La venganza de Moctezuma…
o más bien, de Daniel Peña
-En el 2018, Daniel Peña bloqueó a Ramon
-No perdona, que en el 2004 lo arrasó
Tiempo de opinar
Raúl Hernández Moreno
En la política no siempre se compite para ganar. A veces perdiendo se gana. Otras, se compite sabiendo que se va a perder, pero la competencia es para arruinar a otro.
En el 2018, Ramón Garza Barrios fue invitado por Morena a ser candidato a la presidencia municipal, al cuarto para las doce, luego de que la familia Deándar y el propio candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, fracasaron en su intento por convencer a Carlos Canturosas para que aceptara la candidatura.
AMLO lo invitó públicamente, en un acto masivo, ante más de tres mil personas, en la explanada de la Independencia, pero Carlos no aceptó, porque traía pleito con el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, que lo exilió cinco años.
Sin un equipo armado, sin dinero, con un partido que no existía – en su debut, en el 2015, Morena obtuvo 2 mil 333 votos y el ganador, el PRI, arrasó con 56 mil 350- Ramón aceptó el reto y Morena dio el salto de los 2 mil 333 votos de su última elección, a 49 mil 536 y quedó en segundo lugar.
Esa elección la ganó Enrique Rivas, del PAN, con 59 mil 025 votos y quien lo hizo ganar fue Daniel Peña, del PRI, que quedó en tercer lugar con 39 mil 099.
Daniel no compitió en el 2018 para ganar. Lo que él buscó es que no ganará Ramón Garza Barrios, porque no le perdona que, en el 2004, cuando ganó la alcaldía por el PRI, obtuvo 46 mil 935 votos, en tanto que Ramón Garza Barrios, compitiendo por la diputación del distrito XI, logró 42 mil 796 votos, cuatro mil 100 menos que Daniel, con la diferencia de que Daniel hizo campaña en toda la ciudad y Ramón en la mitad.
En el Distrito XVI, Carlos Montiel Saeb obtuvo 21 mil 366 votos y sumando los de Ramón, en conjunto consiguieron 64 mil 162, 18 mil más que Daniel, confirmación de que en esa elección los candidatos a diputados hicieron ganar al que iba en la alcaldía.
Daniel Peña no superó el hecho de que Ramón fuese mejor candidato que él y en el 2018 vino su venganza.
En el 2018, Daniel Peña hizo una campaña floja, deslucida, con escaso proselitismo y puso en marcha lo que él llamó “campaña de redes afectivas”, para lo cual se integraron listas de militantes que invitaron a familiares, conocidos, compañeros de trabajo, vecinos, para promover al candidato y comprometerse a salir a votar.
Al no hacer una campaña de verdad, era imposible que el PRI ganara, pero en cambio le quitó votos a Morena y consiguió el objetivo de arruinar a Ramón. Se vengó de lo que él considera la afrenta del 2004.
En el 2018, Ramón también ayudó al triunfo de Américo Villarreal Anaya, que compitió por la senaduría y aquí en Nuevo Laredo consiguió 53 mil 356 votos, mil más que el PAN que se quedó con 52 mil 224.
Sin la presencia de Ramón en las boletas electorales, la votación de Américo hubiera sido muchísimo menos, igual que la de Andrés Manuel López Obrador que en las campañas presidenciales del 2006. 2012 y 2018, nunca prendió en Nuevo Laredo. En las dos primeras reunió a alrededor de mil simpatizantes y en la del 2018, fue el triple, lo que para él fue una cifra tan extraordinaria que en su discurso admitió que estaba sorprendido, porque nunca antes había visto aquí tanta gente.
Y es que en ese 2018, los escurrimientos de panistas y priistas hacia Morena eran mínimos, porque lo veían como un partido belicoso. Después del triunfo presidencial voltearon a mirar a AMLO y exclamaron: ¡Después de todo está chulo, el viejo! Y le declararon su amor espontáneo, que tardó casi dos décadas en fortalecerse. Pero esa es otra historia.
