PRIETO CONTRA BADILLO.
LEALTAD VS. OPORTUNISMO.
Por: Luis Enrique Arreola Vidal
En política hay algo peor que perder una elección.
Perder la credibilidad.
Y Humberto Prieto Herrera hace tiempo que dejó de pelear por votos: ahora pelea contra su propio pasado.
Porque cuando las encuestas en facebook duelen, la soberbia se convierte en desesperación.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió esta semana en Reynosa.
Una encuesta pública realizada en redes sociales, con la participación de más de 700 ciudadanos, exhibió algo que en el territorio ya se comenta sin micrófono:Samuel Badillo conecta.
Humberto Prieto es un traidor que por todos lados huele mal.
Más del 90% de los participantes prefirió al Lic. Samuel Badillo como posible candidato de Morena a la alcaldía de Reynosa, mientras que el respaldo para Prieto fue marginal, incluso por debajo de otros perfiles como Marco Gallegos.
No fue una encuesta.
Fue una radiografía.
Y el diagnóstico fue brutal.
SAMUEL BADILLO: LA LEALTAD.
Aquí está la diferencia que realmente importa.
En 2018, cuando apoyar a Américo Villarreal no era una apuesta cómoda sino una convicción política, Samuel Badillo ya estaba ahí.
No desde el poder.
Desde abajo.
Desde el trabajo real.
Desde la operación silenciosa.
De ayudante.
De operador.
De chofer si era necesario.
De lo que hiciera falta.
Cuando había que construir, ahí estaba.
Cuando había que caminar, ahí estaba.
Cuando no había reflectores, ahí estaba.
No era moda.
Era lealtad.
Mientras muchos calculaban,
Samuel trabajaba.
Mientras otros apostaban al poder,
él apostaba al proyecto.
Y esa diferencia no se borra con boletines.
HUMBERTO PRIETO: EL CAMALÉON.
Del otro lado está Humberto Prieto Herrera.
El político que ha cambiado más de camiseta que un equipo de futbol en pretemporada.
En 2018 era porrista profesional de Ricardo Anaya.
Hablaba pestes de Andrés Manuel López Obrador.
Se jugaba al mil por ciento con Ismael García Cabeza de Vaca.
Defendía el proyecto de Francisco García Cabeza de Vaca como discípulo aplicado.
Era PAN.
Era anti-Morena.
Era anti-AMLO.
Era anti-Américo.
Y cuando Morena arrasó…
milagrosamente descubrió su vocación guinda.
Saltó.
Traicionó.
Se reinventó.
Y ahora pretende venderse como soldado fiel del proyecto que antes combatía.
En política como en la vida hay una regla simple: quien traiciona una vez, traiciona siempre.
EL NEGOCIO DEL PODER.
Pero el problema no termina en el oportunismo.
Empieza ahí.
Y se agrava cuando el poder se convierte en negocio familiar.
Mientras Prieto predica transparencia desde el Congreso,
la empresa familiar Humayna Construcciones —ligada a su padre y donde él mismo fue gerente— ha acumulado más de 103 millones de pesos en contratos públicos.
Obras.
Pavimentaciones.
Drenajes.
Infraestructura hidráulica.
Más de 13 contratos con gobiernos morenistas.
Con el Estado.
Con Reynosa.
Con los mismos a quienes ahora quiere desplazar políticamente.
La pregunta no es si es legal.
La pregunta es si es ético.
Y la respuesta social ya la dieron las redes.
LA NÓMINA SECRETA.
Luego vino el escándalo más incómodo.
La esposa.
La subnómina.
Los pagos.
Verónica Garza Ayala habría recibido pagos por al menos 200 mil pesos por servicios vinculados al Congreso que él controla políticamente.
Sin aparecer en nóminas públicas.
Con facturación documentada.
Con el PAN presentando denuncias.
Con el escándalo escalando a nivel nacional.
Y con Claudia Sheinbaum obligada a ordenar revisión.
El mismo hombre que exige castigo a la corrupción del pasado, hoy tiene que explicar la del presente.
La ironía no podría ser más perfecta.
EL ERROR DE MORENA.
Aquí está el verdadero problema.
Morena no enfrenta a la oposición.
Morena enfrenta a sus propios operadores.
Porque el enemigo no siempre está afuera.
A veces está adentro.
Y usa guinda.
Mandar a Humberto Prieto a pelear grandes batallas políticas ha sido como poner a un elefante borracho a bailar ballet en un campo minado.
Pesado.
Torpe.
Escandaloso.
Y dejando un rastro que ya huele hasta Palacio Nacional.
Mientras tanto,
Samuel Badillo representa otra cosa: territorio, lealtad, memoria política.
Y en tiempos donde la traición se volvió moneda corriente,
la lealtad vale oro.
LA PREGUNTA FINAL.
Reynosa tendrá que decidir qué quiere.
¿Personajes de base construidos en la lealtad y principios o un camaleón especializado en sobrevivir?
Porque una ciudad puede tolerar errores.
Lo que nunca perdona
es la traición.
Y en esa boleta invisible que ya se está votando en la calle,
muchos parecen haber decidido.
Prieto no compite pierde contra sí mismo.
Compite contra su propio expediente.
Y esa, normalmente, es una elección imposible de ganar.
