COLUMNA
Crónicas del Descaro
“Partidos con millones, páginas con migajas”.
Por José Gregorio Aguilar
Julio 06, 2026
En teoría, los partidos políticos son guardianes de la democracia. En la práctica, sus páginas oficiales en Tamaulipas parecen vitrinas de propaganda: fotos de dirigentes, boletines de reuniones, slogans reciclados. Lo que no aparece —y debería— son los informes claros de cómo gastan los millones que reciben del erario.
El PRI presume “estrados digitales” y reglamentos, pero los números brillan por su ausencia. El PAN tiene una Unidad de Transparencia con documentos que parecen sacados de un archivo histórico: auditorías viejas y nada reciente. Morena, por su parte, llena su portal de discursos sobre honestidad, pero sin un solo informe financiero estatal.
Y aquí la ironía más punzante: Morena se presenta como el partido de los principios —“no robar, no mentir, no traicionar”—, pero su nivel de transparencia digital contradice el lema. Porque ocultar información financiera es, en los hechos, una forma de mentir por omisión. Y si la transparencia es selectiva, ¿no es también una traición a la confianza ciudadana? El discurso de “no somos iguales” se desmorona cuando las páginas oficiales se parecen demasiado a las de los partidos de siempre: propaganda abundante, cuentas invisibles.
Los casos más pintorescos son Movimiento Ciudadano, Verde y PT: sus páginas locales son tan transparentes que se ven a través… porque no hay nada. Dependen de la Plataforma Nacional de Transparencia, un laberinto burocrático que pocos ciudadanos recorren.
La ironía es evidente: partidos que hablan de rendición de cuentas, pero esconden sus finanzas detrás de selfies y boletines. La transparencia digital en Tamaulipas se ha convertido en un acto de fe: hay que creer que los partidos cumplen, aunque sus páginas digan lo contrario.
Y surge otra pregunta que circula en cafés y análisis: ¿qué autoridad vigila que la ley se cumpla? El INE supervisa informes, sí, pero en la práctica nadie obliga a que los portales estatales publiquen información clara y accesible. No hay sanciones visibles, no hay presión institucional. La ausencia de vigilancia convierte la obligación legal en letra muerta. Los partidos saben que pueden llenar sus páginas de propaganda y nadie les pedirá cuentas por no mostrar números.
Mientras tanto, los ciudadanos entran buscando en qué se gastan los recursos públicos y salen con la foto del dirigente cortando un listón. Democracia de cartón, cuentas invisibles y páginas oficiales que sirven más para propaganda que para fiscalización.
Si la transparencia partidista en Tamaulipas fuera un torneo de pesca, los partidos ya habrían tirado la red… pero sin peces. Porque con millones en la bolsa y páginas vacías, la democracia se queda esperando números claros. Y si Morena insiste en que “no somos iguales”, debería empezar por demostrarlo en lo más básico: publicar sus cuentas
