Tiempo de opinar
Por Raúl Hernández Moreno

El jueves 15 nos tocó ver unos minutos del programa de noticias del periodista Juan Manuel Jiménez. Transmitía en vivo, desde la plaza Santo Domingo, frente al edificio de la SEP. Como sucede en cada emisión, la gente se acerca al reportero para salir a cuadro. Unos se colocan atrás de él, otros a un lado. No falta quien lo saluda frente a la cámara.

Mientras hablaba de la venta de facturas apócrifas que se comercializan en las calles aledañas a la citada plaza, una mujer de aproximadamente 50 años se le acercó por atrás, sin ser vista por el periodista, y le plantó un beso en la mejilla. El respondió con un gesto de agradecimiento.

Al día siguiente, Juan Manuel fue sorprendió por un hombre que se le acercó por la espalda y le dio un fuerte golpe en la cara, que lo derribó y le causo una fractura en el tabique nasal.

Al agresor no le importo quedar grabado mientras atacaba a su víctima. Y es que vivimos en un país donde persiste la impunidad y más con un Presidente que todo lo quiere resolver con sermones. Mientras no se combata la impunidad, los delincuentes se van a seguir dando vuelo.

Todo mundo tiene derecho a protestar, es un derecho consagrado en la Constitución, pero tiene que darse con orden. No se puede protestar contra la violencia con más violencia.

En otro tema, el encontronazo entre Ricardo Monreal y Martí Batres, no es más que el reflejo de lo que pasa en Morena, donde el poder les llegó tan pronto que no saben qué hacer con él.

Por eso pelean Monreal y Batres; por eso pelea Yeidnckol Polevnsky con Monreal, con Alejandro Rojas, con Mario Delgado, con todos; por eso en Nuevo Laredo pelean CCR-Heriberto con Ramón Garza Barrios, con los auto-llamados fundadores, con Gastón Herrera, con todos los grupos.

Los cambios de dirigencias nacional, estatales y distritales en Morena son una oportunidad para que el partido marque una diferencia con el gobierno federal; son una oportunidad para que en vez de ver al partido como una agencia de colocaciones, lo vean como un instrumento para ganar elecciones y para exigir resultados a los gobiernos ganadores.

Alguien podrá argumentar que pleitos hay en todos lados, hasta en las familias. Por supuesto, pero una cosa es que haya pleitos, otra que estos trasciendan.

Si Batres hubiese sido hombrecito y hubiese aceptado su derrota sin chistar, se hubiera colocado como un político serio y no como un personaje que está esperanzado a que papá AMLO interceda por él para hacerlo primero dirigente de Morena, luego senador y después presidente de Senado. Le toco perder con Monreal y eso es resultado de que le falta experiencia y capacidad frente al zacatecano.

Batres dice que Monreal está acomplejado, dizque porque sabe que no puede sobresalir frente a él. Más bien el acomplejado es Batres, porque necesita a AMLO para destacar. No puede con Monreal.
Si los morenistas quieren seguir devorándose entre sí, por lo menos debieran tener sus pleitos en privado, porque a fin de cuentas se van a resolver adentro, no desde afuera. Sin embargo, hay quienes gozan publicitando sus pugnas, como si eso los hiciera muy bravos.