“Teléfono móvil: prohibir es más barato que innovar”.  

Eduardo Pacheco
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CRÓNICAS DEL DESCARO.

“Teléfono móvil: prohibir es más barato que innovar”.

 

Por: José Gregorio Aguilar

En México, cuando el gobierno quiere aparentar democracia, organiza foros y consultas. El tema de los celulares en las escuelas no fue la excepción: filas de maestros, encuestas improvisadas y publicaciones en redes sociales que presumen “escuchar al magisterio”. Pero la duda es inevitable: ¿realmente se toma en cuenta lo que dicen los docentes o todo es una farsa para legitimar decisiones ya tomadas?

Los comentarios en redes lo reflejan con claridad: “como quiera hacen lo que les conviene”, “van a decir que la mayoría decidió que no se usen los celulares”, “sin registro de línea cuál celular vamos a usar”. La ironía es que la consulta parece más un trámite de relaciones públicas que un ejercicio auténtico de participación.

 

La inconformidad de los maestros

Los docentes también levantan la voz: ¿qué pasa con ellos? Si la medida los alcanza, ¿también se les prohibirá usar el celular en clase? ¿Podrán comunicarse con sus familias, atender emergencias o usarlo como herramienta pedagógica? La incertidumbre es real, porque la consulta nunca aclara si la prohibición será pareja o selectiva.

 

¿Prohibir o capacitar?

 

El argumento oficial es que los celulares distraen y afectan el rendimiento académico. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿realmente prohibirlos mejorará el aprendizaje, o sería más útil enseñar a aprovecharlos en clase? La respuesta es obvia: para integrar la tecnología se necesita invertir en capacitación docente, en plataformas educativas y en estrategias pedagógicas. Y ahí es donde el discurso se queda corto, porque prohibir es más barato que innovar.

La prohibición del celular en la escuela es como quitarle el lápiz al alumno porque dibuja caricaturas en vez de hacer la tarea: se castiga el objeto, no la falta de método.

 

El contraste internacional

 

Mientras en Finlandia los celulares sirven para resolver ecuaciones y en Suecia para leer literatura digital, en Corea del Sur se usan para programar y reforzar ciencias. En Canadá los alumnos hacen proyectos multimedia con ellos, y en Australia hasta se convierten en herramienta para actividades de campo.  Aquí, en cambio, el celular se convierte en enemigo público número uno. La narrativa oficial lo pinta como generador de violencia y distracción, cuando en realidad lo que refleja es la falta de innovación educativa. Prohibir es más barato que capacitar, y más cómodo que invertir en plataformas

La consulta sobre celulares en las escuelas parece más un acto de simulación que un ejercicio democrático. Los maestros dudan, los padres se quejan y los alumnos se resignan. La soberanía tecnológica se reduce a prohibir lo que no se sabe aprovechar. Y al final, el celular termina siendo culpable de todo, menos de la tarea

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