La otra fiesta

Eduardo Pacheco
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Maremágnum
Por Mario Vargas Suárez

Durante varias décadas hablar de la fiesta de aniversario del partido, era referencia obligada citar a hombres y muy raras veces a mujeres de la política nacional -o local- con quienes muy raramente el vulgo, el pueblo, la plebe, los ciudadanos, podían convivir o por lo menos intercambiar algunas palabras.

Los hombres y muy pocas mujeres del partido que eran ‘privilegiados’ por los cargos donde se desempeñaban como funcionarios del partido o de alguno de los tres niveles de gobierno, estaban muy lejos de la ciudadanía, excepción hecha claro está de las épocas de campañas electorales.

Que un mexicano o mexicana se acercara al funcionario municipal, estatal o federal era una odisea y cuando lo lograba, se podía catalogar como un triunfo, por los múltiples filtros que el mismo sistema les imponía.

Fundado el 4 de marzo de1929 por el expresidente, líder del grupo Sonora, General, Plutarco Elías Calles, nació el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que en 1938 fue reformado con el nombre de Partido de la Revolución Mexicana (PRM), para que en el gobierno del general Manuel Ávila Camacho, en 1946 fuera refundado como Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Las Otras Fiestas eran celebraciones casi nacionales, donde la abundancia del poder atraía a artistas de todos los géneros que alagaban a los políticos de la gran familia revolucionaria que gobernó a los mexicanos desde 1930 hasta el año 2000, que por primera vez en la historia del partido, perdió la presidencia de la república.

Sin embargo, la hecatombe del PRI hizo crisis en 1988, cuando un grupo de militantes, donde destacaron figuras como la de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Porfirio Muñoz Ledo, líderes de la Corriente Democrática del PRI, y que derivó en la creación del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (FCRN) y más tarde el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

La debacle del PRI se empezó a escribir desde la fundación del PRD cuando ganan al todo poderoso Tricolor el gobierno de la Ciudad de México, que por cierto, no han recuperado.

En las elecciones pasadas, las presidenciales del 2018, el Revolucionario Institucional se convirtió en la tercera fuerza política nacional, con apenas el 13% de los votos emitidos. Aunque no solo perdieron la presidencia de la República, sino que el Congreso de la Unión tiene apenas 47 de los 500 Diputados federales y 14 de los 128 Senadores de la república.

Por si fuera poco, hacia el mes de diciembre del año pasado, el PRI solo tiene la gubernatura de Campeche, Coahuila, Colima, Guerrero, Hidalgo, Estado de México, Oaxaca, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.

Según el propio censo del PRI, en agosto de 2017 reportó a 6 millones 368 mil 763 militantes afiliados. Número que ha ido mermando, pues el triunfo del tabasqueño en las urnas del 2018, menguó la filiación tricolor para inflar los números en el nuevo partido en el poder.

Las celebraciones de aniversario del PRI este 2019, se vivieron en dos tonos: obscuras y muy opacas, no hubo banquete ni ‘rabón’ y en algunos casos fue suficiente un pastel doméstico. Aunque con toda la verdad del mundo, hay municipios donde la misma sede del Tricolor ya no existe.

Los nuevos Morenos, antes Tricolores, ni se acordaron del que fue su partido, porque dan por hecho que el PRI se refundó con otro nombre y con hombres de la vieja Corriente Democrática.

En el 90 Aniversario del PRI dice que se renueva y se proyecta al futuro, según la sobrina del expresidente Carlos Salinas de Gortari, convertida en Presidenta del PRI Nacional, Claudia Ruiz Massieu, cuando presidió la sesión solemne del Consejo Político Nacional.

Según la hija del asesinado Francisco Ruíz Massieu, dijo que “…el PRI, de donde mi padre fue Secretario General, llega a las nueve décadas con unidad y firmeza, con la unidad para resistir la tentación de la inmediatez, y con la firmeza para alejarnos del cambio sin dirección”.

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