Si Rodolfo no hubiera sido asesinado

Eduardo Pacheco
7 Min Read
El Patinadero
Juan Antonio Montoya Báez
Si Rodolfo no hubiera sido asesinado
En la casa ya se respiraba un clima de extrema tensión. El ambiente era denso, extraño. Mis padres estaban inusualmente al pendiente de nosotros; reforzaron nuestra seguridad y nos repetían, una y otra vez, que nos mantuviéramos alerta.
Este 28 de junio se conmemoró un año más de la ejecución de Rodolfo Torre Cantú, el entonces candidato de unidad a la gubernatura por el PRI. Lo tenía todo para ganar la elección de la manera más holgada posible; todas las apuestas e intereses jugaban a su favor y, para fines prácticos, ni siquiera enfrentaba una oposición real en las urnas.
Curiosamente, el abanderado del PAN, José Julián Sacramento, rara vez salía a las calles a realizar campaña formal; era más común ver a sus propias hijas entregando folletos y asumiendo el proselitismo.
El sistema azul se portó sospechosamente generoso: un piloto del Gobierno del Estado recuerda perfectamente haber viajado a Brownsville, Texas, cargando una maleta cuyo contenido exacto nunca conoció, aunque resultaba fácil de imaginar dada la posterior pasividad del candidato panista.
Rodolfo Torre Cantú se enfilaba a ser gobernador sin la menor duda, su triunfo iba a ser una victoria aplastante; era un candidato genuinamente popular y, además, operaba respaldado por todo el peso de la maquinaria del PRI en Tamaulipas, en aquel momento bajo el mando absoluto del mandatario Eugenio Hernández Flores.
Su violento asesinato jamás fue esclarecido, ante la tragedia y el vacío de poder, Hernández Flores tomó la apresurada decisión de entregarle la candidatura al hermano del fallecido, Egidio Torre Cantú“Tenía que hacerlo, de lo contrario hubiera terminado en la cárcel acusado por esa misma muerte”, nos confió el exgobernador en una conversación posterior.
Irónicamente, el destino lo alcanzó de todos modos: terminó tras las rejas por culpa del propio Egidio, quien años más tarde le entregó el poder en bandeja de plata al panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca, facilitando que su antecesor padeciera el calvario que tanto temía.
Rodolfo Torre hijo recuerda perfectamente el nerviosismo que se apoderaba de su hogar en los días previos al atentado. Normalmente, él le llamaba por teléfono a su padre para monitorear su ruta, saber qué hacía y calcular la hora de su regreso.
Sin embargo, un evento masivo en Tampico encendió las alarmas familiares, al marcarle, fue el encargado de la seguridad quien respondió el teléfono para intentar tranquilizarlos, asegurándoles que el candidato ya estaba por abordar el transporte de regreso a Ciudad Victoria.
Un día antes de la masacre, el joven Rodolfo y sus amigos se reunieron en una palapa para ver el partido de la Selección de México contra Argentina en el mundial; estaba a escasos días de cumplir los 18 años.
Ese día, el equipo de seguridad asignado a la familia llegó hasta la palapa, el ambiente ya era otro; el miedo flotaba en el aire y su propio padre le había pedido encarecidamente que estuviera muy atento.
—Regresé ya tardé a la casa y me fui a dormir tras ponerme de acuerdo con algunos amigos para que me acompañaran al cierre de campaña de mi papá en la frontera. Teníamos la firme intención de cruzar a McAllen para hacer algunas compras, pero todo quedó en puros planes -recuerda con nostalgia.- Estaba profundamente dormido cuando mi tía me despertó. Entró apresurada a mi cuarto para decirme que mi papá había sufrido un atentado, que estaba muy grave y que la situación era sumamente delicada.
Para un adolescente a las puertas de la mayoría de edad, la noticia fue un golpe devastador del cual es evidente que todavía no se recupera. Todos los días lo recuerda; hay jornadas donde todavía le llora en silencio, pero sigue caminando hacia adelante.
Como ahora, al recorrer las colonias de Ciudad Victoria, buscando labrarse su propio espacio en el servicio público con la mira puesta en la alcaldía o en una diputación local.
Evoca a su progenitor con un amor y un respeto profundo; un padre protector que siempre arañaba el tiempo necesario para estar con sus hijos, dándose espacio incluso para recogerlos en el colegio. Su ausencia es una sombra con la que aprendió a vivir, pero a la que jamás se acostumbrará.
Es brutalmente duro ingresar a la vida adulta de esa manera, sepultando a un padre en la cúspide de su carrera, dejando truncados decenas de planes, sueños y anhelos compartidos que hoy le toca retomar por cuenta propia.
Al preguntarle qué habría pasado si Rodolfo Torre Cantú hubiera gobernado Tamaulipas, el joven contesta sin titubear que el estado habría seguido la línea de Coahuila: un bastión donde el PRI jamás le habría entregado las llaves del Palacio de Gobierno a Acción Nacional.
Sin embargo, Egidio Torre Cantú prefirió pactar la transición con Francisco Javier García Cabeza de Vaca, aunque lo niegue, los hechos lo acusan y benefician con un escudo de impunidad reforzado por los secretos.
El «hubiera» es el tiempo verbal de los derrotados y no existe; pero no hay duda de que, con él al timón, la violenta historia contemporánea de Tamaulipas habría tomado un rumbo completamente distinto. Incluso el propio Eugenio Hernández Flores se habría librado de las garras de la prisión.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos…
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EL PATINADERO
LIC. JUAN ANTONIO MONTOYA BAEZ
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