NICOLÁS SE CAYÓ DE MADURO

Eduardo Pacheco
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Victoria y Anexas
Ambrocio López Gutiérrez
NICOLÁS SE CAYÓ DE MADURO
Todos los medios de todos los continentes nos han dado todas las versiones acerca del secuestro del presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Se puede o no estar de acuerdo con la actuación del detenido mandatario latinoamericano pero se necesita padecer ceguera mental para aceptar las razones del presidente de los Estados Unidos. Avaricia puede ser el concepto que mejor define los argumentos del imperialismo norteamericano cuyo actual jefe vocifera: vamos a recuperar nuestro petróleo (como una persona profesionista que recuerda de pronto que alguien le ganó sus canicas en la primaria y utiliza todos sus recursos para tratar de que se las devuelvan).
Mientras Donald Trump asaltaba la residencia presidencial de Caracas en su cruzada contra los narcotraficantes terroristas, la armada China realizaba maniobras en las costas de Taiwán cuyo territorio pretenden recuperar y los soldados rusos continuaban presionando a Ucrania para que les devuelva varias regiones que, al igual que otras repúblicas ahora independientes, pertenecieron a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Los amigos del régimen venezolano gestionan la participación de la ONU, la OEA y otros organismos multilaterales para detener la furia del imperio pero las bestias rubias de Filadelfia (como los llamaba Neruda) parecen dispuestos a ir con todo contra los que se opongan a los designios de la mayor potencia del mundo.
Trump es el principal responsable de la enésima agresión armada contra un país latinoamericano, sin embargo, no es el único, porque Nicolás Maduro Moro cometió el pecado de hacerse el indispensable reeligiéndose cundo las encuestas previas mostraban un serio desgaste de la corriente fundada por Hugo Chávez. Al igual que el boliviano Evo Morales, la argentina Cristina Fernández, el nicaragüense Daniel Ortega, el brasileño Lula Da Silva y otros próceres de la izquierda (en diversos matices) el venezolano hoy preso tuvo sueños de eternidad. Nada le enseñaron los años, cometió los mismos errores que los mandatarios antes mencionados y se cayó de maduro ante el estupor de quienes no creen que el imperialismo carece de límites.
En ese contexto, Luis Inácio Da Silva se apresuró a reconocer a la doctora Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela. El colombiano Gustavo Petro sigue retando al presidente Trump y nuestra presidenta Claudia Sheinbaum volvió a dar cátedra de política exterior sustentada en la Doctrina Estrada condenando puntualmente el intervencionismo norteamericano, recordando que en la invasión a México se engulleron la mitad de nuestro territorio. Con la cabeza Fría, como siempre, la jefa del Estado Mexicano reiteró que seguirá habiendo coordinación y colaboración en varios temas pero jamás habrá subordinación. Descartó  que la actual administración estadounidense tenga planes para intervenir militarmente en nuestra nación.
Los gobernadores, incluyendo el nuestro, respaldaron la política interior y exterior de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo. Américo Villarreal Anaya se pronunció por la solución de los conflictos internacionales mediante el diálogo. Vale destacar que la derecha mexicana no se ha manifestado masivamente en las calles para respaldar a sus congéneres pues se desalentaron con la declaración de Trump en el sentido de que Corina Machado carece de respaldo para gobernar Venezuela. El señor Donald parece no tener traumas ideológicos; prefiere que el chavismo maneje la gobernabilidad. El hipotético cártel de Los Soles fue derrotado por el poderoso cártel de Nueva York.
Correo: amlogtz@gmail.com
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