Ganado sonorense cruza la frontera… y Tamaulipas se queda rumiando

Eduardo Pacheco
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Por José Gregorio Aguilar

El gusano barrenador convierte la exportación en un sueño lejano

Mientras en Sonora los ganaderos ya preparan el desfile de reses rumbo a Estados Unidos, en Tamaulipas la exportación sigue siendo un espejismo. El hato sonorense pasó tres inspecciones estrictas —tuberculosis, baño y hasta ivermectina— y obtuvo el visto bueno para enviar mil 300 cabezas diarias al mercado norteamericano.

En contraste, Tamaulipas carga con el lastre del gusano barrenador, esa plaga que convierte cada becerro en un riesgo sanitario y cada intento de exportación en un trámite imposible. El subsecretario de Desarrollo Pecuario, Cuauhtémoc Amaya García, reconoció que el estado trabaja en un protocolo “distinto”, pero la realidad es que hoy los ganaderos tamaulipecos están fuera del negocio.

La propuesta en análisis suena más a consuelo que a solución: permitir exportaciones parciales en estados con gusano, siempre que cumplan otros requisitos como el estatus en tuberculosis bovina. En otras palabras, un permiso condicionado que no borra la etiqueta de focos rojos.

El funcionario insiste en que la reapertura no sería general ni inmediata, sino gradual y ordenada. Pero en el campo tamaulipeco la paciencia se agota: mientras Sonora celebra su reinicio, aquí los productores siguen rumiando pérdidas.

El año pasado se habló de una apertura gradual, pero el gusano barrenador volvió a poner la cerca más alta. Hoy, la esperanza depende de un protocolo que aún está en papel y que difícilmente cambiará la percepción internacional de riesgo.

Aunque Tamaulipas presume ser potencia ganadera, no puede cruzar ni una res, mientras Sonora se convierte en el escaparate de la sanidad bovina mexicana

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