El PatinaderoJuan Antonio Montoya Báez
La misma canción desentonada
Las preguntas y respuestas salen sobrando; conocemos sus deseos sin esforzarnos demasiado. En este momento, y durante las siguientes semanas, la respuesta será exactamente la misma:
—Sí, acepto, porque tengo los méritos, me lo merezco, por mi gran trabajo y por mi sacrificio por la ciudad.
Cualquier alcalde de Morena en estos tiempos, sin importar sus circunstancias personales ni la situación real que se viva en su respectivo municipio, responderá con cinismo que cuenta con el apoyo de su pueblo para ser reelecto como jefe edilicio.
Hace semanas, un líder reconocido de la 4T se acercó al alcalde de Matamoros, Beto Granados, para conversar respecto a sus proyectos políticos y la estrategia para consolidarlos rumbo al 2027. Granados comentó que está más que listo para la reelección; aseguró que ya la tenía “planchada” con el gobernador Américo Villarreal Anaya, a quien presuntamente entregó las encuestas de su desempeño en Matamoros.
El edil presumió tener una calificación altísima en todas las colonias populares y ejidos, aunque reconoció tener serios problemas para conectar con la clase media y alta, pues los empresarios y comerciantes locales simplemente no lo tragan. Aun así, Beto señaló que el mandatario estatal ya le dio luz verde: “¿Sabes qué me dijo? Que sí, que le diera para adelante, y eso es lo que estoy haciendo”.
El matamorense también presumió una excelente relación con la cónsul de los Estados Unidos y otras autoridades norteamericanas. Afirmó que el retiro de su visa estadounidense y aquel interrogatorio de varias horas en la frontera fueron producto de un simple malentendido sin importancia.
Sin embargo, en la mesa le recomendaron que, si de verdad tiene tan buenos nexos en el consulado, use ese apoyo para solucionar sus problemas con migración y las agencias policiales del vecino país.
En la hora de la presunción, Beto considera que no necesita ayuda externa; piensa que el cobijo de la 4T le basta para ser candidato otra vez.
Parece olvidar el pequeño detalle de que dos de sus amigos cercanos —uno de ellos excolaborador suyo y el otro esposo de una funcionaria que aún pertenece a su gabinete— terminaron tras las rejas.
Granados insiste en que todo es pura casualidad, bajo el desgastado argumento de que uno ya no trabajaba ahí y que él no puede responder por las conductas de sus amistades.
Si los detuvieron con cargamentos de cocaína, para él es una coincidencia ajena a la realidad de Matamoros, donde jura que lo adoran.
En Madero, el alcalde Erasmo González Robledo aplica la misma fórmula: apuesta todo a la reelección creyendo que la tiene en la bolsa. Al igual que Beto, presume haberse entrevistado con el gobernador para recibir el visto bueno y salir a cacarear el huevo.
Cuenta también una encuesta que supuestamente lo coloca en el primer lugar de popularidad entre todos los alcaldes de Tamaulipas. Para Erasmo, los problemas críticos de Madero no son su culpa; afirma que los casi 200 socavones en la ciudad son responsabilidad de la Comapa de la zona conurbada por hacer reparaciones de mala calidad.
Fiel al guion de la inmunidad, González Robledo jura no tener relación con las investigaciones del huachicol fiscal y sus miles de millones de pesos en ganancias, aunque reconoce abiertamente su vieja amistad con Sergio Carmona, el ejecutado rey del contrabando de combustible.
Si entrevistamos al resto de los alcaldes en funciones, cantarán la misma canción: merecen quedarse tres años más porque el pueblo los respalda, porque cumplen con la “trayectoria impecable” que exige Morena.
Esto me recuerda a un joven empresario de Madero con negocios en Playa Miramar que, hace tiempo, decía emocionado que visitó al exgobernador Egidio Torre Cantú en San Pedro Garza García para pedirle la candidatura a una diputación federal. El muchacho me presumió: “¡Me dijo que sí, que la buscara!”. Mi respuesta fue simple: “A todos les dice lo mismo”.
Algo idéntico ocurre hoy en el tercer piso de Palacio de Gobierno. Cada alcalde que se acerca a buscar la reelección recibe la misma palmadita en la espalda: “Claro que tienes mi apoyo”.
Sin embargo, las reglas de Morena tendrían que ser inviolables; si no las aplican para limpiar la casa, las terminarán imponiendo desde Estados Unidos. Al final, el discurso de la “no injerencia” chocará de frente con la cruda realidad del país y la misma canción desentonada.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
Adiós y aguas con los patinazos…
EL PATINADERO
LIC. JUAN ANTONIO MONTOYA BAEZ
LIC. JUAN ANTONIO MONTOYA BAEZ
