La historia no se decide con comunicados ni con tratados ruidosos. 

Eduardo Pacheco
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GANAR TIEMPO.
Por Luis Enrique Arreola Vidal
La historia no se decide con comunicados ni con tratados ruidosos.
Se decide con silencios.
Con gestos que no se hacen.
Con guerras que no estallan.
Con líneas que nadie firma y todos respetan.
En el mundo multipolar que se consolida, ganar ya no significa conquistar, sino evitar pérdidas irreversibles.
Prudencia, no heroísmo. Economía del riesgo, no espectáculo.
Hoy el sistema internacional vuelve a moverse fuera del papel: pactos tácitos, desescaladas por omisión, prioridades reordenadas.
No por virtud, sino por escasez.
Ninguna potencia puede sostener tres frentes calientes sin pagar un precio interno.
Y cuando el porvenir es incierto, ganar tiempo es poder.
El cálculo frío de Washington.
Para Estados Unidos, el dilema no es moral; es logístico, industrial y político.
Europa del Este, el Indo-Pacífico y el Caribe no caben con la misma intensidad en el mismo presupuesto, el mismo calendario electoral y la misma paciencia social.
Por eso Ucrania se desliza hacia el terreno real de las guerras modernas: congelamiento.
No victoria total.
No rendición.
Congelar para administrar.
Congelar para priorizar.
Congelar para mover recursos.
No hay un “trato” firmado; hay comportamientos: bajar el volumen sin reconocer anexiones; aceptar hechos de facto sin bendecirlos; comprar tiempo.
Europa: no impotente, sí dependiente.
Europa no está desarmada. Tiene industria, ejércitos, inteligencia y dos potencias nucleares.
Lo que no tiene, sin Washington, es el andamiaje completo: mando integrado a escala, logística profunda, reabasto sostenido y defensa aérea en red. Resiste, sí. Disuade rápido, no.
Ese matiz lo entiende Rusia. Por eso empuja zonas colchón y convierte frentes en fronteras de facto.
No busca desfilar en capitales europeas; busca anclar líneas y elevar el costo de moverlas.
Ucrania y la “ilegitimidad”: munición narrativa.
Decir que Volodímir Zelenski “carece de legitimidad” es útil para la propaganda, pero insuficiente para el derecho.
La ley marcial suspende elecciones nacionales. El costo democrático existe; la ilegalidad automática, no.
La discusión jurídica es compleja; la narrativa es simple. Y en guerra, lo simple corre más rápido.
Siria e Irán: las válvulas de presión que sostienen el tablero.
Aquí está el subtablero que explica por qué no hay grandes tratados y sí grandes omisiones.
Siria es la ancla rusa: presencia persistente, bajo costo relativo, proyección naval y aérea.
No necesita avanzar; necesita permanecer.
Mantener Siria es recordar que los conflictos pueden no cerrarse y aun así condicionar decisiones en otros escenarios.
Irán es el multiplicador asimétrico: milicias, rutas marítimas sensibles, presión energética.
No busca victoria convencional; busca ingobernabilidad selectiva.
Cada vez que sube la presión en un frente, Irán redistribuye el costo en otro.
Rusia aporta protección diplomática y presencia; Irán, milicias aliadas y ruido; China, cobertura económica y veto político.
Juntos crean un ecosistema de fricción permanente que permite negociar sin firmar, disuadir sin atacar y ganar tiempo sin disparar.
Venezuela: el laboratorio normativo.
Venezuela no es periférica: es precedente.
Si la remoción o captura de un jefe de Estado se normaliza sin mandato multilateral, la soberanía se vuelve condicional.
Hoy es Caracas; mañana, cualquiera.
Aquí convergen intereses: Rusia eleva costos y preserva palancas; China protege activos y contratos; Brasil arbitra para evitar la guerra y capitalizar liderazgo.
BRICS hace lo que mejor sabe: amortiguar. No dispara; deslegitima. No invade; encarece. Finanzas, comercio y narrativa. El martillo no; la cuña sí.
Taiwán: neutralizar sin ceder.
La cirugía fina del tablero.
Taiwán no se “entrega”; se gestiona. Neutralizar no es abandonar; es volver a la ambigüedad eficaz:
1.Retórica baja, capacidad alta.
2.Disuasión por negación. (hacer la invasión demasiado costosa).
3.Status quo como doctrina pública.  (no independencia unilateral; no unificación por la fuerza).
4.Integración silenciosa.  (resiliencia civil y cadenas de suministro).
Eso no es debilidad; es economía del riesgo.
Para China, el negocio manda; pero Taiwán es soberanía.
Precisamente por eso, la estabilidad —no el show— compra tiempo.
México y la virtud estratégica de ganar tiempo.
Aquí entra Claudia Sheinbaum. Su política exterior no es tibieza ni complicidad. Es estrategia.
México no es potencia militar global ni árbitro del sistema.
Es país bisagra: comercio, migración, energía, legitimidad hemisférica.
En un tablero saturado de fricción, sobrerreaccionar sería regalar cartas; alinearse sin matices, perder margen; romper puentes, pagar costos internos.
La apuesta de Sheinbaum es ganar tiempo:
•Neutralidad activa, no silencio pasivo.
•Puentes abiertos, no cheques en blanco.
•Derecho internacional como paraguas, no como consigna.
Ganar tiempo no es inmovilidad; es opcionalidad.
Es conservar grados de libertad mientras el sistema se reacomoda.
En política —como en la guerra moderna— decidir después puede ser la mejor decisión cuando el porvenir es incierto.
El tablero real (hoy).
•Ucrania: frontera congelada, garantías limitadas, guerra administrada.
•Europa: rearme acelerado, dependencia militar de Estados Unidos.
•Siria–Irán: válvulas de presión que redistribuyen costos.
•Venezuela: disputa normativa, presión indirecta, mediaciones cruzadas.
•BRICS: paraguas del Sur Global, amortiguador del costo.
•Taiwán: silencio estratégico, disuasión creíble, cero provocación.
•México: ganar tiempo para preservar margen.
No hay un “gran trato”. Hay grandes omisiones. Y en geopolítica, omitir es decidir.
Entramos en una era donde ganar no es avanzar, sino no perder.
Donde la victoria rápida cobra intereses y la prudencia paga dividendos invisibles.
Donde el poder se mide por la capacidad de cerrar frentes sin incendiar otros.
Quien confunda silencio con rendición no entiende el tablero.
Quien confunda firmeza con ruido, tampoco.
En esta partida —la más peligrosa del siglo— ganar tiempo es la forma más inteligente de ganar sin disparar.
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