Palabras libres
La delicadeza de los tratos y la belleza de las formas
Hay mil formas de viajar por la vida. La vida misma es un viaje en el que somos peregrinos del asombro, vivimos y aprendemos.
Es un arte supremo saber detenernos y hacer una pausa en el camino para admirar la belleza de los paisajes que Dios nos regala cada día. Así renovamos la esperanza y caminamos con fe, sin agraviar a nadie.
Y en nuestra esperanza se refugia el milagro de volver la vista atrás: recordar la armonía de las viejas costumbres, la elegancia de las formas y la sutil delicadeza de los tratos que antaño llenaron de civilidad y paz el alma social.
Estoy convencido de que, si rescatamos la decencia, el respeto y la responsabilidad, no haremos más que embellecer el alma, devolviéndole a la vida su verdadera dignidad, estatura moral y un sentido más elevado en lo humano.
Recuperarnos en los valores, es recuperar la vida, nos humaniza tanto que bien podemos disfrutar a plenitud cada instante, es llenar el corazón y el alma de cosas buenas; es tener un mirar y una forma de ser más humana, para transitar por la vida sin causar daño.
