Fracaso de la educación pública
-Ser todólogo no garantiza resultados
-Es necesario invertir más recursos
-Los mejores titulares de la SEP fueron escritores
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Raúl Hernández Moreno
Problema ancestral en México, es el de los funcionarios todólogos.
Durante la dictadura democrática de Benito Juárez, de 1858 a 1872, Melchor Ocampo ocupó las secretarías de Relaciones Exteriores, Estado y Gobernación, Estado y Despacho de Fomento, Guerra y Marina, Hacienda y Crédito Público.
En esos 14 años hubo 115 ministros y hubo liberales que eran muy cultos, que ocuparon diversas carteras, como Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano, Miguel Lerdo de Tejada, Guillermo Prieto, José María Iglesias, Ignacio Vallarta, Sebastián Lerdo de Tejada, Melchor Ocampo, entre otros, pero de ahí a que en todas las posiciones pudieran rendir al 100 por ciento, es otra cosa.
Ser todólogos no los hace inteligentes o cultos, en todo caso su acceso es el resultado de que son leales al gobernante en turno. O como diría ese gran ignorante que es Andrés Manuel López Obrador: 10 por ciento de capacidad y 90 por ciento de lealtad.
Cuando Mario Delgado fue designado secretario de Educación, anticipamos que sería un desastre y lo es. El último secretario de educación eficiente fue Agustín Yáñez, en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz y de eso han pasado 56 años.
Los grandes secretarios de educación que ha tenido México -nacimos en 1824, antes no existíamos como nación- han sido escritores: Justo Sierra, José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez y párele de contar.
La educación pública en México, en términos generales, es mediocre y lo es por muchas razones. Para empezar la SEP está politizada; a ello hay que agregar el magro presupuesto que se destina a educación. Los edificios deben estar mejor acondicionados y equipados, los maestros deben ganar el doble, el triple y más, para que estén dedicados a la enseñanza y poder exigirles mejores resultados.
Pero, además, pareciera que a los gobiernos de derecha e izquierda no les interesa educar a los mexicanos, por temor a que se politicen y reclamen sus derechos. Es mejor que la mayoría permanezca inculta e ignorante y si para ello es necesario regalarles dieces, desde primaria a universidad, pues hay que regalárselos, aunque sean unos jumentos.
Por nuestra parte, desde hace muchísimos años somos de la opinión de que la educación es un tema tan importante que los padres de familia no podemos ni debemos dejar en manos del gobierno. Lo mejor es la educación privada, buscando una escuela de verdad, y el que tenga dinero para enviar a estudiar a sus hijos a universidades del extranjero -lo hacen los políticos y los narcos- que lo haga.
Con tipejos como Mario Delgado nunca habrá avances reales en la educación, más que de a mentiritas, como lo hace la UAT, desde hace años, en que cada fin de semestre premia a sus mejores alumnos, los que tienen nueves y dieces, aunque se los hayan regalado.
Más que recortar el calendario electoral, se deben ampliar las horas diarias que el alumno va a la escuela, pero alimentándolos y mejorando las condiciones materiales de los planteles, para que estén cómodos. Pero para eso se necesita mucho dinero y el gobierno prefiere tirarlo en proyectos fallidos.
