Por José Gregorio Aguilar
Entre padrón millonario, burlas internas y expedientes internacionales
Morena ya no es un partido, es un queso Oaxaca en manos de la justicia: cada hebra que se deshila revela un nuevo expediente, una nueva acusación o un nuevo personaje que parece salido de una tragicomedia política.
Ramiro Ramos Salinas, ex dirigente estatal del PRI, lo resumió con mordacidad: “El proceso de elección de la dirigencia de Morena está más enredado que un queso Oaxaca, traen acusaciones internacionales y nacionales de vínculos con el narcotráfico, tienen un gobernador señalado… y lo están solapando”. La frase retrata el caos: un partido que presume pureza mientras carga expedientes judiciales activos en Estados Unidos.
Pero eso no es todo, subrayó el ex diputado, la dirigencia nacional llega Ariadna Montiel Reyes, bautizada como la “mujer del billón de pesos”, con un padrón de beneficiarios que más que política social parece la chequera electoral rumbo a 2027. El contraste es grotesco: mientras se habla de justicia, el padrón se convierte en botín.
El guion se vuelve farsa cuando Rocha Moya impone a una gobernadora de la cual él mismo se burló en público. Morena se enreda en sus propias contradicciones: se ríe de sus cuadros y luego los coloca en puestos clave, como si la humillación fuera requisito de ascenso.
Por si fuera poco, abundan funcionarios municipales y estatales señalados por presuntos vínculos con el narcotráfico. Las investigaciones hablan de conspiraciones para facilitar el tráfico de drogas a cambio de protección institucional. El partido que prometió ser distinto hoy carga con el descrédito de gobiernos locales que administran mal y protegen peor.
“Morena es un fracaso como partido y es un fracaso como gobierno, lo mejor es que ya dejen a los expertos a manejar este país”, soltó Ramos Salinas, con ironía que suena más a epitafio político que a crítica pasajera.
Para terminar, el experimentado priista enfatizó que lo más lamentable es que en medio de este circo están los mexicanos: atrapados entre un TMEC que no se negocia porque Marcelo Ebrard anda gestionando embajadas para su hijo, y una administración que se debate entre la presión de Estados Unidos y la lealtad interna al partido. El queso Oaxaca se sigue deshilando… y cada hebra revela más caos que proyecto
