Columna Rosa, sólo para Mujeres.“Gobierno y sociedad tejen bienestar por Tamaulipas.”
Por: Lic. Bárbara Lera Castellanos.
El estado de Tamaulipas ha sido históricamente asociado con retos complejos: violencia, desigualdad, migración, rezagos urbanos y rurales que ponen a prueba la capacidad institucional y la fuerza de la comunidad.
Sin embargo, en los últimos años se observa un giro importante hacia la construcción de bienestar desde una lógica de corresponsabilidad.
El gobierno estatal ha impulsado políticas y programas donde la participación ciudadana y el trabajo con organizaciones de la sociedad civil dejan de ser un discurso para convertirse en eje transversal de la acción pública, como se refleja en la Ley de Participación Ciudadana y en distintos instrumentos de planeación, según el Congreso de Tamaulipas.
En Tamaulipas, la Secretaría de Bienestar Social y el DIF estatal han ido configurando un entramado de programas que buscan colocar a la persona y a la familia como centro de la política social.
Estrategias como “Lazos del Bienestar” convocan a organizaciones de la sociedad civil para intervenir en polígonos urbanos de alta y muy alta marginación, articulando acciones en salud, alimentación, educación, prevención del delito y mejoramiento de espacios públicos.
Esta lógica interinstitucional vincula al sector público, privado y a las OSC para combatir carencias sociales de manera focalizada y con participación comunitaria directa.
Otro ejemplo de esta alianza es el impulso a la formación de asociaciones civiles mediante convenios entre el gobierno y el Colegio de Notarios, facilitando la creación gratuita de organizaciones que fortalecen el desarrollo social y la participación ciudadana.
De igual forma, programas de coinversión con instancias federales como Indesol han permitido que decenas de proyectos sociales reciban recursos para atender grupos prioritarios en diversos municipios, profesionalizando el trabajo comunitario.
En el marco del Programa Institucional del DIF Tamaulipas 2023–2028, la participación ciudadana se integra como eje transversal para construir una sociedad colaborativa que respalde la acción gubernamental y amplíe su alcance en beneficio de las poblaciones vulnerables.
Estas iniciativas muestran que la gobernanza en Tamaulipas transita hacia un modelo donde el gobierno ya no pretende ser el único protagonista, sino un articulador de voluntades y capacidades sociales.
Cuando una organización de barrio, una asociación civil o un grupo de vecinos se vincula con estos programas, el tejido social se robustece: la comunidad deja de ser objeto de atención y se convierte en sujeto activo de transformación, aportando sus saberes, su identidad y su esperanza.
Pensar en Tamaulipas solamente desde sus problemas sería negar la dignidad y la historia de quienes lo habitan.
Las acciones conjuntas del gobierno y de la sociedad civil nos recuerdan que el bienestar no se decreta: se construye día a día en la calle, en la escuela, en la colonia y en la familia.
Cada programa social, cada convocatoria a organizaciones, cada mecanismo de participación ciudadana es, en el fondo, una invitación a reconocernos como parte de una comunidad que no se resigna.
Desde una perspectiva humanista, el verdadero logro no se mide únicamente en estadísticas, sino en la capacidad de tocar vidas concretas: la niña que encuentra un espacio seguro para jugar, el joven que descubre alternativas frente a la violencia, la madre que se sabe acompañada por instituciones y vecinos.
Tamaulipas se transforma cuando el gobierno y la sociedad civil ponen al ser humano en el centro y reconocen que el otro no es enemigo ni beneficiario pasivo, sino compañero de camino.
En ese encuentro, el estado deja de ser un territorio de riesgo para convertirse en una tierra de posibilidades compartidas.
