El PatinaderoJuan Antonio Montoya Báez
Las sumas que restan en Morena
La prostitución del Partido Verde Ecologista de México es un mal genético, incrustado desde su misma fundación, su negocio siempre ha sido el mismo: rentar las siglas al gobernante en turno a cambio de patrocinio y canonjías.
En Tamaulipas el guion se sigueal pie de la letra, recordamos cuando EUGENIO HERNÁNDEZ FLORES le ordenó a la dirigencia de aquel entonces hacer diputado a su compadre RENÉ CASTILLO, un panista disfrazado que, como muchos empresarios de ese sexenio, se coló a la fila dejando fuera a los militantes que llevaban kilómetros correteando la liebre con la lengua de fuera.
Históricamente, los inquilinos del tercer piso en Victoria compran la franquicia del Verde para imponer a los candidatos que les plazca, usualmente colgados del partido dominante, ayer el PRI y hoy Morena.
Por eso da risa ver ahora al líder estatal del PVEM, MANUEL MUÑOZ CANO, rasgarse las vestiduras anunciando que ya no permitirán imposiciones externas en sus alianzas.
MUÑOZ CANO tiene motivos para llorar, pero la culpa es de su propia sumisión, como cuando el Verde se quedó sin bancada en el Congreso Local porque a sus diputadas les importó un cacahuate la camiseta ecologista.
Todavía no llegaban a la primera mesa de abastecimiento de la legislatura cuando ya habían abandonado la carrera para entregarse a los brazos de Morena.
Las saltimbanquis de esta edición fueron KATALYNA MÉNDEZ, BLANCA ANZALDÚA, ANA HUERTA VALDOVINOS y SILVIA CHÁVEZ GARAY.
A esa sangría se suma el caso de MARIO “LA BORREGA” LÓPEZ, quien se trepó a la curul federal gracias a los votos verdes, pero tardó cinco minutos en pintar su raya para declararse morenista por conveniencia.
Ahora que “La Borrega” chapotea en el lodazal de sus cuentas públicas y sus filtraciones sobre el huachicol fiscal, el Verde finge demencia.
Tienen razones de sobra para rechazar alianzas con personajes que tienen una moral tan cambiante como las veletas eólicas del Parque Bicentenario.
Al final, fueron sumas que restaron: les prometieron llenar el bote de votos y terminaron entregando puro viento en una botella vacía.
Pero en la gran carpa de la 4T las sumas que restan no son exclusivas del Verde. Para muestra, la reciente gira por Tamaulipas del presidente del Senado, GERARDO FERNÁNDEZ NOROÑA.
El polémico legislador, considerado una auténtica ave de tempestades, divide opiniones: mientras unos cuantos lo idolatran, la mayoría prefiere mofarse de sus desplantes.
Coleccionista de reclamos en cada aeropuerto o plaza pública que pisa, NOROÑA es el rey de la doble moral: receta discursos de austeridad franciscana mientras viaja en primera clase, exige apretarse el cinturón, pero vacaciona en Europa y pide economizar mientras trasciende la compra de residencias.
El senador anduvo paseando su incongruencia por Aldama, Tula, Bustamante y Jaumave, dándose incluso el lujo de visitar el cenote de El Zacatón.
El error de cálculo llega cuando en la página oficial se publicó una fotografía junto a NOROÑA y el espacio de comentarios se convirtió de inmediato en un campo de batalla digital.
La inmensa mayoría de las reacciones fueron severas mentadas y reclamos negativos, un fenómeno nunca antes visto en las redes del Ejecutivo estatal.
Pero, ¿qué esperaban al exhibirse con un profesional del conflicto callejero? Placear a FERNÁNDEZ NOROÑA esperando una reacción ciudadana educada es exactamente lo mismo que pagarle cinco pesos a ALFREDO ADAME esperando recibir un mensaje de paz y buenas costumbres.
ADAME y NOROÑA son almas gemelas separadas al nacer; uno opera en la farándula y el otro en la tribuna, pero ambos son imanes de recordatorios maternales en la vía pública.
La única diferencia real es el origen del billete: el primero vive del escándalo en redes y las peleas de clanes, mientras que el segundo cobra del erario público vendiendo una supuesta pureza de izquierda.
En la víspera electoral que se avecina, Morena debería revisar mejor a quién invita a su mesa; entre los aliados verdes que los traicionan a la primera de cambio y las visitas incómodas que les incendian las redes, el saldo final es pura resta.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
Adiós y aguas con los patinazos…
