Erasmo González Robledo: Del universo de la locura política a los pendientes sin resolver.

Eduardo Pacheco
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Erasmo González Robledo: Del universo de la locura política a los pendientes sin resolver.

Por: Luis Enrique Arreola Vidal.

El 16 de febrero de 2026, la portada de El Diario MX no dejó lugar a dudas: “Crea Erasmo red de empresas ‘fantasma’” y “les da contratos millonarios por adjudicación directa”.

No se trata de rumores ni de panfletos opositores, sino de una primera plana que documenta empresas recientemente constituidas, domicilios inconsistentes, representantes legales compartidos, giros que no coinciden con las obras asignadas y montos que superan el millón de pesos, con información incompleta en la Plataforma Nacional de Transparencia.

Mientras esa portada circulaba en Ciudad Victoria y más allá, el alcalde de Ciudad Madero, Erasmo González Robledo, aparecía en entrevista desde Playa Miramar con Armando Orta, proyectándose como “listo” para aspirar a la gubernatura de Tamaulipas.

Habló de obras, pavimentación y coordinación institucional, pero dejó caer la frase que altera todo el panorama: está preparado para gobernar el estado.

El contraste es brutal. Tamaulipas tiene gobernador en funciones: Américo Villarreal Anaya, quien ejerce el mandato constitucional con dos años por delante.

No hay proceso electoral abierto para la gubernatura, no hay vacante ni transición en puerta. Anunciar que se está “listo” para sustituirlo en este momento no es mera ambición política; es una sucesión adelantada que, en el lenguaje crudo de la política mexicana, huele a traición institucional prematura.

La disciplina partidista y el respeto al jefe político vigente no son sumisión, son realidad.

Ignorarlos mientras se posan para entrevistas playeras es precipitación, no audacia.

Pero la portada de “empresas fantasma” no es un incidente aislado.

Acumula un patrón de cuestionamientos que vienen de lejos y que Erasmo ha negado sistemáticamente, sin desmontarlos con claridad exhaustiva y documentada.

Desde 2021 —cuando era diputado federal—, su nombre apareció en narrativas públicas ligadas a Sergio Carmona Angulo, el empresario conocido como “el Rey del Huachicol”, asesinado en 2021 en una barbería de San Pedro Garza García. Fuentes periodísticas, bitácoras de vuelo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y reportajes detallados señalan que Erasmo compartió al menos dos vuelos privados con Carmona y Mario Delgado (entonces en ascenso en Morena): uno en un Hawker 800 SP (matrícula XB-PND) el 3 de marzo de 2019, de 30 minutos sobre CDMX; otro en un Hawker 700 (N70HB) el 30 de marzo, de más de una hora.

Documentos oficiales, no chismes.
Se le ha señalado como el “enlace VIP” o “facilitador” que presentó a Carmona en los círculos cercanos de Morena, incluyendo a Delgado y presuntamente a Jesús Ramírez Cuevas, permitiendo que recursos presuntamente provenientes de huachicol fiscal (evasión aduanera y contrabando de combustibles) fluyeran hacia financiamiento de campañas en 2018, 2021 y más allá.

Testimonios de testigos protegidos (como Julio Carmona, hermano de Sergio) y publicaciones en medios nacionales e internacionales han alimentado esta percepción de patrón: vuelos de lujo, camionetas blindadas, reuniones en CDMX y un rol de conector entre el submundo del huachicol y las arcas políticas.

No hay condena judicial firme contra Erasmo por estos hechos —él lo ha negado todo, calificándolo como “rumores de oposición” o “historias inventadas”—, pero la acumulación de señalamientos persiste: desde el PAN en su momento, pasando por denuncias ante la FGR, hasta menciones en investigaciones binacionales que involucran DEA y FBI por lavado y contrabando transfronterizo.

Hoy, en su alcaldía, el patrón parece repetirse: adjudicaciones directas millonarias a empresas con perfiles operativos dudosos, opacidad en contratos, deudas sindicales pendientes (como el laudo de más de 51 millones al SUTSHA) y críticas internas incluso de regidores de su propio bloque por evasión de responsabilidades.

El problema no es aspirar a la gubernatura.

Cualquiera puede soñar con el cargo.

El problema es hacerlo sin haber despejado el terreno: sin justificar cada adjudicación directa, sin publicar contratos completos, sin acreditar la capacidad real de proveedores, sin explicar vínculos pasados y presentes que siguen en el aire.

En política mexicana, hemos visto esta película demasiadas veces: portada incómoda, negación, aspiración prematura y, finalmente, escrutinio nacional que eleva la lupa de lo municipal a lo federal.

Tamaulipas no necesita ilusiones ni saltos sin red.

Necesita claridad.

Y la claridad respondiendo lo pendiente —la portada, los folios, los domicilios, los vuelos, los nombres que no se disuelven— antes de anunciar lo siguiente.

Mientras más alto se anuncia el salto, más fuerte será el impacto si el piso no está firme.

Antes de hablar de gubernatura, antes de posar en la playa, hay algo elemental: Tamaulipas tiene gobernador.

Está en funciones.

Y le restan dos años.

Respetar eso no es debilidad; es cordura política.

Lo demás corre el riesgo de convertirse en un universo de locura… donde la realidad cobra factura.

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