ExpedienteAzahel Jaramillo H.
Personajes: Maestro Blas Uvalle González
Estamos hoy a pocos días del aniversario del fallecimiento del un destacado tamaulipeco, el maestro Blas Uvalle González, uno de los impulsores, en el siglo 20, más esforzados en el fortalecimiento de la educación. Nació en Jaumave en abril de 1919.
Vale decir que el mejoramiento de la educación siempre fue su bandera en diversos frentes: en la presidencia de la Sociedad de alumnos ejerciendo el liderazgo estudiantil, en el aula impartiendo conocimientos, en el sindicato magisterial defendiendo los intereses del gremio, en la fundación de escuelas abriendo el futuro, y como funcionario público administrando recursos a favor del bienestar de las familias.
Siempre muy propio, siempre caballeroso, así era el maestro Blas Uvalle que yo conocí. Una frase suya que lo define es: «No bastan los conocimientos científicos y didácticos, es necesaria la emoción de enseñar».
Al contar el profesor Blas Uvalle con 20, 21 años de edad fue profesor en el puerto de Tampico. Me contó: «Tampico siempre ha sido una ciudad alegre, jacarandosa, bullanguera. En aquellos tiempos los tampiqueños entonaban la música de Agustín Lara, de Gonzalo Curiel, de García Esquivel, y tantos otros. Recuerdo que estaba de moda, entre otras canciones de Curiel, «Vereda Tropical», y casi todos la cantaban, de tal suerte que en el periódico El Mundo apareció una caricatura muy simpática. Decía una ama de casa: «Solicito sirvienta que no cante Vereda Tropical».
Blas Uvalle era un hombre que sabía tender la mano. Muchas fueron las ocasiones, que en mi condición de reportero platiqué con él en su despacho de la Dirección de Asuntos Culturales, noveno piso de la hoy llamada Vieja Torre de Gobierno. Un día a sus oficinas llegó un joven profesor. Quería una audiencia con él para pedirle unas horas de clase, llevando por toda recomendación una vieja foto en que aparecía de niño recibiendo un diploma de manos del maestro Uvalle. Obtuvo la plaza.
Les comparto que recuerdo de aquel entonces—sexenio del gobernador Ing. Américo Villarreal Guerra—yo andaba ahí de reportero– y de siempre en las mañanas se aparecía un treintañero, padre de familia, con una olla al brazo, vendiendo taquitos. Un buen día dejó de aparecerse con su olla de taquitos. Resulta que le había pedido al maestro Uvalle una plaza de conserje en una escuela. La obtuvo. Nada como la solidaridad para abrirle a otro un mejor futuro.
Como él mismo decía: «He tenido la feliz suerte de tener relación con varios gobernadores del estado: Hubo amistad con Mariano Aguilar, y Hugo Pedro González. Fui funcionario con Praxedis Balboa. Don Enrique Cárdenas, alumno nuestro en la secundaria y preparatoria, hizo un gobierno positivo. Nos dio el apoyo para la Secundaría para Trabajadores, pues donó a la escuela un terreno bien ubicado».
«El Dr. Emilio Martínez Manautou, fue mi condiscípulo en la Escuela Secundaria Normal y Preparatoria. Nos ligó la amistad que surge en el aula y el banquillo. Ya siendo gobernador tuve el honor de que me mandara a colaborar precisamente en el puesto que estamos ahora: Asuntos Culturales».
«El ingeniero Américo Villarreal Guerra fue nuestro alumno en la Escuela Secundaria y Preparatoria. Al asumir la gubernatura me distinguió con la invitación a colaborar en su administración».
Gustaba contar el profesor Uvalle que cuando tomó posesión Emilio Portes Gil como gobernador del estado, en una cena, un amigo suyo le espetó un verso: «Mi querido Licenciado, mucho le agradecería me dejara colocado en una Robaduría del Gobierno del Estado».
El maestro Blas, hombre formal y siempre muy propio. El pintor Alejandro Rosales –que había sido su alumno– me contó que un día se lo encontró en los pasillos de Palacio de Gobierno, y que de lejos, Rosales lo saludó a gritos: «¡Maestro Blas, muy buenos días!». Ante ello, con una seña el profesor llamó a Alejandro: «Óigame , ¿qué le pasa a usted?, ¿porqué me saluda de esa manera?, ¿cuándo hemos andado usted y yo, robando juntos?»
Gran persona, y gran Maestro Blas Uvalle González. NOS VEMOS.
