Palabras libres
Construir el segundo piso exige autoridad moral: y hace falta.
Por Edgar Joel Yépez Ibarra
Imposible construir un segundo piso social sólido, humano y armonioso en nuestro México si no lo levantamos sobre la roca de una autoridad moral sustentada en la educación, la ética, el respeto y la capacidad.
Mucho cuidado: que nadie confunda mis palabras, estas representan tan solo un texto que hilvané con ideas sueltas encontradas en un rincón de la memoria en horas de la madrugada. Y en esa sucesión de ideas sueltas aparecen las palabras del político, escritor, filósofo y orador romano Marco Tulio Cicerón, cuando dijo “defender desde la función pública, solo a unos pocos, como a los amigos, es olvidarse del pueblo y construir una gran calamidad”.
No hablo en contra de las instituciones ni de las siglas partidistas. Hago referencia a lo que carecemos. El fin es reflexionar para rectificar.
Las instituciones son entes a las que hay que darles vida, sanarlas, vestirlas con agentes de auténtica autoridad moral; el verdadero reto es regenerarlas, devolverles el decoro, el brillo y la credibilidad a través de hombres y mujeres con genuina humanidad.
Estoy a favor de que la sensibilidad, la decencia y la preparación guíen la administración pública. Existen personas así, pero siguen los oportunistas y ambiciosos deteniendo la marcha de la justicia social y el desarrollo humano del país. No lo podemos negar.
Es doloroso observar que una buena parte de las personas que tienen en sus manos la responsabilidad de curar las profundas heridas de nuestra patria, la sigan dañando al convertir el tesoro público en su chequera personal.
Si anhelamos una transformación verdadera y la construcción de un segundo piso fuerte, que no se derrumbe, el único camino viable es sembrar ética y rectitud en el alma del servicio público. No hay otra opción para el progreso y una justicia pareja.
