de repente se le obnubiló el entendimiento y se olvidó de cumplirles a los tamaulipecos. Y años después esté ofrecimiento se concretó con la administración del Gobernador Francisco García Cabeza de Vaca.

Y entonces, al día de hoy, el PRI puros negativos: los gasolinazos que pusieron el precio de los combustibles por las nubes, afectando económicamente la operación de las familias mexicanas y de las empresas. Si usted, querido amigo, les da una revisada a los precios de principios administración con Enrique Peña Nieto en 2012 y hasta 2019 se dará cuenta que la diferencia en muchos de los productos es abismal.

Al inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto, en 2012, el litro de la gasolina magna costaba $9.82, hoy cuesta entre 19 y 20 pesos, de acuerdo con el lugar de venta. La gasolina Premium costaba en 2012 $10.36, y el litro, hoy está por arriba de los $21.00. El diésel estaba en $11.17, y hoy cuesta $19.70.

En 2012 el kilowatt hora estaba en $0.65, ahora está en $0.793. El dólar costaba alrededor de los $13 pesos y actualmente está en más de $19 pesos. Peña recibió un país endeudado con $4.0 billones y al tercer trimestre de 2018 la deuda era de $10 billones 366 mil 934 millones de pesos netos, lo cual equivale aproximadamente 44% del PIB.

Enrique Peña Nieto al término de su administración logró la menor aprobación popular de cualquier presidente de México, dado que solamente 14 ciudadanos de cada 100, lo aprobaban, lo que significa que 86 no lo aprobaban.

Aunque la administración peñista aseguró que en ese sexenio se generaron más trabajos que en cualquier otra administración, la calidad de los empleos dista mucho de lo que debió haber sido. Se crearon empleos, pero de mala calidad, con salarios bajos, subempleo, con pésimas condiciones laborales para los trabajadores, muchos no están afiliados a ningún sistema de salud. Fue a tal grado mala la generación de empleos entre 2012 y 2018 que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señaló que los salarios de estos trabajos “no servían ni para reactivar el mercado interno de México”.

Con la inercia laboral y económica de la administración peñista, la mayoría de los mexicanos reciben hoy menos de dos salarios mínimos como ingreso. En 2013 los trabajadores en estas condiciones eran 24.5%, y en 2017 esa cifra aumentó a 27.5%. La cantidad de trabajadores que reciben como pago menos de un salario mínimo también aumentó: en 2013 eran 12.94% y en 2017 son 14.35%.

Y aunque en sus discursos y campañas de medios, el gobierno federal aseguraba que el salario mínimo se había incrementado 11.5% en el sexenio de Peña Nieto, “la mayor recuperación para un mismo periodo en 41 años”, y que esto significaba una recuperación de compra de 13.5%, no hay nada más falso, pues hay que considerar lo que en economía se llama “salario real” y ello es la cantidad de salario que queda a tu paga una vez que a tu dinero se le resta la inflación o el aumento de precios.

Ello explica que las personas sientan que les alcanza para lo mismo cuando les aplican aumentos en transporte, tortilla, electricidad o gasolina. En los primeros cuatro años del gobierno de Enrique Peña Nieto, el salario real subió 2.65% una vez descontados la inflación y el aumento en los precios, es decir, que el 13.5% de aumento que pomposamente anunciaba el gobierno federal era falso, en términos reales.

El precio por kilo del huevo, en 2012, estaba en alrededor de 12 pesos y actualmente, en algunos estados, puede llegar hasta los 30 pesos por kilo. En cuatro años, el gobierno peñista gastó más de 36 mil millones de pesos en publicidad oficial, lo que significa que cada día se gastaron 24.8 millones, poco más de 1 millón por hora, rebasando así en 71% lo que el Congreso le autorizó para ello. Todo ello en el ámbito federal no es una muy buena recomendación para el PRI.

En lo estatal, de Egidio Torre Cantú, su administración también quedó a deber mucho a los tamaulipecos. Ha sido un secreto a voces que posee una casa valorada en 340 millones de pesos. Es una mansión construida sobre una superficie de 8,357 metros cuadrados, en el predio “La Ventura”, del municipio San Pedro Garza García, Nuevo León, ubicada en la avenida Santa Bárbara #310, que habría sido adquirida, según el contrato de compra venta, por una prestanombres: María Concepción Villar Manrique de Lara. La Casa Blanca de Peña Nieto es un juego de niños junto a la mansión del Exgobernador del bigotazo.

Del primero de enero de 2011, fecha en que Egidio Torre Cantú asumió el cargo como Gobernador al 30 de septiembre de 2016 en que terminó su gobierno, pasaron muchas cosas en el estado que dejaron sin esperanza a los tamaulipecos, lo que fue un clavo más para el ataúd priísta en las elecciones de junio de 2016 y en julio de 2018, y será igualmente en la elección del 2 de junio próximo.

Además, el gobierno de Torre Cantú, ha sido acusado por innumerables actos de corrupción: tuvo una numerosa fuerza aérea en la nómina de 2 mil 395 “empleados” que no asistían a sus centros de trabajo a laborar, mejor conocidos como “aviadores”. También se autorizaron contratos por cientos de millones de pesos a empresas fantasmas; se desaparecieron cientos o miles de expedientes, hubo sobreprecio en las contrataciones; dejaron una profunda deuda en el instituto de pensiones de Tamaulipas por mil 392 millones de pesos, que puso en riesgo el fondo de pensiones de los trabajadores. Y de los diezmos se acusa que fue práctica común en ese gobierno.

También, durante nueve meses, dejaron de pagar a la Secretaría de Hacienda el Impuesto Sobre la Renta de los empleados estatales y la infraestructura del estado, a la llegada del nuevo gobierno, estaba en muy mal estado: vehículos descompuestos; equipos obsoletos y la tercera parte del personal adscrito en áreas distintas a las que formalmente estaban asignados.

En este gobierno de Egidio hubo un manejo abusivo de las finanzas del estado que derivó en una carga fiscal insostenible y que afectó la operación de programas sociales y proyectos de infraestructura urgentes para la población; las instituciones públicas se mantuvieron a lo largo de ese sexenio alejadas de los intereses de la sociedad y fueron dirigidas a privilegiar los intereses particulares y de grupo.

La ausencia de autoridad de esos seis años provocó vacíos muchos de los cuales fueron ocupados por intereses particulares asociados a grupos criminales y el manejo discrecional de los recursos públicos y una administración irresponsable de las finanzas estatales, generó un incremento considerable de la deuda pública heredada, que para 2016 ascendió a más de 17 mil millones de pesos.

Al término de la gestión de Egidio, más del 30 por ciento de la población se encontraba en pobreza extrema, lo que equivalía en ese momento a un millón 150 mil tamaulipecos que vivían en esa condición. Además, nunca se supo con claridad en dónde fueron aplicados los recursos públicos presupuestales del 2011 al 2016 porque no se reflejaban en la realidad que vivía la entidad al término del gobierno del priísta.

A finales de 2016, más de dos millones de tamaulipecos vivían en exclusión y marginación, al padecer al menos una carencia social. A lo largo del gobierno de Egidio no existió una política pública de atención a los jóvenes, a quienes se les orilló a tomar caminos sin rumbo. Torre Cantú no fue capaz de generar los empleos que se necesitaban y su gobierno se condujo con discrecionalidad y un manejo electoral de la política social. En resumen, el Gobierno del PRI de los últimos años en Tamaulipas, fue un gobierno ausente de los programas que diariamente vive la gente lo que contribuyó a la espiral de violencia que entregó Egidio Torre Cantú el 30 de septiembre de 2016. No fue fortuita, me queda claro, la escandalosa derrota del PRI en las urnas del 5 de junio de 2016.

El ex mandatario entregó al nuevo gobierno un Tamaulipas en estado de emergencia, que puso en evidencia la omisión, la complacencia y la complicidad de gobernantes que toleraron todo. Se recibieron instituciones de seguridad debilitadas, y de un universo de 9 mil policías estatales que requería Tamaulipas, se recibió una corporación con solo 2 mil 700 elementos, lo que despierta profundas sospechas ante una clara ausencia de estrategias de reclutamiento.

Todo lo anterior, más el resultado electoral del pasado 1 de julio, demuestra que hoy el PRI está en una circunstancia delicada, no lograrán mucho por más que le destinen recursos y esfuerzos y, de no incorporar a nuevos cuadros, con el sello de honestidad y de valor ciudadano, la elección del próximo 2 de junio pasará para el tricolor sin pena ni gloria. Insisto, Yahleel ya tiene marcado su destino. Será legisladora plurinominal lo que no me parece ni justo ni correcto que por sólo ocupar un cargo partidista le regalen una chamba por los próximos dos años. ¿No hay más priistas de valor que merezcan ser, aunque no tengan cargo de dirección en ese partido? ¿No ve la dirigencia el tsunami que nuevamente está por arrasarlos? ¿Su miopía es tal que no ven el panorama con claridad? Si desprecian a los priístas de cepa, a los que se han fregado el lomo durante mucho tiempo y muchas elecciones, si no cambian el discurso y los personajes, con la pena, van a volver a ser derrotados.

Durante muchos años se dijo que el PRI, o cambiaba o lo cambiaban. No cambio, ni cambiará. O como dicen en mi pueblo, chango viejo no aprende maroma nueva. Y en ese sentido la derrota para el tricolor será nuevamente escandalosa. ¿No cree?

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