Fiestas patronales, arquitectura y arte sacro, atraen turismo

Eduardo Pacheco
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Reflector/Gilda R. Terán

Fiestas patronales, arquitectura y arte sacro, atraen turismo

 

En Tamaulipas impulsamos con fuerza el turismo religioso, contamos con importantes destinos de fe que atraen a miles de visitantes, quienes admiran el arte sacro, la impresionante arquitectura religiosa y las vibrantes celebraciones que forman parte esencial de nuestra identidad cultural.

 

Así lo señaló Benjamín Hernández Rodríguez, secretario de Turismo en Tamaulipas, quien destacó que en la entidad se encuentra la Virgen de El Chorrito, en el municipio de Hidalgo, considerado el santuario católico más visitado del noreste de México.

 

Además, una joya del arte sacro resalta en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves en Palmillas, la más antigua que se construyó en el estado; la primera piedra se colocó en 1745, cuenta con un retablo con detalles labrados a mano, recubiertos con hoja de oro, refirió.

 

Cabe destacar que a nivel nacional hay 81 catedrales, cuatro de ellas en Tamaulipas: la Catedral de la Inmaculada Concepción en Tampico; Catedral del Espíritu Santo en Nuevo Laredo, Sagrado Corazón de Jesús en Victoria y Nuestra Señora del Refugio en Matamoros, Tamaulipas.

 

En ellas luce su belleza arquitectónica y son visitadas además, de los peregrinos por turistas locales, nacionales y extranjeros, señaló el titular de Turismo en Tamaulipas.

 

Además, las fiestas patronales brillan con color, música y devoción, creando experiencias inolvidables para los visitantes a nuestro bello estado, un estado que lo tiene todo, por ello y más, Tamaulipas seguro te enamora, concluyó Benjamín Hernández Rodríguez, secretario de Turismo en Tamaulipas.

 

“DIME DE QUE PRESUMES, Y TE DIRÉ……”

 

“Hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir”, Honoré de Balzac.

 

Tal pareciera que las redes sociales, fuera como tierra fértil para la vanidad y la soberbia, ya que que alardear los hace sentirse poderosos, ya que muchos viven en la jaula de las apariencias.

 

Algunos viven posando como maniquíes en un escaparate, alimentando y creciendo con fuerza la vanidad, sin embargo, esta tendencia delata nuestras carencias emocionales, anhelamos que nos quieran tal como somos, pero no mostramos nuestro verdadero rostro por

miedo al rechazo, y a menudo vivimos en la cárcel de lo que piensan las personas de nuestro entorno, acechados por el fantasma de la eterna comparación.

 

Hay muchas personas que necesitan alardear de sus cualidades y presumir de sus triunfos y casi siempre viven pendientes de exhibir sus méritos y, si es posible, adquirir un escalón por encima de los demás.

 

Y es que para ellos su alimento emocional son los aplausos y el reconocimiento externo, sin embargo, como no es oro todo lo que reluce, en su interior esos seres humanos podrían tener un gran problema con sus símbolos de identidad.

 

En la vida real, estos individuos presumen mucho de sus logros y competencias necesitan llenar un vacío existencial, sus alardes son una estrategia compensatoria para compensar simbólicamente su identidad, llenando la parte que les falta.

 

Para ellos estos símbolos, son aquellas características con las que se sienten definidos y además reconocidos, ejemplos como el ser músico, investigador, profesor, magnates, figuras públicas, para ser reconocidos por la sociedad y estas etiquetas les da seguridad para una falsa imagen de ellos mismos.

 

Y la ausencia de estas, les conduce a la exageración del “yo”, es decir un “narcisista”, el cual tratara de inflar su ego, para sentirse reconocido en algún grupo social, o es más hasta la aceptación de sí mismo es un grave problema que le fragiliza entumeciendo su vacío existencial.

 

La psicología indica; que las personas que se sienten completas y seguras de sí mismas no necesitan presumir constantemente de sus logros y cualidades porque les basta el reconocimiento interno, no necesitan que se les aplaudan para apuntalar su “yo”.

 

Ya que si cuentan con una gran experiencia en una actividad, por ejemplo, no llaman infinitamente la atención de los demás sobre sus características o competencias; dicha persona llevará a cabo sus tareas cotidianas en una atmósfera de modestia y sin pretensiones.

 

A decir verdad, las personas con espíritu narcisista, sufren en demasía, ya que como alardean mucho no están dispuestas a tolerar “insuficiencias” en las dimensiones importantes de su autodefinición.

 

Hasta la próxima.

gildatern@yahoo.com.mx

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