Los inexpresivos que te aman más de lo que piensas
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
¿Cuántas veces hemos deseado que nuestra pareja nos abrace sin motivo, nos consienta, nos diga al oído un “te amo” o nos recuerde lo importantes que somos en su vida? A veces no necesitamos regalos costosos ni grandes sorpresas; nos basta una caricia, un beso inesperado, unas palabras bonitas o ese abrazo que parece decirnos: “Aquí estoy, no estás solo”.
Sin embargo, no todas las personas saben expresar el amor de la misma manera. Hay quienes tienen facilidad para decir lo que sienten, quienes disfrutan demostrarlo con abrazos y besos, y también están aquellos que parecen tener las palabras guardadas bajo llave. Son personas que rara vez dicen “te amo”, que no acostumbran a ser melosas y que, en ocasiones, parecen demasiado serias o distantes.
Pero cuidado, porque detrás de ese carácter inexpresivo puede existir un corazón que ama más de lo que imaginamos.
Quizá nuestra pareja no nos diga todos los días que somos hermosos, que nos extraña o que somos lo mejor que le ha pasado. Tal vez no sea de escribir mensajes románticos, dedicar canciones o abrazarnos en cada oportunidad. Sin embargo, puede ser quien se levanta temprano para asegurarse de que no nos falte nada, quien se preocupa cuando enfermamos, quien resuelve un problema sin que tengamos que pedírselo o quien permanece a nuestro lado cuando las cosas se ponen difíciles.
A veces, el amor no llega envuelto en palabras dulces; llega en forma de acciones cotidianas.
Está en quien recuerda cómo nos gusta el desayuno, en quien revisa que hayamos llegado bien a casa, en quien se ocupa de una tarea para aligerarnos el día o en esa persona que, aunque no sepa cómo consolarnos, se queda a nuestro lado cuando estamos tristes.
Hay amores que hablan poco, pero hacen mucho.
El problema comienza cuando confundimos la falta de expresividad con la falta de amor. Porque no decir “te amo” no siempre significa no sentirlo, así como repetirlo constantemente tampoco garantiza que exista un amor verdadero. Las palabras tienen un valor enorme, pero necesitan estar acompañadas de respeto, compromiso, consideración y congruencia.
Ahora bien, también debemos reconocer algo importante: que alguien nos ame a su manera no significa que nuestras necesidades afectivas dejen de importar.
Si necesitamos escuchar palabras de cariño, recibir abrazos o sentirnos consentidos, no estamos siendo exigentes ni caprichosos. Somos seres humanos y cada uno tiene una forma particular de sentirse amado. Para algunas personas, el contacto físico es indispensable; para otras, lo más significativo son las palabras, el tiempo compartido, los detalles o la ayuda que reciben.
Por eso, en una relación no basta con decir: “Así soy yo, y si me quieres, acéptame”. También es necesario aprender a escuchar lo que el otro necesita.
Quizá nuestra pareja creció en un hogar donde los abrazos eran escasos, donde los hombres aprendieron que mostrar ternura era una señal de debilidad o donde nadie acostumbraba decir “te quiero”. Tal vez nunca tuvo un ejemplo cercano de cómo expresar sus emociones. No necesariamente significa que no sienta; quizá simplemente no aprendió a demostrarlo.
Y aquí es donde entra la paciencia, pero también la comunicación.
En lugar de reclamar constantemente: “Nunca me dices que me amas”, podríamos intentar explicar lo que sentimos: “Sé que me quieres y valoro todo lo que haces por mí, pero me hace feliz cuando me abrazas o me dices que me amas”. No se trata de obligar a nadie a convertirse en una persona completamente distinta, sino de encontrar pequeños acuerdos que hagan sentir bien a ambos.
Porque amar también es aprender el lenguaje emocional de quien comparte nuestra vida.
Y si tú eres de esas personas que aman en silencio, recuerda que tu pareja no siempre puede adivinar lo que llevas dentro. Un abrazo no te hace menos fuerte; una palabra cariñosa no te quita autoridad; decir “te extraño” no te vuelve vulnerable en el peor sentido de la palabra. Al contrario, expresar lo que sientes puede fortalecer el vínculo que tanto valoras.
No esperes a que el otro descubra tu amor únicamente a través de tus responsabilidades, tus sacrificios o tu presencia. A veces, una sola frase puede iluminar el día de alguien que necesita escucharla.
Y si eres de quienes necesitan más muestras de cariño, aprende también a mirar más allá de las palabras. Observa quién permanece, quién te cuida, quién se preocupa por ti, quién te respeta y quién está presente cuando la vida deja de ser sencilla. Tal vez descubras que esa persona que parece tan poco expresiva lleva años diciéndote “te amo” de una manera que no habías aprendido a reconocer.
Eso sí, no confundamos la inexpresividad con la indiferencia, el desinterés o el maltrato. Una persona puede ser reservada y, aun así, tratarte con ternura, respeto y consideración. El silencio emocional no justifica humillaciones, desprecio ni abandono afectivo. El amor necesita hacerse presente de alguna manera que ambos puedan reconocer y sentir.
Al final, cada pareja construye su propio idioma. Algunas se hablan con poemas y serenatas; otras, con una taza de café preparada por la mañana, una mano que busca la nuestra debajo de la mesa o un “avísame cuando llegues” que encierra preocupación y cariño.
No todos saben decir “te amo” con la voz, pero todos tenemos la responsabilidad de aprender a demostrarlo de una forma que llegue al corazón de quien amamos.
Porque quizá esa persona que hoy quisieras escuchar decirte cuánto te ama ya te lo ha demostrado cientos de veces, en pequeños actos que pasaron inadvertidos. Y quizá también sea momento de enseñarle, con amor y sin reproches, cuánto bien te hacen esas palabras que tanto esperas.
El amor no siempre se expresa como queremos, pero cuando es verdadero debe encontrar la manera de hacernos sentir queridos. Aprendamos a reconocerlo, a comunicar lo que necesitamos y a no dar por sentado el cariño que recibimos. Porque, a veces, quien menos dice “te amo” es quien más lo demuestra… ¿no cree usted?
